"LAS FOBIAS TIENEN relación con el miedo a ver en otras personas aspectos propios que no se quieren admitir
REMEI MARGARIT - 22/05/2004
LA VANGUARDIA
Quien ataca a un semejante, además de dañar a una persona, se ataca a sí mismo. Y más específicamente, quien ataca a una persona por una condición diferencial determinada, sea su inclinación sexual, su color de piel o su aspecto, está atacando esas mismas cosas de él en su fuero interno.
La homofobia, como todas las fobias, tiene que ver con el miedo, con ver en otras personas aspectos propios que no se quieren admitir. En el caso de la homosexualidad, después del descubrimiento de la fuerza del inconsciente que nos legó Sigmund Freud y dado que la inclinación hacia uno u otro sexo tiene unos umbrales poco definidos e incluso temporalmente cambiantes, ya no se puede negar la evidencia de que cada ser humano tiene una base bisexual que, en un momento de su vida, le hace identificarse con uno u otro sexo. Eso que parece tan natural y fácil, porque la norma social así lo ha decidido arbitrariamente, no lo es en absoluto, ya que en los procesos de identificación intervienen muchos factores como por ejemplo y quizás el más poderoso sea la aceptabilidad social.
Así, la pareja heterosexual se promociona y ensalza social y culturalmente como sistema de reproducción familiar para engendrar hijos y dejar herederos. Eso ha sido así desde que las sociedades patriarcales se instauraron en el poder y en unos tiempos en que los hijos significaban un seguro de vida para la vejez. Pero en esos tiempos nuestros en que la ciencia y la tecnología pueden hacer maravillas con respecto a fecundaciones in vitro, esa necesidad primaria ya tiene sus soluciones de laboratorio y, por otra parte, el planeta rebosa de gente, es decir, el ser humano ya no se halla en peligro de extinción y, además, hay millones de niños que necesitan ser adoptados.
En esas circunstancias, ya no tiene ningún sentido, antropológica- mente hablando, la supremacía social de lo heterosexual sobre lo homosexual, sino que se está en la equivalencia. Para decirlo de otra manera, las sociedades deberían dejar fluir sin cortapisas las libres identificaciones con uno u otro sexo. Pero eso quiere decir un cambio de mentalidad con respecto a lo reprimido con anterioridad. En este nuestro país, los derechos y deberes de los ciudadanos no pueden ser discriminados por razones de sexo, de raza ni de religión; es un mandato constitucional, de manera que la ley obliga respeto a todos y cada uno de los ciudadanos para con los demás. Una cosa es la ley, pero otra bien distinta es el comportamiento de algunos jóvenes cabezas rapadas o con pelo, eso da igual, que no solamente no cumplen la ley, sino que atacan con violencia a personas que pasan por su lado si consideran que no son como ellos deben ser. Al agredirlos, aparte del delito de hacer daño, están demostrando sus propias dudas. Las fobias asustan porque atraen y la homofobia se rige por los mismos parámetros que cualquier otra fobia.
De todo ello se deduce que la permisividad de la duda respecto a una identidad sexual es algo que debería incorporarse a cualquier plan de estudios. Es importante que los jóvenes tomen conciencia de que el camino de la identificación sexual no estará penalizado escojan lo que escojan, ni tan sólo en su fuero interno.
Se es lo que se puede ser, porque el carácter se construye sobre la complejidad de unos cimientos en los que hay biología, ritmo, percepción y valores sociales; los tres primeros ítems son inamovibles, el cuarto, los valores sociales, dependen de la construcción que queramos dar a nuestra sociedad. Si es permisiva e inteligente, cualquier persona podrá vivir en ella en paz, lo que podría significar, en ese caso, cambiar las fobias por una mejor comprensión de la realidad."
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