Veréis, sé que es triste cuando el amor se acaba... Pero ¿y si nunca lo hubo? Por ser vosotras, por ser este lugar, contaré la historia completa, porque necesito un desahogo.
15 de Julio de 2003. Cumplía los 18 añitos. Llamaron a la puerta y apareció un repartidor con un ramo de rosas rojas. Todo un ramo. Por primera vez en mi vida alguien me regalaba una docena de rosas. ¿Quién? Alguien que pretendía ganarse a mi madre.
¿Lo consiguió? Un año más tarde estaba viviendo con nosotros.
- Mamá, ¿tú le quieres?
- No.
- ¿Entonces?
- No lo sé...
Mis hermanos se fueron de casa. Yo acabé yéndome también. Era una suerte que tuviese a alguien allí. Alguien que la cuidaba y la mimaba, porque él sí la quería.
Pero entonces murió mi padre. Y di brujería, di fantasmas, di aburrimiento, di la sensación de haber perdido definitivamente a uno de los hombres a los que sí había amado... Mi madre empezó a ver a ese hombre en casa como un lastre.
Quiso la suerte que además él tuviese que dejar su trabajo. Así que todos los días en casa mientras consigue que le firmen la baja por depresión, aunque motivos para deprimirse no le faltan. Y mi madre cada vez más crispada, con una persona a su lado con la que ya no tiene absolutamente ningún roce, pero que no quiere pillar las indirectas, no quiere marcharse de casa.
Mi madre no sabe cómo decírselo, así que intenta provocar el enfrentamiento, que él le reproche algo para poder decirle: "Nunca te quise y lo sabes, pero ahora ya no te soporto y quiero que te vayas".
Así que hoy ha salido sin decirle nada. ¿Y yo? Yo que ya vuelvo a vivir en casa (pero esa es otra historia) tengo que finjir que no tengo ni idea de dónde está mi madre... Y lo haré, como hacía antes siempre que la llamaba alguien con quien no quería hablar.
Simplemente me parece triste... Compartir tu vida con alquien que no quieres, acabar odiándole y que esa persona se dé cuenta y no le importe... Es triste.
Besos a todas.