Por cierto, lo conseguimos. Intuyo que fuimos de las últimas en culminar el proceso de apostasía antes de que la nefasta sentencia en contra paralizara todos los procesos, al menos los inciados a través de Protección de Datos. Quizás sólo se trate de una victoria psicológica, pero no veais el gustazo que da saberse "oficialmente" fuera de su deshonroso listado y poder decir, con todas las de la ley: "Soy apóstata"
Pero se puede salir de ella. Mi novia y yo estamos en pleno proceso, en estos momentos nuestras denuncias ya están en la Agencia de Protección de Datos. Por supuesto, la iglesia (así en minúsculas, porque no se merece mi respeto) nos la denegó. Sólo es cuestión de paciencia y perseverancia.
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