No tiene rumbo, ni destino fijo, pues son las corrientes las que mueven esta alma que cada noche navega entre el rugir del mar y el silencio de las estrellas que desde lo alto miran su que hacer.
Surca aguas turbulentas, para llegar a otras bravias o calmadas, pero siempre hacia el horizonte, como buscando una respuesta.
Arropado por un manto estrellado que lo guía y una delgada pero cálida luz que allá en lo alto vigíla sus pasos surge del mar entre mil olas para nadar con furia y avanzar con elegancia.
No tiene prisa, nadie lo espera, sin embargo rápido y raudo navega sin cesar.
No teme la oscuridad, pues la ha hecho su aliada, ya que ella lo protege de sus peligros más inminentes, y le proporciona ese segundo necesario para escapar.
Se detiene un segundo en su desesperada huida de la tormenta que desde hace unos minutos es su compañera para mirar a su alrededor, mira a izquierda y derecha por igual, se vuelve para mirar atrás y de nuevo hacia delante; mar, tan solo mar puede divisar a su alrededor.
Olas que chocan entre ellas para volver a chocar, espuma que torna blanco por un segundo ese negror que asoma ante el, y le dice que esta rodeado de mar.
Aún esta entre la tormenta, pues ve una y otra vez iluminarse el cielo ante él, como si se partiera en dos, un haz de luz blanca lo ilumina todo para después dejarlo como estaba.
Así que decide continuar nadando entre truenos ensordecedores, relámpagos incendiarios, y finas gotas de agua que le dificultan la visión.
Poco a poco ese estruendo que se escuchaba sobre su cabeza se va alejando, dejando paso a un mar que poco a poco se calma y vuelve a quedar en silencio, liso como un espejo, reflejando ese cielo estrellado que vuelve a lucir todo su explendor y le muestra la cara más amable del viaje.
Le muestra como guía, esa estrella que siempre esta ahí, la que más brilla y conoce desde que nacio. Y un foco que parece sonreirle; el cual a dejado de estar rodeado de nubes para pasar a mostrarle toda su belleza.
Navega lentamente, pues escucha como se aleja el peligro y ya no tiene prisa.
Delante suya una sombra se eleva ante el para volver a caer una y otra vez.
Mira con curiosidad aquello que sus ojos parecen ver.
¿Qué será?
Nada hacia aquella sombra que en su camino se encuentra rápidamente, como si la vida le fuera en ello, pues ahora es su centro de atención.
Su gran curiosidad puede con el, y va en busca de esa nueva alma solitaria que ha encontrado en el camino.
Mil noches a surcado estos mares, mil soles vio nacer y nunca algo así vío en tantos viajes.
Conforme se acerca, la figura cambia de tamaño para encogerse, si se aleja se agranda, su color pasa de un rojo vivo a un verde azulado, del calor al frío.
¿Qué extraño animal es aquel?, ¿Quién podrá esconderse en aquella sombra?
igesis 