¿Tiraría este perro a la basura?
Los empleados de un camión del servicio de recogida rescatan al animal de la pala trituradora
NACHO GONZÁLEZ UCELAY/SANTANDERNUEVO DUEÑO. Marcelino le dará una vida a "Pepa". / CELEDONIO
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Vaya sorpresa se va a llevar hoy uno cuando lea en el periódico que su perra -que por suerte ya no es suya- todavía sigue viva. Y si no lo lee, entonces álguien le va a tener que explicar cómo los tres empleados del Servicio Municipal de Recogida de Basuras que "hacían ruta" en su camión rescataron de la muerte al animal que él arrojó al contenedor como el que arroja unos zapatos viejos sin darle más elección que el modo de morir: ahogado en porquería o triturado con ella.
José Ignacio, Miguel y Pedro no van a olvidar la noche del miércoles. La mirada de "Pepa", como así han bautizado a la perra, se va a encargar de eso.
«Hacíamos la ruta por la calle Antonio Mendoza. No sé. Serían las diez y cuarto o diez y veinte de la noche y estábamos a mitad de calle», dice José Ignacio, que volcó un contenedor y vio caer al animal. «Ví un perro caer en la tolba y asomar entre la basura e inmediatamente Miguel y yo le dijimos a Pedro que detuviera el camión». Al oir "¿para!, ¿para!", Pedro, el conductor del vehículo, accionó desde su posición el dispositivo que detiene el "peine" -la pala trituradora que arrastra la basura a la caja interior- y esperó a que sus compañeros entraran y rescataran al can.
José Ignacio reconoce que esa perra está viva de milagro porque «podríamos haberla no visto». Es más, sabe que no hubiera sido ésta la primera vez que un perro muere así «porque no es por desgracia un hecho aislado».
A salvo
"Pepa" pudo haber terminado asfixiada entre porquería o triturada con ella si la pala se hubiera cebado con ella. Pero tuvo suerte. Acabó en el asiento delantero del camión viendo a través de la ventana cómo José Ignacio, Miguel y Pedro concluían su trabajo vaciando ataúdes perrunos.
«Cuando terminamos regresamos a la base... Tenías que vernos. La soltamos por allí, jugamos con ella e incluso sacamos leche de la máquina de café y se la dimos en un plato para beber».
Llegada la hora de tomar una decisión, candidatos para llevársela sobraron. Marcelino, todo un veterano en la empresa, lo tuvo claro: «En cuanto ví a la perra me encariñé con ella», dice. Primero le puso nombre. "Pepa". «El primero que se me vino a la mente». Y después la puso en manos de profesionales. La Clínica Veterinaria Dr. Casares, que se hizo cargo del animal aportando su grano de arena con una importante "rebaja" en la factura, a cuyo pago contribuirán todos los empleados de la empresa que lo deseen.
Politrauma
"Pepa" saldrá de ésta. Belén Casares, veterinaria, está convencida. «Tiene un traumatismo en la cabeza con hemorragia en los globos oculares y un traumatismo en la extremidad anterior izquierda que le produce cojera. Quizá le quede alguna secuela, pero con el tratamiento al que será sometida se curará. Claro que sí».
Segura de que la perra -de dos meses, quizá dos y medio- «no ha estado abandonada mucho tiempo porque un animal de estos no hubiera sobrevivido», Belén Casares calificó ayer de "salvaje" un hecho que no es por desgracia aislado: «Cuando se formó aquel problema con los perros denominados de raza potencialmente peligrosa hubo casos de personas que se desprendieron de ellos arrojándolos a la basura. Son actitudes incomprensibles, sobre todo sabiendo que hay servicios de esterilización o de recogida de animales que se pueden hacer cargo de los animales».
Con otro nombre, con otro dueño, con otra vida, "Pepa" muestra hoy la cara amable de una historia entre dos animales.