Gestos para la igualdad.

Leire Pajín Iraola - Secretaria de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG del PSOE. Pese a que determinadas instituciones españolas están gobernadas por personas con una visión inmovilista, conservadora e irreal de la sociedad, nuestra obligación como representantes de la ciudadanía es dar respuestas cada día, no sólo a los nuevos problemas o retos que nos plantean, sino también a aquellas viejas demandas sociales que, precisamente no se afrontan por esa fidelidad a la quietud que tienen quienes hoy ostentan la mayoría en el Parlamento. Me refiero a un viejo problema que tiene que ver con la igualdad de derechos y con el concepto de familia que tiene la derecha. Los ciudadanos y ciudadanas homosexuales, gays o lesbianas no pueden casarse, no pueden formar una familia legal, no pueden compartir la custodia de sus hijos, y además no son iguales legalmente en todo el territorio español. Si viven en comunidades o regiones gobernadas por socialistas, o por partidos progresistas, tienen derechos reconocidos como parejas de hecho. Si, para mayor desgracia, viven en comunidades gobernadas por la derecha, estos derechos directamente no existen. Ésta es la insoportable paradoja de un país cuya sociedad camina a años luz de su gobernantes, permitiendo que aquello que es absolutamente cotidiano y está normalizado en la sociedad, no sea reconocido ni lo contemple la ley. Mientras la derecha de este país siga gobernando y, por tanto, impidiendo la modificación del Código Civil en materia de matrimonio, continuaremos luchando en el Parlamento, en la calle, desde los medios de comunicación, en los ayuntamientos... Provocaremos gestos que muevan a cambios, que impliquen avances legislativos o que, sencillamente, permitan a este colectivo protagonizar ritos y tradiciones que se les están negando. Por eso creo que hay que valorar muy positivamente lo ocurrido en el Ayuntamiento de San Sebastián con la ceremonia de boda de Ernesto Gasco (concejal en Donosti) e Íñigo Alonso (concejal en Lasarte). La primera boda entre dos cargos públicos homosexuales en nuestro país oficiada en un ayuntamiento, la administración que debe ser la casa de todos. Pero éste no ha sido el único caso. Hace unas semanas se han producido hechos similares en Madrid y Valencia, donde más parejas homosexuales han realizado los trámites de solicitud de matrimonio acompañados de destacados representantes políticos de la izquierda. De nuevo, la ciudadanía se adelanta y toma el protagonismo reclamando un avance social, y recordando y reprochando al Gobierno del PP que su dejadez de responsabilidad, su ausencia de gestión, mantiene en una situación de continua desigualdad a una parte muy importante de nuestra sociedad. El Gobierno del PP, a través de su portavoz, ha sido refractario a estos gestos, los ha tachado incluso de folclóricos o esperpénticos, ignorando que si estos ciudadanos pudieran acceder al matrimonio en igualdad de condiciones como ocurre en otros países de la Unión Europea, no tendrían que recurrir a determinadas fórmulas para reivindicar lo que les pertenece. La sociedad civil organizada es capaz de imaginar nuevas formas de presentar sus reivindicaciones para traspasar la barrera mediática que en nuestro país muchas veces impone el propio Gobierno. No es de recibo que cuando la reivindicación de un derecho se sale de lo común y llega a la opinión pública dejando en evidencia a un Ejecutivo conservador y antiguo, éste responda con insultos y desprecios. Que a día de hoy esta situación de desigualdad se mantenga responde a una clave política muy evidente por parte del Gobierno del PP. Cuando se les pregunta por qué no han regulado este tema, siempre responden lo mismo: lo estamos estudiando. Llevan siete años estudiando cómo resolver esta cuestión. Pero lo cierto es que ya lo tienen estudiado y decidido. El Gobierno del PP no cree en la igualdad jurídica de derechos, no considera familia a las parejas homosexuales y tiene claro que mientras tengan mayoría absoluta seguirán permitiendo que en materia de derechos haya ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Quiero felicitar a los colectivos de gays y lesbianas, a sus referentes y a sus líderes, a los políticos y políticas que les respaldan, a la ciudadanía valiente que no se queda indiferente ante las situaciones de desigualdad y que sigue trabajando por una sociedad plural, justa y moderna.

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