El otro día alguien me dijo que cada uno tiene sus necesidades..., así, sin más. Punto pelota. Parece una afirmación incuestionable, desde luego. No puedo más que callarme ante tal afirmación. Pero poniéndome a meditar sobre ello descubro que puede no serlo tanto... No somos tan distintos como para tener distintas necesidades, lo que sí es posible es que cada uno de prioridad a unas u otras en función de las circunstancias que lo envuelven..., o del precio que esté dispuesto a pagar por cubrirlas, ya que puede incluso ocurrir que determinada situación nos lleve a elegir entre una y otra necesidad porque se de una especie de colisión entre ambas. También puede ser que uno no sienta una necesidad porque aún no ha cubierto la que precede. O que la naturaleza de la misma le sea totalmente desconocida.
Un habitante de la selva amazónica te dirá sin que pueda ser cuestionado que no necesita un armario ropero. Claro, es una cosa que solo necesitas si tienes más de un modelito. Y un ciego te dirá que no necesita gafas de sol.
Sin ir tan lejos..., la cuestión puede ser muy simple: el que por naturaleza es expresivo, tiene la necesidad de expresarse, el que es honesto tiene la necesidad de mostrarse honesto, el que es inteligente tiene la necesidad de utilizar su inteligencia, o el que tiene amor propio siente la necesidad de no ser humillado. Del mismo modo una persona inconsciente no siente la necesidad de tener una explicación razonable para cada uno de sus impulsos, deseos y apetencias, o ausencia de los mismos. Y así hasta el infinito.
Y otro claro ejemplo a tener en cuenta es que si uno se siente amenazado con su verdad visible, no puede pensar en la necesidad de ser sincero y honesto, de vivir con su verdad a la luz del día, pues aún no ha cubierto la necesidad de sentirse seguro, y así ve como necesaria la mentira, …si es que elige no enfrentarse a la amenaza que siente.
También puede ocurrir que a alguien no le dañe la piedra en el zapato, y bien puede ser que resulte que no tiene sensibilidad en los pies, por más incomprensible que a ti te parezca.
Desde hace tiempo están definidas las necesidades básicas..., que proceden de nuestras condiciones vitales como seres humanos y cuando están cubiertas las más acuciantes la cosa ya se complica y hasta puede retorcerse. Sentirse satisfecho, feliz con uno mismo, en el lugar y el tiempo que ocupa, ya no depende tanto de “cómo somos”..., sino de cómo nos las ingeniamos y las decisiones que tomamos... Ese “cómo somos”, en la relación con nuestro entorno, puede influir de manera profunda en ciertas decisiones..., para bien o para mal...
Yo creo que hay que cavar para arriba, nunca para abajo... Aunque lo peor es, en este último caso, que casi nunca somos conscientes de que cavamos hacia abajo..., echándonos toda la tierra encima.
Sí, cierto, cada uno tiene sus necesidades..., pero no es ligerita ni baldía la cuestión...
¿Cuántos rodeos se pueden dar alrededor de una verdad con tal de no verla nunca? Todos los que te de tiempo mientras vives. Y un día te mueres sin que tu paisaje cambiara nunca, porque solo atravesando esa verdad que rodeas cruzas la puerta que te lleva hacia adelante. Claro que..., en ningún sitio está escrito que uno tenga que ir hacia adelante, se puede vivir cómodamente para siempre en el primer refugio que uno encontró, incluso pintando de colores las paredes de su oscura cueva hasta llegar a creer que son auténticos. Pero la artificialidad es percibida por las sensibilidades más sutiles.
Y... vivir siempre hacia adelante, ¿por qué? Es un instinto humano, no hubiéramos poblado el mundo de otra forma. Seguro que en algún momento un homínido le dijo a otro “¡dónde vas, loco!”, o algo parecido, mientras éste se disponía a salir de Africa. “¿No ves que nos comen el desierto y las fieras?”, respondería lanzándose al agua. Y quién sabe si en la inmovilidad no hubiéramos perecido como especie. Seguro que ese primero se ahogó olvidado de la historia..., pero nadie le va a robar el mérito. Luego, más tarde, otros se quedaron congelados mientras les cubría una glaciación, diciéndose a sí mismos... “pues no se está tan mal aquí al fresquito”.
Al hijo que me negué a tener..., a todos los hijos de la tierra..., no quise ofrecerte un mundo que hiciera de ti un ser humillado que retorciera quien eres, no hubiera podido soportarlo. Otros vendrán cruzando estas aguas y ganando esta batalla empezada hace tiempo y no habrá “ne-ce-si-dad” de agachar la cabeza. Metafóricamente hablando tan sencillo como “que mueran las putas y que vivan los hijos. NuncaMais hijos de puta”. Y no me refiero tanto a los hombres como a las ideas..., pero que sea otro el que sienta compasión y respeto por los hombres que portan las ideas, que yo no puedo.
“Tengo una sonrisa para regalarte, tengo mil cartas de amor..., y tengo todo el tiempo que perdí sin ver el sol...”
