Llegados a este punto, vayamos por partes, que dijo Jack the Ripper.
Tras el RCP que el gran video de Casca me ha practicado y sesudiles sesiones de biblioteca, hemeroteca y todo lo que termina en -teca, voy consiguiendo, poco a poco, desenmarañar las crípticas mentes atribuladas entre las que la mía propia se encuentra y, aun no teniéndolo del todo claro, sí he llegado a una conclusión: para tratar de comprender el mundo –atribulado o no- y de comprenderme, no me queda otra salida que hacer uso del lenguaje. Entonces me acordé de Wittgenstein y de aquello que él decía: los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Claro que, también podría haber concluido en que Wittgenstein era un cretino redomado y quedarme en el todos somos iguales pero diferentes, lo mismo da, que da lo mismo. Pero el caso es que el bueno de Wittgenstein me cae simpático, y coincido con él en el hecho de que el lenguaje conforma el mundo. Por eso, Laurica, no puedo estar de acuerdo contigo en eso de que “el lenguaje no es más que un instrumento de comunicación” porque además, aunque “sólo” fuera eso… ¿te parece poco? La comunicación nos construye socialmente y, puesto que parece que el hombre es un ser social, podríamos decir directamente que nos construye, a secas. Por lo tanto, el lenguaje es un instrumento de construcción humana, de representación, de identificación, de reafirmación, de conocimiento y de re-conocimiento personal, cultural y social de todas las comunidades de homo sapiens sapiens. Es cierto que en la naturaleza existen otros sistemas de comunicación –abejas, delfines, etc.- pero ninguno tan complejo como el nuestro, ninguno que tenga la cualidad de poder hablar con él, de sí mismo, ninguno, en definitiva, que sea la tierra y la semilla a un tiempo, que conforma nuestro pensamiento.
Por eso, Barbalala, sí que creo que “pasa” algo por no tener conformado aún un lenguaje propio, porque eso implica no tener una identidad propia, ni como grupo, ni como individuo y, por lo tanto, estar desdibujado dentro de la gris amalgama idiomático-cultural de la mayoría. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que ambos “lenguajes” no pudieran tocarse o, incluso, corromperse (en el buen sentido) puesto que esto es una característica más del lenguaje, y sucede constantemente. Y quizá por esa ausencia de código propio, Barbalala, te sientas –nos sintamos- “castaña” tantas veces, dentro de la cesta de los huevos, o “huevos” en la de las castañas.
Por otro lado, alexmalt, cuando hablaba de un “lenguaje propio”, no me refería solamente al lenguaje verbal, sino también, claro está, al no verbal, que es al que Formont se refiere en su cita (gracias por el apunte). Lenguaje no verbal propio del que, por cierto, también creo que carecemos los LGTBQ.
Y bueno, en cuanto a lo de que somos como somos porque el ambiente nos ha determinado (época, país, situación económica, costumbres, etc.), me parece bien, pero no veo, Violetavall, la relación que todo ello tiene con el tema y sí, está claro, si los heteros hubiesen sido los minoritarios en esta historia, ahora habría algún hetero escribiendo estas mismas líneas que yo escribo, reivindicando un lenguaje propio o, quizá, quién sabe, ya se habría manifestado… pero el hecho de que la historia hubiese sido al revés no nos exime de hacernos las mismas preguntas y de detectarnos las mismas carencias... digo yo...