Error de Lectura 10#... 02-10-09
Error de temperatura. Frío al amanecer... parece que esa sensación fría, de despertar ente un laberinto de sábanas ha vuelto. Todo vuelve... o todo llega... Me he quedado mirando por la ventana entreabierta lo que mis sueños han seguido rebotando en mi cabeza, hasta que la luz me permitía distinguir con perfecta resolución, como en las fotos, qué dibujo tenía la camiseta de bebé que algún vecino había colgado en el tendedero. Una nube, un arcoiris y un Sol sobre fondo azul.
“ Luego saldrá el Sol, que aún está durmiendo”... recuerdo cuando llovía y, antes de ir al colegio, me apresuraba a calzarme las botas de plástico y me pegaba, literalmente, a la puerta del balcón para ver llover. Cuanta más agua caía, más me hipnotizaba... como ahora; es algo que no he perdido. La que no está es la voz que me decía que el Sol aún dormía... Esa camiseta tendida ha lanzado sus ondas “flashbáckticas” y me ha devuelto al balcón y a aquellas botas... Sigue haciendo fresco, pero el cielo parece que será claro esta mañana... “¿Será el cielo de Londres hoy como éste?”, me he preguntado... y ha comenzado todo a girar, a correr, a ir a demasiada velocidad...
El cielo de aquel domingo era quizás, similar al de este viernes, azul y fresco. Un domingo a horas improbables en cualquier otro lugar, aún desprendiendo olor a noche, aún con la música resolviéndose en un larguísimo fade out. Pero era ese domingo. Cámara en una mano, batido de chocolate en la otra, y tú en mi mochila recién estrenada, sabiendo que el reloj en aquel barrio, en nuestro barrio, se había parado. Me senté en un banco del parque, el que me pareció más tranquilo, y me despojé de todo lo que llevaba. Te saqué... después de tantas vueltas por la ciudad, después de tantos viajes en metro, y después de tu último paseo por esas calles que siempre has recordado con memoria fotográfica. Me costó levantarme, lo sé, pero tenía que hacerlo. Yo quería hacerlo... hacía mucho que no tenía tan claro algo, por triste que me pareciera.
Creía que flotarías, que volarías, que de repente me saludarías... pero eso sólo pasa en las películas, ¿no? Simplemente caíste... seguiste cayendo... el tiempo, ya parado en el momento en el que pisamos el parque, se paró aún más... y seguiste cayendo sobre el césped... Ví caer la última ceniza. Y volví al banco en el que mi alma ya se había instalado. Me senté y charlamos... bueno... como ya últimamente hacíamos cara a cara, la que más hablaba era yo, hasta que caías dormido y tenía que arroparte. Entonces comencé a pensar en todo lo que no te había dado... en esos besos que siempre me pedías y a los que yo les quitaba importancia y emoción... en cada vez que te emocionabas porque decías que “menos mal que estás tú” y yo buscaba un chiste fácil para quitarte esa idea de la cabeza... o en esa última noche en la que me dijiste “no te enfades conmigo” y a lo que yo no contesté... De repente, quizás por la canción que sonaba en bucle en mi iPod, me dí cuenta de que había dejado de pensar en tu dolor, en tu vacío, en tu final... y que ahora estaba anclada en lo mucho que te añoraba. Reconocerme así, sin haberme visto antes igual, abrió los grifos... y me viste llorar por mí... creo que por primera vez en mi vida... Y deseé que estuvieras... Últimamente, si veías alguna lágrima caer por mis mejillas, alguna extraña lágrima compartida -pues las privadas fueron frecuentes-, sabías que eran por ti... Pero estas no. Estas eran mías, propias... y no me importó ni que las vieras, ni que el resto de personas que nos rodeaban, las descubrieran. Por primera vez en mucho tiempo dejé que el ser yo no se convirtiera en inconveniente para ser eso... yo. Una chica paseaba a su perro y cruzamos las miradas un par de veces en una de sus múltiples vueltas al parque. Pensé en que se debía haber dado cuenta de que yo estaba allí, dejando caer lágrimas sin consuelo... y pensé en qué pensaría ella... “¿una ruptura, quizás?”. Ella y su perro, el batido de chocolate y el cielo azul, ahora con alguna nube blanca, son elementos que no quiero olvidar...
Hablamos y miramos las fotos de los viejos álbumes de la memoria... de cuando las fotos todavía se revelaban como se revelaba esa mañana... de cuando las fotos las pegabas con pegamento imedio (¿sigue existiendo?) sin orden determinado o las recortabas para que encajaran en la hoja. No sé si lo sabes, pero ya estuve nadando entre aquellas fotos. Incluso entre aquellas que nunca conocí y que se tomaron aquí mismo... o cerca... en la calle paralela, o dos más allá perpendiculares,... aquellas en las que salías cantando, con el micro en la mano... aquellas polaroids que hoy tanto me encantan. “Ojalá las hubiéramos compartido antes”, te digo en mitad de la conversación mental que tenemos... Ahora sólo me queda ir digitalizándolas, muy de cuando en cuando... como si eso sirviera para algo... cual ritual personal... Pero mira, ahora se ha puesto “de moda” sacar las viejas fotos... ¡hasta la Marta, el Daniel y la Diana me han pedido!... Ja, ja, ja... creo que sonríes... y me hace sentir mejor... porque hacía mucho que no sonreías de verdad... Sonreías por fingir la felicidad y que nos quedáramos tranquilos... pero sabíamos que no era así. La felicidad fingida es tristísima, sobre todo la tuya... pero muchas veces la necesitabas... y mira que cuando quiero soy payasa y no dejo de decir chorradas... pero muchas veces no conectábamos nuestros humores, ¿no es cierto?... Ja, ja, ja...
Creo que empecé a escuchar de nuevo el reloj... que el tiempo parado se había parado porque tenía que pararse, pero nada dura para siempre. Toca despedirse... hasta la próxima... Sé que volveré... Ahora hay algo que comparto contigo plenamente, una promesa que necesito cumplir por mí. Y volveré tal y como ese domingo llegamos... mochila, batido de chocolate, música en mis orejas y cámara “por si acaso”. Te fotografié por última vez aunque creías que no saldrías en el encuadre. Te dije “te echo de menos... te quiero”... palabras que creo que nunca te había dicho... sabías que yo era así, un poco despegada, vergonzosa emocionalmente... ¡cuántas veces me lo habrás dicho!... Creo recordar que incluso me escuché decir esas palabras en voz baja... y salí del parque...
El resto de día... no importa. Un día más... habiéndome desprendido de ti y sintiéndome más apegada a ti que nunca... habiéndote dejado pero habiéndote pegado más a mí. Me sentí mayor, me sentí crecer... me sentí bien... Gracias a ti. Y sí, aquella mañana el Sol también parecía dormido... pero frente a la National Gallery lucía brillante... Tenías razón... mientras yo me pegaba a la ventana para ver llover, tú siempre decías que el Sol saldría...
Te echo de menos... te quiero.