En un deporte dominado por hombres, Lynne Boyer fue conocida por surfear en las grandes y poderosas olas. La primera mujer campeona del mundo dos veces seguidas, 1978 y 1979, abandonó todo en la cima de su carrera. En esa época de éxitos, Lynne empezaba a descubrir su propia sexualidad, aunque consideró que revelar su homosexualidad, sería una distracción en la competición.
Con fuertes dolores, adicta a la cocaína y al alcohol, sólo una intensa terapia la salvó de las profundidades en las que había caído. A su vuelta se encontró una nueva pasión y una nueva pareja.

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