GAYS, LESBIANAS Y TRANSEXUALES ADOLESCENTES: ¿TIENEN CABIDA EN EL SISTEMA EDUCATIVO?
INTRODUCCIÓN
La comisión de Educación de COGAM lleva más de 5 años trabajando para que el Sistema Educativo incluya entre los valores que deben transmitirse el del respeto a la diversidad sexual.
Hoy por hoy, en la Comunidad de Madrid no todos los alumnos son iguales. Algunos, simplemente por causa de su orientación sexual, se sienten, cuando menos, ignorados, experimentan la sensación de que ese sistema educativo no tiene nada que ver con ellos, no hace referencia a sus problemas e inquietudes y, lo que es peor, ni siquiera los protege.
Este somero informe resume algunas de las experiencias recogidas por los voluntarios y voluntarias de COGAM que han estado en contacto con los adolescentes, que han compartido sus vivencias y opiniones o que, incluso, han tenido que intervenir para ayudar a algunos que estaban siendo relegados del derecho constitucional a la enseñanza. Si hay alguna conclusión que se puede extraer de este informe es que, a finales del curso 2002/03, los centros educativos de la Comunidad de Madrid no son un espacio seguro para los adolescentes gays, lesbianas o transexuales.
EXPERIENCIA DE LAS CHARLAS
En todos, absolutamente todos los institutos, los chicos y chicas aseguran que un/a joven que manifestara públicamente su homosexualidad lo pasaría verdaderamente mal: sufriría marginación, insultos, bromas, ridiculización. Muchos opinan que podría sufrir agresiones físicas. Incluso los que conocen gays y lesbianas que lo viven con cierta normalidad (hace apenas unos años eran una extraña minoría, hoy ya hay bastantes adolescentes que tienen amigos gays y lesbianas), creen que no deberían decirlo en sus institutos. Los centros escolares no son espacios seguros para lesbianas, gays y transexuales: nadie tiene la menor duda de esto.
Pocos son los alumnos que se atreven a dar el paso de reconocer ante sus compañeros su orientación gay o lésbica. Pero ni siquiera eso libra a muchos del acoso. Basta con parecerlo o con que alguien les ponga el sambenito de maricón o tortillera. A menudo, los profesores nos llaman para que acudamos a sus centros porque han constatado el sufrimiento de algunos alumnos que pasan por ser gays para el resto de sus compañeros. La situación para estos chicos y chicas o para aquellos (que los hay, y también cada vez más) que han dado el paso de salir del armario es difícil.
En un 4º de la ESO de Parla, por ejemplo, un joven afirma que si su mejor amigo le dijera que es gay, lo dejaría de lado. Otro le quita la palabra para asegurar que él le daría de hostias. Uno más, en Getafe, asegura que habría que matar a todos los maricones. Otro más, ante la pregunta de cómo reaccionaría si viera a una pareja gay o lésbica besándose en un sitio público responde que les tiraría piedras.
En ese mismo instituto de Getafe hay un alumno del que todos se ríen por su afeminamiento. Siempre hay el típico chico que es objeto de las burlas de sus compañeros por la sospecha de que sea gay: el marica de turno, según la denominación dada por un estudio canadiense en el que se volvía a constatar, por enésima vez, que la tendencia al suicidio y al fracaso escolar entre los jóvenes gays y lesbianas es entre 3 y 5 veces más alta que entre sus compañeros heterosexuales.
En un instituto, algunos alumnos negaban que hubiera insultos hacia gays y lesbianas. Tan sólo mirando por la ventana se podía constatar lo contrario; una pintada enorme presidía una de las paredes: Maricón de mierda.
En unos talleres de educación afectivo-sexual también se pudieron recabar numerosas opiniones que demuestran el rechazo visceral hacia lesbianas y gays por parte de algunos alumnos: maricones son esos que van por ahí dando por culo a los tíos feos, los respeto, pero a los que tienen pluma, no, los respeto igual que a otra persona pero no los puedo ni mirar. Estas opiniones tan virulentas, conviene destacarlo, suelen proceder de chicos más que de chicas, quienes, una vez tras otra, demuestran ser mucho más respetuosas con la diversidad. De aquí es fácil extraer que en buena parte, la homofobia tiene que ver con la construcción subjetiva de la masculinidad, marcada por el machismo y el heterosexismo.
El rechazo también es mayor hacia los gays que hacia las lesbianas, sencillamente porque ignoran la existencia de las mismas. Relacionan con frecuencia sexualidad y penetración y, por lo tanto, no conciben una sexualidad femenina en la que no intervenga el coito. Sin embargo, la negación de la existencia del lesbianismo es otra forma de homofobia. Bien es cierto que las chicas lesbianas pueden pasar más desapercibidas que sus compañeros gays porque las muestras de afecto entre mujeres no están penalizadas. Pero su sensación de invisibilidad, de faltas de referentes, de absoluta inexistencia también daña duramente su auto estima y el desarrollo de su identidad. El Sistema Escolar ahora mismo incita a lesbianas y gays a engañar, a aprender a disimular y, lo peor de todo, les enseña a negarse a sí mismos.
En los institutos, rara vez se ofrecen referentes positivos de gays y lesbianas. Los alumnos los obtienen, principalmente, de la televisión, aunque de allí puedan extraer ideas muy distorsionadas sobre la realidad gay y lésbica, y más sobre la transexual. Jesús Vázquez es el referente gay más conocido y popular. Nadie lo cuestiona: es que Jesús Vázquez le gusta a todo el mundo, homosexuales y heterosexuales (Fuenlabrada, 4º ESO). También conocen a Boris Izaguirre, sobre el cual hay opiniones para todos los gustos a causa de su pluma. Sin embargo, insistimos, no tienen conocimiento de gays o lesbianas históricos. Ni siquiera García Lorca o Virginia Wolf son identificados como homosexuales o bisexuales por la mayoría de los alumnos. Por supuesto, también desconocen los poemas homoeróticos de escritores como Shakespeare o Cernuda, por poner los ejemplos más obvios. El caso de las lesbianas es, volvemos a insistir, mucho más grave. La inmensa mayoría (excepto rarísimas excepciones) no tiene ningún referente lésbico. No conocen ninguna mujer que pueda servirles de referente, como poco, para conocer que existe la posibilidad de que una mujer quiera a otra mujer.
La ignorancia sobre la realidad gay, lésbica y transexual es tan grande que no sólo desconocen la existencia del lesbianismo, como ya hemos comentado, sino que a menudo confunden cuestiones tan diversas como travestismo y homosexualidad. También se sorprenden al conocer que existen familias formadas por homosexuales con hijos. Federico, uno de nuestros voluntarios, es padre de una adolescente. Cada vez que lo cuenta en una de las charlas, se encuentra con comentarios que ponen en cuestión sus palabras. El grado de desinformación es tan alto que no entienden que un gay pueda ser padre.
Incidiendo en la idea de que el conocimiento reduce la homofobia y los miedos, hemos podido constatar que los grupos en los que mayoritariamente conocen personalmente a algún gay o lesbiana muestran menos rechazo y prejuicios hacia las orientaciones gay y lésbica que los grupos en los que nadie ha conocido a ninguno. Y no sólo eso, sino que esas personas con amigos homosexuales se muestran más comprometidas en los debates, se hacen defensoras de gays y lesbianas frente a las agresiones verbales de sus compañeros, sin duda porque se les hace evidente que las opiniones que éstos puedan dar, no se corresponden para nada con las realidades personales que conocen.
Conviene destacar, igualmente, que en casi todas las charlas, al terminar el escaso tiempo con el que contamos, numerosas alumnas y algunos alumnos se acercan a los voluntarios para preguntar más cuestiones. En muchas ocasiones, preguntan para poder ayudar a algún amigo o amiga del que saben que es gay o lesbiana y que necesita apoyo. Ni que decir tiene que algunos de estos adolescentes que se aproximan a nosotros, hablan de sí mismos pero no pueden reconocerlo e