EL PENSADOR
Por qué mi creador me habrá hecho estático habiendo tantas actitudes que demuestran movimiento? Por qué enfatizar una función intelectual como es el pensamiento, en vez de darme un par de alas, o un fiero gesto de guerrero?
Porque el verdadero sentido de mi existencia es un reproche, es una desesperanza, es un amor frustrado. Mi autor me quiso; puso su alma en cada golpe de cincel y me dió una profunda vida interior y el beneficio de la duda, de la meditación, la incógnita del remordimiento, y la plenitud del amor en silencio ...
Yo la amaba. Desesperadamente. Tenía todas mis ilusiones depositadas en ella. Su nívea belleza me subyugaba haciendo crecer en mí las esperanzas de compartir mis sentimientos con ella, de perpetuarnos en el mármol y en el bronce en una demostración de amor sublime, de amor eterno.
Pero sigo aquí, viendo diariamente el amor que los demás se prodigan a mis pies, preguntándome una y mil veces porqué yo no puedo amar como los demás, pero muy especialmente porqué no puedo amarla a ella.
No nos diste a elegir; de haber sido así, me hubiera aferrado a tu cincel y tu martillo para que fueran mis brazos los que rodean el torso de ella, a quién tanto quise, en vez de estar sosteniendo mi cabeza en actitud de duda.
Tal vez así mis labios hubiéranse unido a los de mi amor imposible por toda una vida, aunque fuera la vida de una estatua.
A mí me diste la tristeza de la soledad; me hiciste introvertido y quieto, y a ella la privaste de mi amor, y a mí del de ella.
El bronce es duradero. Pero si algún día me funden en un crisol, que sea en el del amor; por favor, fúndanme con ella, y permítanme reencontrarme con quien estará en mi pensamiento eternamente.