« Blanca y Prisca »
Blanca vivía en un alojamiento de una pequeña ciudad de provincia. Cada semana le parecía repetirse incansablemente sin preocuparse de lo que vivía dentro de ella. Repasaba de vez en cuando los cursos, que cada vez le interesaban menos, y paradójicamente, tenía notas que sobrepasaban de la media. Puede que ella intentara, sin darse cuenta, de fijarse en un objetivo, para seguir esta vida que le parecía mas larga que a cualquiera otra persona
Desde principios de trimestre, no comía más en la cantina de su establecimiento, debido a que era realmente repugnante para ella. Al principio, traía una ensalada preparada y un postre, y lo comía con sus compañeros de curso, en una sala que estaba reservada para ellos. Pero desde que había vuelto de su periodo de practicas en el extranjero, no traía más que una manzana y un yogur eso era el comienzo del fin, aunque al principio todo el mundo se burlaba, debido a que semejante era producto de su holgazanería. No le gustaba cocinar, eso era un hecho se acordaba de cuando volvía de curso, comiendo unos pasteles secos. Pero, día a día, comía cada vez menos
Una mañana, cuando había normalmente comido, (porque para ella, el desayuno era sagrado) comenzó a tener dolores de estómago e intestinales lo cual le hizo volver a su alojamiento, despues de haber avisado a sus profesores, ya que el consejo de evaluación estaba por la tarde y no quería ser mal mirada. Nada más llegar, se acostó, y a pesar de está sensación de estar siempre despierta, descansó un poco. Era ya de noche, y aún le dolía el vientre. Se sentía todavía un tanto mal. Ayunó, y llamó a Prisca, a quien amaba de todo corazon, para explicarle sobre su día.
Prisca era marroquina y esperaba la obtención de su visado desde hacía mas de ocho meses. Había conocido a Blanca por Internet. Una historia muy complicada, pero que era una verdadera objeción tanto para una como para otra. Todo un flechazo. Estaba inscrita en una universidad privada parisína desde la reapertura de los cursos escolares, pero el consulado aún no quería saber nada y cuanto más pasaban los meses, mas ellas aceptaban mal esta espera.
Después de haber hablado con su mitad, llamó a otras amigas, quienes tenían la suerte de poder por fín verse y compatir realmente su amor. Blanca no estaba celosa, pero no lo vivía bien. Se preguntaba por qué ella y Prisca tenían tantos problemas para poder verse, mientras que Vanina y Esther sólo habían tenido que esperar unos meses. ¿Si Dios existía, por qué les hacía sufrir tanto?¿ No habían esperado bastante?... Le contaban que para ellas eso tampoco estaba fácíl, que siempre tenían que esconderse. Los padres de Esther no sabían que ella y Vanina estaban enamoradas. Frente a ellos, tenían que hacer como si fueran simplemente amigas.
Por la noche, Blanca se acostó y apagó su despertador para la mañana siguiente, de tan cansada que estaba. No hubiera podido ir a los cursos y resistir todo el día. Sus dolores de vientre estaban todavía presentes. Tres cuartos de Lexomil mas tarde, y se dormiria.
Al día siguiente, se despertó por el mediodía. No quería levantarse y se quedó a tumbada en su cama. A veces sentía subidas de temperatura breves y otras veces le castañeaban los dientesFinalmente , unas horas despues se levantó. Intentó comer un poquito, pero todavía no podíasu estómago le hacía una mueca. Se preparó y se vistió como para un día normal. Para convencerse de que podía permanecer de pie, a pesar de esos vértigos que empezaban a apoderarse de ella. Sentada no se daría cuenta de eso, no estaba grave. Pero el día siguiente tenía que poder ir a su Liceo porque no tenía que faltar a la clase de Economía Derecho y sería probablemente muy dificíl.
El cuerpo de ella estaba presente, pero su cabeza veía como si todo se hubiera movido. Había probablemente escrito monumentales tonterías sobre su hoja. Pero no podía ser peor que obtener un 0 de puntuación. Cuando se levantó de su silla, para irse de la sala, estubo a punto de caer a causa de su carencia de fuerza. Llevó su copia sobre la mesa de la profesora y volvió a su alojamiento.
Para Prisca, este día era bellísimo: podría darle una sorpresa a su querida novia. Y en efecto, la semana pasada había conseguido obtener su visado, pero no le había dicho nada a Blanca, para reservarle la sorpresa de su llegada. Apenas llegada a Paris, había depositado sus equipaje a casa de su primo y había comprado un billete de tren para reunirse con ella. Ese tren había llegado a las 16h. Había estado esperando desde hacía mas de una hora, sentada a lo alto de la escalera, cerca de la puerta del alojamiento de su amada. Oyó un ruido de pasos y una persona que subía lentamente la chirriante escalera. Debía ser ella Prisca se levantó, sin hacer ruido alguno, dispuesta a acogerla, a adorarla en sus brazos. Se inclinó en la barandilla para verla: Blanca subía, mirando solamente las escaleras y cogiendo su manojo de llaves. A la última vuelta de la escalera, vió una sombra que no le era habitual. Levantó su cabeza y por fin la vió sonreía sentía su cuerpo palpitando hasta no poder más latía y lo oía hasta ensordecer sus tímpanos Quiso subir rapidamente los últimos escalones, pero su fuerza le faltaba y en movimiento brusco, no vio nada más y se sintió aspirada por el vacío
Prisca lloraba, delante de su novia alargada en el rellano del piso inferior. Blanca estaba de una palidez gravísima, de la que podía hacerle pensar su nombre. Sus ojos estaban cerrados. Estaba sonrojando. Había bajado la escalera y su nuca había tropezado cada escalón uno a uno. Apretaba todavía con su débil fuerza la mano de su novia de la que podía oír los sollozos. En la calle, el servicio móvil de urgencias médicas estaba llegando. Había sido alertado por los vecinos, quienes se amontonaban alrededor de ellas. Blanca pudó abrir un poquito sus ojos y susurró en un último respiro : « Prisca te quiero » mientras que un chorrillo de sangre empezaba a escaparse por sus labios. Su apretón se relajó. Se iba en la oscuridad, mientras que unos hombres la llevaban sobre una camilla...
Aurélie...