Tenemos un cerebro que está abierto las 24 horas del día. En algún momento salta la bombilla... tenemos la solución al problema presentado. Creemos que hemos dado con la idónea. Luego resulta que el resultado ni ayuda...y complica. Y eso se llama ser complicada.
Ir por el camino de la vida, supone aceptar desvíos y caminos secundarios. Porque cuando siempre viajas por la Autopista, con su asfalto firme de la muerte, con las señalizaciones oportunas, no está asegurado el viaje. Te confías y comienzas a soñar en el "cántaro de leche" y los beneficios posibles que sacarás en la secuencia prosperidad...y mientras en la carretera tan bien asfaltada con sus señalizaciones correctísimas te avisan del pedazo de curva que se aproxima... y claro se rompió el cántaro.
Y seguimos siendo complicada, porque al final acabas metida en cada camino que según reza lo popular... "ataja". Ataja lo que se dice ataja...la verdad no ataja. Siempre pendiente de los socavones y de las piedritas que se encuentran... salto aquí, me pongo allá... párate que pasa el ganado de turno, seguimos otra vez... ahora espérate que alguien desea seguir contigo... y mira por donde...me gusta que esté a mi lado. Pensamos...cuatro ojos ven mejor de dos, dos corazones tienen más fuerza que uno...cuatro manos luchan más que dos y su mirada me dice "confío en ti". Por las noches hace frío y su cuerpo está caliente. La mañana es diferente porque ella está conmigo...Y proseguimos ese viaje por el camino secundario.
Pero como todo, hay que estar siempre pendiente de los socavones. Al menor descuido acabas caminando sola otra vez. Mira que no advertir de ese agujero tan feo...
¿Entonces? Nada, seguimos caminando, a veces alegres porque el día te quiere y otras como perra abandonada porque el día ha traído consigo un pedazo de tormenta, justo encima de tu cabeza. Da igual...seguimos y llegamos al punto donde confluye la Gran Autopista, con tu camino de cabra.
Te ves en un lugar de descanso con otros viajeros. Distintos en experiencias y maneras de conducir la vida, pero iguales por la trayectoria marcada. Y es entonces cuando sacamos nuestra libreta de la sabiduría. Esa llena de tachones, nombres olvidados, fechas señaladas y advertencias en mayúsculas que nunca aplicamos cuando surge la ocasión. Damos nuestras pistas para hacer más fácil el camino a los otros... y los otros dan su versión de como hacerlo más fácil...y al final haces lo que te da la gana. Eso sí, manteniendo la prudencia de no pisar socabones ajenos, ni soñar con cuencos de leche...y adquieres a toda prisa un paraguas...por si el día vuelve a tiznar tu momento con una tormenta negra sobre tu cabeza.