Ante la insistencia de Wen me adelanto a la editora y os pongo el cuento del chat antes de que llegue la sangre al rio.
Estaba en una ciudad nueva y me apunte a unas clases de baile para conocer gente. Al principio no eran santo de mi devoción pero poco a poco fui aprendiendo y teniendo una buena relación con mi compañera en las clases. Siempre nos reíamos mucho aunque lo de bailar no se nos daba bien a ninguna de las dos.
Había pasado la mitad del curso y el profesor nos había prometido que hoy tendríamos una clase especial. Corre el rumor de que será un concurso de baile para el final del curso. El profesor así nos lo confirma y nos dice que antes de que empecemos a preparar los bailes nos dará la última clave para que un baile sea redondo. – El ochenta por ciento de un baile, es la actitud que tengamos al bailar. Se puede no dar ni una con los pasos pero si la actitud es la correcta el baile queda perfecto. Una pareja de baile debe ser como una pareja de amantes que se miran, se reconocen, se acercan poco a poco, se cogen de la mano y atraídos por un deseo inevitable se ven obligados a buscar el cuerpo de la otra persona-. Mira a la clase y nos dice venga hagan aquello que les voy diciendo acérquense a sus parejas. – Para bailar adecuadamente deben amar a sus parejas al ritmo de la música así de simple-. El profesor calla y un silencio absoluto reina en toda la clase. Nadie habla y nadie se mueve. Giro la cabeza y ahí están ella y sus ojos pero no dice nada. Por alguna razón la tensión nos ha dejado mudas mirándonos frente a frente. Algo dentro de mi se despierta sin que yo lo haya permitido. Peligro. Me agarro a la realidad y le digo: - Amar a tu pareja al ritmo de la música, eso está hecho, seremos la mejor pareja de baile de la historia-. Veo por un segundo cruzar un destello por sus ojos. Al momento empieza a reír a carcajadas y de repente siento que me aprieta la mano. Y ahí está, toda una tormenta de sentimientos y sensaciones que creía olvidados, me atraviesa como una descarga eléctrica directa desde mi ombligo a desembocar en las profundidades de mi ser. Y ahora soy yo quien aprieta su mano ante este tormento de deseo, y ella quien deja de reír y contiene la respiración. Entonces nos miramos y nos miramos, y el tiempo se desvanece. Hasta que una voz nos recupera del abismo. El profesor está junto a nosotras y dice: - esta es la actitud a la que me refería. No se olviden de tenerlo en cuenta para el concurso pues la actitud será tan valorada como la ejecución de los pasos. La clase terminó hasta la próxima-.
Desde entonces, las clases se han convertido en un infierno y en un paraíso a la vez. Mi compañera me ha devuelto cosas que creía que no volvería a sentir y a la vez me tortura sentirme así por ella. Me quemo cada vez que nos acercamos.
Le he dicho que me disculpe pero que el trabajo me impide seguir con las clases. Es mejor así, antes de perderme por completo no solo en las sensaciones que no recordaba si no también en sentimientos que no pensé que se pudiesen sentir.
Un día me llama y me dice que sabe que ando ocupada con el trabajo pero que le gustaría que aunque no pueda asistir a las clases, aun así sea su pareja en el concurso; no se entiende con su nueva pareja. No sé si por no saber decir que no o porque quería decir de todo menos no pero decido hacerlo. Seré su pareja en el concurso. Le advierto que voy a necesitar algo de ensayo y quedamos el viernes en su casa para recordar algunas cosas.
Llego a la puerta y me abre con una sonrisa. - ¿Preparada para una noche de baile intenso?-. asiento con la cabeza. Me pregunto desde cuando los nervios se hicieron fuertes en la boca de mi estómago. Vamos al salón y dice que empecemos. Da un paso hacia mi e intento alejarme pero me sujeta con las manos. Le digo que primero deberíamos ensayar los pasos, hay muchos que no recuerdo. Pero se acerca aun más a mi, me coge de las manos y noto su aliento en su oído y su voz que me dice: - Olvidas que lo más importante es la actitud, primero veamos como vamos de actitud. Siento ríos de deseos correr entre mis piernas, mi respiración acelerarse y un calor intenso mientras su aliento sigue humedeciendo mi oreja. Empieza a moverse lentamente y yo la sigo. Oigo como dice que las manos deben estar relajadas y sueltas para moverse libremente. Ahora sus manos recorren mi espalda y las mías le siguen el juego haciendo lo mismo. Me atrevo a mover mi cuerpo buscando el suyo y ella me abre el camino. Noto como sonríe. Nunca me había sentido así con nadie. Miro al suelo mientras respiro agitada y avanzo con una pierna entre las suyas. Siento el mismo calor que hay dentro de mí. Ella también jadea y su cuerpo cada vez se acerca más a mí. Se aclara la voz y susurra: - dos pasos más y tendremos que mirarnos a ver si la actitud es la correcta. Cuento uno y dos y levanto la cabeza. Siento su boca tan cerca que puedo sentir como sabe y su olor llena todo cuando alcanzo a distinguir en mitad de esa ceguera de sensaciones. Alzo la vista y veo sus ojos esperando a los míos. La miro a duras penas y digo: - la actitud parece muy buena-. Ella calla. Respiramos el mismo aire cada vez más pesado. Mi cuerpo entero suplica silencioso porque me toque y se acabe tanto dolor. Necesito sentir como me toca y volverme loca tocándola a ella. Avanzamos de nuevo y nuestras bocas se tantean entre leves roces. – Ahora si es la actitud correcta-. Y justo en el momento en que todo dentro de mí grita sin decir palabra hazme tuya y calma mi ansía. Empezamos a besarnos con apenas unos roces. Y siento en ella la misma ansiedad y ganas por dejarse llevar que siento en mi. Los roces de nuestros labios se hacen cada vez mas intensos. Su lengua húmeda llama a la puerta y la dejo abierta para que campe a sus anchas y empiezan a dedicarse a un baile perfecto. Un día cualquiera como hoy pueden suceder muchas cosas incluso acabar bailando muy de cerca tanto hasta quemarte con tu deseo más íntimo. Ella.


