En las televisiones de los países escandinavos, al igual que aquí tenemos un espacio de predicción meteorológica en los telediarios, allí tienen predicciones sobre Auroras Boreales. Se dice que en Laponia hay más de 200 auroras al año. Las tormentas geomagnéticas que encienden las auroras, siempre ocurren con mayor frecuencia alrededor de los equinoccios (20 al 21 de marzo y 22 al 23 de septiembre) esto es, temprano en otoño y primavera.
Los finlandeses las llaman fuegos del zorro basándose en una antigua leyenda que dice que el zorro ártico arroja las luces del norte al cielo barriendo la nieve hacia arriba con su cola.
En algunas partes de Laponia, la gente considera las Luces del Norte como el equivalente invernal de las tormentas con truenos de verano, sin embargo, las auroras boreales las produce el sol al desprender partículas cargadas de iones y que se desplazan por el espacio a una velocidad, entre 1,5 y 3 veces mayor que la del sonido. Muchísimas partículas juntas reciben el nombre de plasma y al desplazarse hacia la tierra las conocemos con el nombre de viento solar. Al acercarse este viento solar al campo magnético terrestre, muchas de estas partículas son atraídas por las líneas de la fuerza magnética que van desde un polo terráqueo al otro atravesando la ionosfera (la capa de gases que envuelve la Tierra y que se extiende entre los 60 y los 100 km. desde su superficie) cuando las partículas chocan con los gases adquieren ese brillo característico que vemos en las Auroras Polares. Los colores dependen de los gases pero siempre estarán en el espectro del rojo, verde, azul y violeta. Una noche en que se dé este fenómenos y permanezcamos viéndolo descubriremos que está cambiando constantemente debido a la interacción entre el viento solar y las líneas de la fuerza magnética.
Siguiendo la evolución de los gases de la ionosfera y las características del viento solar los astrónomos pueden predecir, con mucha precisión, la aparición de Auroras Polares aunque estas predicciones no siempre van a materializarse visiblemente, unas veces porque es de día, otras porque el cielo está nublado, sin embargo en los momentos actuales el sol está atravesando por una intensa actividad y ello propicia la aparición de Auroras Polares.
Aún recuerdo cuando pasó el cometa Halley en 1986 (regresará en el 2061) dada la contaminación lumínica que se da hoy hasta en las poblaciones más pequeñas, tuvimos que irnos a un pequeño valle de la sierra madrileña, que habíamos buscado unos días antes, para que el contraste entre la oscuridad que nos rodeaba y el resplandor del cometa nos permitiera observar con nitidez el fenómeno (desgraciadamente llovió y nos quedamos con tres palmos de narices después del desplazamientos y de la pérdida de sueño y lo peorcito de todo es que cuando vuelva a pasar ya no estaremos aquí). Pues, exactamente lo mismo ocurre con la Aurora Polar por ello hay que irse hacia el norte, a un lugar lo suficientemente deshabitado para evitar las luces de las poblaciones cercanas y... esperar que el cielo esté despejado.
Para las que tengan ocasión de fotografiar una Aurora Boreal o Austral creo que lo mejor es un gran angular (yo lo único que tenía era un objetivo de 50 mm.) con un carrete de diapositivas de 100 a 300 ASA y un tiempo de exposición, sobre trípode, de 30 ó 35 seg. Y disparador exterior de cable.
En el foro de las fotografías pongo lo que tengo que no vale nada. Lo mejor de todo es que tiré tres carretes porque la Aurora va cambiando constantemente, siempre es diferente y el resultado que yo obtuve fue bien pobre. Vivir la experiencia de contemplar una Aurora Boreal es un espectáculo inolvidable pero no todo en ellas se puede medir por su valor estético.
En Canadá en 1989 se quedaron sin corriente eléctrica durante muchas horas con el consiguiente perjuicio económico porque las tormentas magnéticas interfieren tanto en las conducciones eléctricas y en la transmisión de ondas de radio UHF como en la navegación GPS.
Las Luces del Norte han tenido infinidad de interpretaciones pero ninguna de ellas especialmente romántica. Su contemplación ha producido más pavor que satisfacción a través de los siglos. A veces se ha visto como la sangre de los mártires fluyendo hacia el cielo, como ocurrió cuando fue asesinado Tomás Becket en 1117.
El nombre científico a las Luces del Norte se le dio en el siglo XVII. Galileo ya usó el nombre de Aurora Borealis en 1616.
Hay un período de cien años que comienza aproximadamente en 1621 en el que apenas se produjeron auroras que se conoce como el mínimo de Maunder, este período terminó drásticamente con las grandiosas auroras boreales de 1716.
Perdonadme el rollo, es deformación profesional.

)