A ver que os parece este pequeño relato:
La última colonia verde.
Ya eran casi las ocho de la tarde, así que, con la apatía propia de una acción rutinaria, orienté la antena receptora hacia el emisor principal a la espera de que, a la hora programada, el centro emisor reenviara el informe diario de actividades.
Y fueron las ocho, y de manera automática el receptor se activo a la espera de recibir las ondas cargadas de datos. Datos sobre la colonia, datos sobre sus habitantes, datos sobre el Consejo de Investigación, datos sobre mí, datos sobre la vida y la muerte en aquel asentamiento en mitad de ningún lugar.
La bombilla roja se encendió y el osciloscopio comenzó a golpear violentamente los laterales de la caja en la que se encontraba encerrado, señal inequívoca de que, en breve, la máquina imprimidora empezaría a succionar ese interminable rollo de papel que colgaba de uno de sus extremos. Y así fue, con la señal de prueba pude calibrar correctamente la posición de la antena, momento en el que la imprimidora comenzó a escupir letras y signos sin sentido al papel. Siempre era lo mismo. Afortunadamente la emisión de prueba duraba poco tiempo, el necesario para que todos los operadores de la red orientaran correctamente sus receptores y se prepararan para recibir la transmisión, los informes, los datos.
Con una suavidad más propia de quien acaricia a un ser querido, regulé el potenciómetro hasta que pude percibir el desagradable sonido (muy parecido al de los medidores geiger a los que tan habituado estaba) que, de alguna manera, ese montón de condensadores, resistencias y bombillas era capaz de transformar en palabras.
Informe:
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Fecha: 31 Diciembre 1.999
Colonia: Gadaia III
Posición: Vectores 35, 12, 54, 2007
Población: 422
Autoridad: Metos II
CCO: Nexus L
Prioridad: colonia botánica
Oxígeno: 23%
Nutrientes: 61%
Energía: 48%
Clasificación: Reservado
Informe:
.- Tras la recepción de los últimos resultados, el comité de investigación considera innecesario continuar con su investigación. Proceda inmediatamente a destruir el material y prepare a todo el personal de colonia Gadaia III para el traslado inminente a Nexus L para reasignación a nuevas funciones.
Metos II
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Parece que habían decidido iniciar el nuevo siglo rompiendo con todos los recuerdos que pudieran quedar del anterior, y las plantas eran el último recuerdo que aún prevalecía.
Me asomé al enorme ojo de buey situado tras la mesa del laboratorio y contemplé la oscuridad. Siempre era de noche allí, pensé.
No soportaba aquel lugar, y me gustaría ver allí a todos esos idealistas románticos y soñadores que hablaban de aquel lugar como la demarcación más onírica del universo. Aquello era la luna, y yo estaba harto de ella. De su frío, de su frialdad, de su fría oscuridad y de la frialdad de su horizonte.
Y acababa de recibir una orden clara y tajante, eliminar el último recuerdo vivo de la tierra.
No pude evitar que mis ojos escrutaran en cielo en busca de aquel pedazo de roca, ahora gris, que hacía ya más de 5 años, habíamos tenido que abandonar apresuradamente al descubrir que los residuos generados por los reactores estaban matando a la Tierra.
La habían matado, y ahora querían acabar con las pruebas de que, alguna vez, había existido.
Reunirse, hablarlo, discutirlo, razonar, todo era imposible. Metos II había tomado una decisión, y nada haría cambiar su opinión. Era uno de los problemas de depender de un cerebro electrónico, tan impasible ante cualquier factor emocional. Odiaba haber tenido algo que ver en su creación, y odiaba saber que la fórmula matemática responsable de que el cerebro electrónico computara esos datos era creación mía. Yo enseñé a esa maldita máquina a sumar.
Ésta era la última vez, las últimas flores, la última colonia, la última oportunidad, y decidí no desperdiciarla. Esta vez no.
Preparé cuidadosamente el traslado del personal, supervisando todas y cada una de las operaciones. Ayudé a las personas más adultas a empaquetar sus pertenencias, recogí suavemente las lágrimas de los más pequeños y asustados por el cambio, y verifiqué que todas las estructuras reutilizables se encontraran preparadas para ser recogidas por el módulo de construcción.
Entonces llegó el momento más duro. No me importaba destruir todas las notas, los resultados de las pruebas, las fotografías. Nada de eso me apenaba, pero no me sentía capaz de acabar con las últimas flores que quedaban en el mundo, era demasiado pedir incluso para un científico como yo.
Siete horas después llegó el último módulo de transporte, dispuesto a recoger a los 38 humanos que quedaban en el puerto de transferencia, única dependencia que aún recordaba que, hasta hace unas horas, ahí mismo había existido una colonia, Gadaia III, las últimas flores del mundo.
Al finalizar el recuento, el oficial de transporte comunicó al piloto que faltaba una persona, y que pese a ello el puerto de transferencia estaba completamente vacío. No quedaba nadie en Gadaia III.
El uranio que servía para propulsar al módulo se estaba agotando, y no encontrar a la persona que faltaba hizo pensar al oficial en un error de recuento en alguna de los transportes anteriores. Seguramente esa persona ya se encontraría en Nexus L.
El gigantesco módulo de construcción se posó sobre el puerto de transferencia, y en unos segundos empleó un complejo sistema de imanes para cargarlo.
Y así acabó, así murió la humanidad. Algo dentro de Metos II falló. Quizá el cálculo de la nueva situación resultó determinante. Ya no había plantas, y algún subprograma en su interior se despertó, recordando que las existencias de oxígeno eran finitas, y que la investigación botánica era necesaria para encontrar algún sistema capaz de generar aire respirable.
Y el cerebro electrónico enloqueció, olvidando totalmente todas las rutinas de control de la estación y las colonias dependientes. Tenía demasiado trabajo buscando una solución al nuevo e importante problema que había surgido.
Pronto los respiraderos dejaron de surtir de oxígeno, las luces se apagaron, y los gritos duraron unos minutos.
Después llegó el silencio, y solo un leve zumbido perduró durante dos o tres milenios, el tiempo que tardó Metos II en agotar las reservas de energía buscando una solución, sin llegar a ser consciente de que ya no era necesaria...
Yo, por mi parte, solo viví unas horas más que el resto de la humanidad. Con mi pesado traje de presión pude agarrarme al módulo de construcción y llegar al exterior de Nexus III justo en el momento en el que comenzó el Apocalipsis.
Tras unos minutos activé los propulsores de mi traje y en 15,3 segundos abandoné la luna. Quería volver, por última vez, a casa.
El viaje fue rápido, solo tardé unas tres horas en llegar al borde exterior de la atmósfera.
Sabía que el propulsor no podría detener mi caída libre y que estrellaría contra el suelo muriendo instantáneamente.
Un día la vida nació en el mar, así que pensé que lo más justo sería devolverle el favor, y, tras buscar la orientación correcta, pulsé por última vez el pequeño botón que activaba la propulsión al tiempo que me quitaba el pesado casco de cristal, pretendiendo ver por última vez, aunque solo fuera por una ínfima fracción de segundo, el mundo.
Mi cabeza tardó poco en explotar violentamente por el cambio de presión, pero se que mi cuerpo voló hacia el mar, quizá recordando los tiempos en los que era un niño y pasaba horas y horas nadando en él. O aquellos paseos interminables sintiendo como acariciaba sus pies.
Puede que ya estuviera muerto, pero hacía mucho tiempo que no estaba tan vivo.
Dibujé un pequeño agujero en el mar, que durante un instante se apartó cediéndome el paso, para a continuación recobrar el control de su espacio y haciéndome aparecer en la superficie y meciéndome suavemente con sus olas.
Seguro que el mar sabría cuidar de ella. Entre nosotros, no me creo nada de lo que dice la ciencia. Estoy seguro de que la vida es más inteligente que lo que dicen nuestras reglas, y apuesto a que éstas no son sino una especie de pasatiempo que ésta nos ofrece para calmar nuestras ansias por comprender lo incomprensible.
Por eso estoy tranquilo y feliz. Se que el mar cuidará de la orquídea que me acompañó durante mi último y desesperado grito a la vida. Se que el mar velará por ella, y que sin la presencia de ningún humano estúpido hablaran sobre todo lo que hicieron mal. Y empezarán de nuevo.
El mar y mi orquídea serán capaces de lo que Metos II no pudo hacer, devolver la vida a la tierra.
Besos,
David.