Pues vamos a alimentar un poco más el alma que con lo que estamos viviendo en el mundo buena falta que hace.
Esta historia me la contó un amigo mexicano (un chamán) y me gusta mucho, aunque esté ambientada en contextos religiosos católicos, miradlo con otros ojos y veréis que es aplicable a todo en la vida.
En una pequeña iglesia había una imagen del cristo en la cruz y un monje que acudía todos los días a rezar y le pedía encarecidamente a Jesús que le permitiera compartir su sufrimiento en la cruz, que lo amaba tanto que quería sentir lo mismo que él, no soportaba el dolor que veía en los ojos del cristo y quería liberarlo, aunque fuera unos momentos del mismo. Todos los días el monje acudía con la misma oración. Un buen día vio con asombro cómo el cristo le hablaba y le decía:
-Veo que tu fé es maravillosa y quiero premiarte por ello, por eso te permitiré que ocupes mi puesto durante un día.
El monje no podía dar crédito a lo que escuchaba. Jesús continuó:
-Sólo es necesario que no olvides lo que te voy a decir: en ningún momento y bajo ninguna circunstancia debes intervenir en lo que veas.
El monje asintió medio embobado y se dispuso a ocupar el puesto de Jesús repitiéndose mentalmente lo que él acababa de decirle.
Al poco rato llegó un hombre a la iglesia, se sentó en los primeros bancos y comenzó a rezar pidiendo por su familia. Terminó y, al salir, el monje que estaba en la cruz vio que se le había caído la cartera.
Al poco rato llegó otro hombre de condición humilde que se sentó en los primeros bancos y se puso a rezar, y en medio de su oración descubrió la cartera que había dejado su predecesor. Miró a todos lados, la recogió, la guardó y salió de la iglesia.
Acto seguido entró un hombre que comenzó a rezar en voz alta pidiendo a Jesús que lo protegiese en su próximo viaje. Mientras rezaba entró el primer hombre en la iglesia con aire agitado.
- Mi cartera, ha desaparecido mi cartera!- gritó mirando entre los bancos.
El que estaba rezando en la iglesia lo miró sin entender. De repente, el que buscaba la cartera se acercó a él y le preguntó:
-Tienes tú mi cartera? Me has robado mi cartera?
El hombre seguía mirándolo sin comprender, cuando de repente el otro comenzó a golpearlo una y otra vez llamándolo ladrón e insistiendo en que se la devolviera.
El monje, que había asistido a todos los acontecimientos siguiendo las normas que le había indicado Jesús, al entender que era una injusticia lo que allí estaba ocurriendo no pudo más y habló:
-Alto! No sigas pegándole! Él no tiene tu cartera!!
Los dos hombres se quedaron petrificados y lo miraron boquiabiertos. El monje siguió hablando.
-Tu cartera se la llevó un hombre que llegó después de ti.
Al oír esto, el hombre se fue para buscar al que se había llevado su cartera y el otro hombre se fue mirándolo aún sorprendido.
Jesús le habló y le dijo:
-No te había dicho que no tenías que intervenir bajo ningún concepto?
-Pero señor-respondió el monje-es que se estaba produciendo una gran injustica, no podía permitirlo!
-A veces-dijo Jesús-los caminos de la vida son difíciles de entender, pero para el hombre que perdió su cartera, esta no era tan importante, pues es un hombre rico cuya pérdida no supone gran cosa, sin embargo, el hombre que recogió la cartera puede alimentar a su familia durante unos días, ya que son tan pobres que pasan mucha hambre y el marinero, si tú no hubieras intervenido, el marinero estaría ahora en un hospital recuperándose de los golpes, mientras que ahora está en un barco que mañana acabará en el fondo del mar.
Bueno, esta es la historia, a veces en la vida hay situaciones difíciles de entender, pero cuando pasa el tiempo te das cuenta de que si aquello que en un principio considerabas malo para ti, no hubiera ocurrido, no habrías llegado a donde hoy estás.
Un saludo