La primera encuesta de opinión de alcance nacional acerca de lo que piensan los católicos sobre salud reproductiva, educación sexual, matrimonio y divorcios, homosexualidad y el involucramiento de la Iglesia en cuestiones políticas arroja resultados notables, que deberían ser examinados con detenimiento por obispos y funcionarios públicos
Una encuesta de opinión es una fotografía sobre lo que un determinado grupo de personas piensa, tomada en un momento preciso y que muestra una determinada situación. Puede ser un instrumento muy útil para saber cuáles son las inquietudes y deseos de la población entrevistada. Aunque nunca falta quien ponga en cuestión sus resultados. En todo caso, la validez del ejercicio depende en buena medida de la seriedad con que se haya realizado en términos técnicos. Al mismo tiempo, siempre hay que tener en cuenta sus límites y alcances. En suma: hay que saber que cuando se hicieron las preguntas de la encuesta fue para saber algo muy preciso y por eso están formuladas de una manera y no de otra. Por lo mismo, es importante que las conclusiones que se obtengan de una encuesta sean entendidas en sus exactas dimensiones. De allí la importancia de una buena encuesta.
Y es por ello que la recientemente publicada (en el sentido de hecha pública) “Encuesta de opinión católica en México” resulta de mayor importancia. La encuesta fue pedida por “Católicas por el Derecho a Decidir” y “Population Council”, y fue elaborada por “Estadística Aplicada”, una compañía muy seria en esta área.
La importancia de la “Encuesta de opinión católica en México” reside en que por primera vez en medio siglo en México podemos saber lo que los católicos y las católicas piensan acerca de una serie de temas seleccionados. ¿Por qué medio siglo? Pues simplemente porque hasta 1950 casi la totalidad de la población mexicana (98.2 por ciento) era católica. Sin embargo, en las últimas décadas el número de fieles de esta Iglesia ha disminuido sensiblemente, hasta llegar en el censo de 2000 a ser “únicamente” 88 por ciento.
Por lo tanto, las encuestas recientes que se hacían a los mexicanos sobre lo que pensaban respecto de una serie de temas no podían saber a ciencia cierta lo que los católicos específicamente opinaban. Se tenían que hacer inferencias, tomando en cuenta el alto porcentaje de católicos y católicas mexicanos. Por ejemplo, si se sabía que más de 70 por ciento de las mujeres mexicana en edad fértil utilizaban algún tipo de anticonceptivo, entonces se infería que un alto porcentaje de estas mujeres eran católicas. No obstante, no se podía saber a ciencia cierta hasta no analizar detenidamente el censo con el cruce de religión profesada. La “Encuesta de opinión católica en México” nos dice entonces, por primera vez con un instrumento de esta naturaleza (y con una muestra muy amplia de dos mil 328 personas, representativa a nivel nacional en zonas urbanas y rurales en México), lo que los católicos y católicas de México piensan sobre diversos asuntos, incluyendo salud reproductiva, educación sexual, matrimonio y divorcios, homosexualidad y el involucramiento de la Iglesia en decisiones políticas. Los resultados, por lo tanto, deberían ser lectura obligada para todos los obispos católicos del país (suponiendo que estén interesados en saber lo que los feligreses piensan) y en más de un político despistado, que en no pocas ocasiones suponen cosas equivocadas acerca del sentir de los creyentes.
¿Qué dice entonces la encuesta? Hay, como ya lo dije, muchas manera de leer, entender y explicar los resultados. Pero, desde mi perspectiva, los datos son contundentes y consistentes con otros respecto de otras encuestas parecidas. En términos generales, lo que muestran los resultados es que la mayoría de los católicos no están de acuerdo con muchas posturas de los obispos en materia de salud sexual y reproductiva, que desean que su Iglesia se dedique a ayudar a los más necesitados y defender los derechos humanos y que no se meta en cuestiones políticas. Al mismo tiempo, los propios católicos señalan que los funcionarios públicos, sean del Poder Ejecutivo, del Legislativo o del Judicial deben gobernar basándose en la diversidad de opiniones que existen. Sólo ocho por ciento de los católicos dicen que ellos deben gobernar basados en las enseñanzas de la Iglesia católica.
Quizás no lo va usted a creer, porque está acostumbrado a pensar que los católicos son mochos y conservadores, pero la encuesta señala que 96 por ciento de los católicos están de acuerdo en que los servicios de salud públicos, incluso hospitales, clínicas y centros de salud deberían ofrecer métodos anticonceptivos de manera gratuita y un porcentaje similar apoya la idea que el gobierno promocione el uso de condones para combatir el virus del sida. Por otro lado, 93 por ciento de católicos y católicas de México están de acuerdo también en que las escuelas públicas incluyan cursos de educación sexual y 91 por ciento que los adultos tengan acceso a métodos anticonceptivos, incluyendo pastillas, inyectables, dispositivo intrauterino y condones.
En otras materias morales, la apertura de los católicos es llamativa y muestra el enorme abismo entre lo que ellos piensan y su jerarquía. Por ejemplo, 83 por ciento (nada más de los católicos, hay que recordar) piensa que la Iglesia debería permitir que una persona se vuelva a casar después de divorciarse (ojo Fox y Martita) y que los homosexuales y las lesbianas deben tener protección legal para evitar discriminación en su vida pública y privada (ojo legisladores con la ley sobre sociedades de convivencia).
A propósito de los adolescentes, la enorme mayoría de católicos y católicas piensa también que ellos deben tener acceso a los métodos anticonceptivos. No sólo eso, sino que pensando en la educación sexual de los adolescentes y dado que en las escuelas se imparte educación sexual, 89 por ciento de los católicos piensa que se les debería informar acerca de todos los métodos anticonceptivos, mientras que sólo 11 por ciento cree que a los adolescentes sólo se les debe informar acerca de la abstinencia como forma de embarazo.
No hay tema más sensible que el aborto. Y sin embargo, 60 por ciento de los católicos y las católicas piensa que el aborto debe estar permitido en algunas circunstancias, mientras que 31 por ciento cree que debe estar prohibido en todos los casos y el resto (es decir, nueve por ciento) sostiene que una mujer debe tener derecho a un aborto siempre que así lo decida.
En suma, podríamos decir que más de dos terceras partes (69 por ciento) de los católicos está en desacuerdo con lo que la propia doctrina jerárquica establece en la materia. El acuerdo de esas dos terceras partes en la posibilidad del aborto es, por ejemplo, cuando la vida de la mujer está en peligro, cuando la salud de la mujer está en riesgo, cuando la madre tiene sida o cuando el embarazo es resultado de una violación. En suma, en la mayor parte de los casos en los que el aborto es legal en México.
Lo anterior quiere decir que las leyes mexicanas en materia de aborto están más en acorde con el pensamiento de los propios católicos que el propio magisterio del episcopado. Los legisladores y funcionarios públicos deberían estar más atentos a adaptar las leyes a este tipo de demandas o aceptación de los propios católicos. Por ejemplo, 76 por ciento de los católicos y católicas considera que los hospitales y clínicas públicas deberían ofrecer pastillas anticonceptivas de emergencia a las mujeres que han tenido relaciones sexuales por su propia voluntad, sin protección anticonceptiva, pero que quieren asegurarse de no quedar embarazadas. Y este porcentaje de aceptación aumenta a 88 por ciento en casos de violación.
Queda claro que lo que dicen y quieren los católicos no es siempre lo que dicen y quieren los obispos. No pocos políticos mexicanos hasta ahora han pensado que el episcopado es representativo del sentir y pensar de los católicos, por lo menos en este tipo de temas. Queda claro que no es así. Los obispos tienden a pensar que la Iglesia no es una democracia y que, por lo tanto, no se trata de lo que quiera o piense la feligresía. Pero en una sociedad cada vez más democrática, será difícil que puedan convertirse en verdaderos pastores, si no escuchan en forma mínima a su rebaño.
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