Noticias / Sin categoría 29·05·2007

Concejal electo del PSE en Vitoria defiende firmemente los derechos del colectivo homosexual

Conocida es la firme defensa que hace Peio López de Munain, edil en la Corporación saliente del Ayuntamiento, de los derechos del colectivo homosexual. El último logro, la legalización de la unión de las parejas del mismo sexo frente a la oposición radical de ciertos grupos

A punto de cumplirse ya dos años desde la entrada en vigor de la legalización de los matrimonios entre parejas del mismo sexo, ¿cómo valora esa norma que supuso todo un avance de la sociedad en este sentido?

Tengo la sensación de que no se ha producido una situación de locura. Me refiero a que no creo que la gente haya ido en masa a casarse porque estaba de moda o porque parecía que todo el mundo tenía que hacerlo. No se ha producido un aluvión de bodas, por lo menos así lo he visto yo. Sí es cierto que los primeros días eran noticia e incluso venían los medios de comunicación. Pero pasado ese frenesí inicial, tampoco ha sido para tanto el revuelo.

¿Cree que esta normalización ha llegado tarde?

Más vale tarde que nunca. Tampoco creo que haya sido demasiado tarde o demasiado pronto. Quizá si hubiese sido antes, la sociedad no hubiese estado preparada para ello. Era una promesa electoral del Gobierno actual y así se hizo. Ahora, lo que toca es usar y, sobre todo, manifestar ese derecho al matrimonio que se ha reconocido para las personas del mismo sexo.

¿Qué lleva a esas parejas de tantos años a decidirse a firmar un documento que les acredita como matrimonio si no tienen que demostrar nada ante nadie?

Eso es cierto, pero lo que normalmente les preocupa a estas parejas es regularizar su situación económica. Dices, si en una pareja de personas heterosexuales una de las partes fallece, la otra tiene ciertos derechos económicos. Es más que nada una cuestión de seguridad y respaldo económico como tiene cualquier matrimonio heterosexual. Además, pasado todo este tiempo, ya se ve con más naturalidad que dos parejas del mismo sexo acudan al Ayuntamiento a casarse y en ocasiones se ven situaciones verdaderamente emocionantes.

¿Recuerda alguna de esas situaciones? Supongo que tendrá unas cuantas que contar...

Yo he casado a bastantes parejas del mismo sexo, pero me causó mucha impresión dos señoras mayores de 70 años que, después de estar toda la vida juntas, decidieron casarse. Fue un momento muy bonito y para quitarse el sombrero. En ese momento se te caen todos los esquemas. Tanto sus familiares como ellas mismas estaban totalmente ilusionadas. Parecía como si tuvieran 20 años y después de haberse escondido durante años, éste era el mejor broche de su historia de amor.

¿Cómo reaccionan las familias?

De entrada, yo pensaba que quizá iban a sucederse ciertas situaciones un tanto embarazosas o violentas. Pero la familia ya ha vivido esa relación desde siempre y saben que ese chico es el que está con su hijo, es el que le cuida cuando está enfermo, el que le ayuda y le quiere. En este sentido, todo lo que he visto ha sido naturalidad y respeto.

¿Suelen ser los padres más reacios que las madres a la hora de aceptar la homosexualidad de su hijo?

Normalmente, son las madres las más comprensivas en este sentido, ya que a los padres les importa más el qué dirán. Incluso en algunas bodas, alguno de los padres no estaba totalmente de acuerdo, pero se ha levantado correctamente tras la ceremonia, les ha dado un beso a los novios y les ha felicitado. Por mucho que una persona no lo acepte o no pueda entenderlo, es su hijo. Eso no puede cambiarlo y, mucho menos, rechazarle o dejar de quererlo.

¿Esa misma naturalidad de ver a dos mujeres o a dos hombres cogidos de la mano a la salida del Consistorio, se puede trasladar también a la sociedad actual?

Vitoria es una ciudad conservadora y pequeña, por lo que no se ve mucho por la calle a parejas de hombres o de mujeres que van agarrados de la mano. Distinto es si paseas por Madrid o por Barcelona, dos ejemplos de ciudades más grandes o, en el caso de Barcelona, más europea y cosmopolita. Si yo veo a un chico y a una chica dándose un beso no me molesta, pero sí me resulta incómodo si la cosa llega a más y ya es más descarado. Pues igualmente me pasaría si fuesen dos chicos o dos chicas. El molestarse no tiene que ver con el sexo de esas personas sino con la actitud que tengan en la calle.

¿Vivimos en una sociedad madura o todavía giramos la cabeza si vemos a dos chicos agarrados?

Las sociedades no cambian de la noche a la mañana y lleva años que cambie la mentalidad, por lo que es comprensible que todo sea lento. No debemos olvidar que han pasado menos de 30 años desde que en este país se metía en la cárcel, en la dictadura franquista, a la gente que era homosexual. Incluso ahora, en pleno siglo XXI, siempre quedan diferencias porque no es lo mismo ser gay en el barrio de Chueca de Madrid que en un pequeño pueblo de Extremadura o de Castilla, aunque tampoco tenemos que hablar de generalizaciones ni estereotipos de ninguna clase.

¿Es la sociedad la que marca, por así decirlo, a los homosexuales o son éstos los que construyen su propio gueto?

No sabemos si es la sociedad la que construye ese gueto y margina, en cierto sentido, a los homosexuales o son ellos los que buscan ese modo de autodefensa. Se mueven por sus ambientes, en su círculo de amigos hay numerosos gays y lesbianas, frecuentan todos los mismos bares o los mismos centros de reunión y ocio. Es un debate que no está muy claro.

Además de esto, actualmente hay una fuerte carga cultural en todo lo relacionado con el colectivo de gays y lesbianas. De hecho, por ejemplo, la palabra maricón se usa frecuentemente como un insulto...

Yo reivindico el uso de la palabra maricón o sarasa para referirse a un hombre homosexual ya que no considero que tenga un sentido peyorativo; otra cosa es la utilización que cada uno haga.

¿Por qué es más fácil o habitual que veamos a dos hombres homosexuales que a dos mujeres lesbianas, incluso en las revistas o programas de televisión?

Histórica y visualmente las lesbianas siempre han sido menos numerosas en relación con los homosexuales. Es cierto que vemos más hombres por la calle, en la televisión o en las revistas. Las mujeres en este sentido son más discretas que esos hombres que van en plan locas.

¿Qué opinión le merecen las declaraciones de la Iglesia en contra de los homosexuales, a los que considera poco menos que enfermos o desviados?

No me merecen ninguna credibilidad, porque mira ahora los casos de pederastia que están saliendo por todos lados y que han sido cometidos por sacerdotes o religiosos. No creo que sean los más adecuados para opinar, ya que bastante tienen con estas graves actuaciones.

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