26 de junio: MANIFESTACIÓN DEL ORGULLO GAY EN LAS PALMAS. 19:00 horas desde el principio de Mesa y López (Ed. de los taxistas) hasta el Parque Santa Catalina
Un junio más, lesbianas, gays, transexuales, bisexuales (lgtb) y aliados heterosexuales saldremos a la calle en nuestra comunidad para celebrar el Día del Orgullo LGBT. Sin embargo, este año es un tanto especial: por fin, después de más de 30 años de reivindicaciones, parece que en breve seremos testigos del principio del fin de la desigualdad legal que sufrimos en nuestro país. Si este nuevo gobierno que preside el señor Zapatero no nos defrauda, la legislación española se convertirá entonces en un referente mundial en el cumplimiento constitucional de los derechos fundamentales de los ciudadanos gays, lesbianas y transexuales. Para ello, esperamos que el gobierno ponga en marcha lo que ha prometido: modificar el Código Civil permitiendo el matrimonio a las parejas de gays y lesbianas y con ello, garantizar todos los derechos que le son inherentes, incluido el de adopción en pareja. Asimismo, esperamos que garantice la gratuidad del proceso transexualizador y se modifique la legislación sobre el registro civil para que una persona transexual pueda cambiar su nombre y sexo legal sin necesidad de haber llevado a cabo la cirugía de reconstrucción genital. Unas medidas que tan sólo reflejan una realidad que es respaldada por la mayoría de la sociedad española, especialmente por las nuevas generaciones. Según un reciente estudio de la agencia Gallup, el 61% de los españoles apoya la legalización del matrimonio homosexual -esta cifra sube hasta el 84% en los jóvenes- y el 54,1% está de acuerdo en legalizar la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Toda una lección democrática.
Pocas personas podrían haber imaginado hace treinta años -cuando ser gay o lesbiana o transexual en este país te podía llevar a la cárcel- que en tan sólo tres décadas la sociedad española iba a crecer tan rápido en valores democráticos: que las mujeres podrían ejercer en todos los ámbitos sin la tutela paterna o marital, que el divorcio sería un fenómeno asumido, que el gobierno estatal sería paritario, que un presidente de gobierno abogaría en el Congreso por el fin de la discriminación que sufren las minorías sexuales y que más de un millón de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales se manifestaría por las calles más importantes de Madrid. Pero ha sido así, a pesar de la oposición férrea de algunos sectores conservadores, liderados por la jerarquía católica y sectores del Partido Popular. La sociedad española se desborda ante esos diques, es imparable. Las ansias de libertad superan esas barreras que se van quedando obsoletas en sus argumentaciones. Y nuestra joven democracia, de modo tranquilo, va madurando.
Sin embargo, no nos equivoquemos. La igualdad legal es sólo el primer paso. La igualdad social de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, vivir sin ser discriminados en el trabajo (especialmente las personas transexuales), en la familia, sin recibir agresiones homófobas verbales o físicas, siendo visibles tanto en entornos rurales como urbanos... es una tarea ardua que nos va a tomar mucho más tiempo. Una tarea, que como la lucha contra el machismo, el racismo o la xenofobia, exige una implicación social colectiva, porque acabar con la desigualdad en una democracia es tarea de todos y todas. Para ello, es fundamental que las instituciones desarrollen campañas de sensibilización y que los agentes sociales -especialmente profesores y periodistas- reflexionen sobre su conocimiento de la realidad lgbt. El imaginario colectivo que nos alimenta está lleno de prejuicios y mentiras que es imprescindible cuestionar, porque sólo generan odio irracional. Y esas palabras cargan los bates que destruyen la convivencia pacífica.
Así pues, la agenda sigue llena. Tenemos todos que afrontar de una vez la realidad de la Infección por VIH/SIDA, promoviendo políticas eficaces de información, prevención y de investigación, y por otro lado, eliminando el estigma de las personas afectadas.
Y, por supuesto, necesitamos recuperar nuestra memoria histórica. Por un lado, dando a conocer la persecución que sufrieron gays, lesbianas y transexuales durante el franquismo, y por otro, exigiendo una compensación económica y moral a quienes fueron víctimas de tan injusta represión. Es necesario mirar hacia atrás para poder comprender el presente y crear un futuro mejor.
En ese sentido, no podemos olvidarnos en este mundo globalizado de aquellas personas que sufren torturas, violaciones, persecución o muerte en otros países por el simple hecho de su orientación sexual o su identidad de género. El gobierno español tiene un papel muy importante que cumplir dentro de la Unión Europea y en la ONU, tanto a la hora de exigir el cumplimiento de los derechos humanos en estos países como a la hora de plantear a sus socios comunitarios que la persecución por motivo de orientación o identidad sexual sea motivo para conseguir el estatuto de refugiado político, como recientemente ha ocurrido en España con nuestro compañero John Jairo Romero, activista colombiano perseguido en su país por su lucha a favor de lesbianas, gays y transexuales. La reciente detención en Marruecos de 43 activistas lgtb por la policía del país vecino cuando se disponían a constituir una organización en defensa de los derechos de las minorías sexuales es una muestra de que estas violaciones siguen presentes y cercanas.
Queremos, en definitiva, una Europa social, una Europa donde la diversidad no implique desigualdad y las personas y el cumplimiento de sus derechos sean su motor principal.
Por estos y otros motivos seguimos movilizándonos. Desde Gamá les invitamos a salir a la calle el próximo sábado 26 de junio, a celebrar que seguimos aquí y que aunque queda mucho por recorrer y mucha ignorancia por combatir, la igualdad, ahora sí, es un camino posible.
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