Hola a tod@s!:
TERCER ACTO
Desde Rusia con amor
(El material del presente acto se encuentra ya medianamente desarrollado en el post titulado "Interculturalidad amorosa". Aquí se cuenta lo mismo, algo más ampliado, y ya concluido)
Para situarnos en el tiempo, hemos de dar marcha atrás en el calendario y situarnos a mediados de este mismo verano...
Resultó que paseaba por un gran centro comercial (¡jo, lo mío son las grandes superficies!...¡menuda marujona estoy hecha!), en compañía de mi hermana y mi sobrinilla de cuatro añetes, cuando paramos a tomar unos helados en una granja-bar de esas que tienen sándwiches calientes, crêpes y goffres.
El local, pequeñito y coquetuelo, estaba regentado por cuatro chicas. De entre las cuatro, una me llamó la atención precisamente porque me parecía la más laboriosa, la más trabajadora; tanto es así que me preguntaba si no sería la dueña o la encargada.
Ella era rubia, menudilla, de ojos azul claro y piel muy clarita. Tanto es así, que un día, habiéndome detenido a tomar un refresco en el mismo sitio, una de las chicas me preguntó si yo era española.
-Sí, lo soy-le contesté.
-Es que tenemos una compañera con unos rasgos físicos parecidos a los tuyos, y es extranjera. Rusa, concretamente-añadió.
Sabía a quién se refería. Y me había llamado la atención ese detalle; no era la primera vez que me preguntaban si yo era rusa, polaca, alemana... Y es que el prototipo de española parece ser morena (de piel y cabello) de ojos negros o bien marrones... Prototipo arábigo, para entendernos.
En un principio me parecía un poco antipática, y no demasiado atractiva.
Pero he aquí que, un día que estaba sola trabajando, tras terminarme una consumición, me acerqué al mostrador y aboné el importe. Me dio el cambio, y yo, por amabilidad y simpatía le respondí:
-¡Gracias... Spasiva!-que significa igualmente "gracias", pero en ruso.
Me miró con una amplia sonrisa, con un brillo muy especial en la mirada, en sus bellos ojos azul claro, y cruzamos algunas palabras. Le expliqué lo ocurrido con su compañera como una anécdota, y me di cuenta que hablaba muy bien nuestro idioma, con un hermoso acento extranjero, pero con una envidiable pronunciación.
A partir de aquel instante ya no la volví a ver del mismo modo. No me parecía en absoluto antipática o seca. Parece que el travieso Cupido había disparado contra mí una de sus agudas saetas y había acertado de pleno... Comencé una semana en la que no podía dejar de pensar en ella: en su carita, su voz, su sonrisa... Y sobre todo, la modestia y el recato de su belleza, alejada de los patrones "yanquies" de rubia explosiva, pechugona y "devorahombres".
Esa misma semana...
Kisses for everybody!