Homosexuales y Fuerzas Armadas en Argentina

La comunidad homosexual en nuestro país y en todo el mundo ha logrado importantísimos avances en los últimos años en materia de igualdad de derechos y reconocimiento social y político. La aprobación (con gran aceptación de la sociedad en su conjunto) de la ley de Uniones Civiles en el ámbito porteño es un buen ejemplo. Sin embargo, existen ámbitos / sectores de la sociedad que aún se rigen por códigos, reglamentaciones y creencias altamente discriminatorias para con la comunidad GLTTB. Entre esos ámbitos se destaca el militar, lamentablemente, por su "anacronismo mortificante", en palabras de Martín Balza, ex jefe del Ejército en nuestro país, en relación con el régimen de sanciones para los oficiales y suboficiales que mantengan relaciones homosexuales consentidas, como figura en el Código de Justicia Militar. Las normas buscan un objetivo claro: mantener fuera del ámbito castrense a los homosexuales, o castigarlos frustrando sus carreras al caer el "velo" puesto sobre su orientación sexual por una razón u otra. Para poder llevar adelante una carrera dentro del ámbito militar, los homosexuales (gays, lesbianas o bisexuales, ya que travestis y transexuales directamente no pueden ingresar a las filas) deben mantener el más absoluto secreto sobre sus preferencias sexuales. El primer párrafo del artículo 765 de citado código establece que "El militar que practicare actos deshonestos con persona del mismo sexo dentro o fuera de lugar militar será degradado y condenado a prisión, si fuere oficial; reprimido con prisión menor y destituido, si fuere suboficial o clase; y si fuere soldado será condenado a prisión menor". Curiosamente -no tan curiosamente, en realidad- la justicia militar castiga cuando el Código Penal de la Nación no considera el hecho un delito. La noción de la justicia militar considera así que la homosexualidad "configura deshonra o infamia para la persona o los cuerpos integrados por esa persona", contrariando la Ley Antidiscriminatoria y de los Pactos Internacionales incorporados a la Constitución Nacional. Estos cuestionamientos son parte de los fundamentos de un proyecto de ley para derogar el citado primer párrafo del artículo 765 del Código de Justicia Militar, presentados por el profesor Rafael Freda, presidente de SIGLA. ¿Qué hay en el fondo de la relación entre el ámbito militar y la homosexualidad? Mitos, creencias y representaciones sociales poderosas que son necesarias para que el sistema -militar- funcione. El imaginario social varía según las épocas, sirviendo como vara para medir lo bueno de lo malo, lo normal y lo patológico, lo cuestionable y lo inamovible. Hasta mediados de los '70, la homosexualidad era considerada por la medicina como una enfermedad, y tratada como tal en todos los ámbitos de la sociedad. Hoy vivimos una época totalmente diferente, donde la comunidad homosexual ocupa otro lugar y ha ganado gran terreno en la sociedad en su conjunto, aunque aún quedan muchas batallas por pelear. Pero en el ámbito militar la realidad es otra, principalmente debido a la rigidez del imaginario que mantiene la coherencia del sistema, a diferencia de la plasticidad que se va generando en el seno de la sociedad, cada vez más tolerante a la diferencia. El artículo 766 del Código va más lejos que su antecesor, manteniendo una presunción peligrosa: si bien la homosexualidad no es delito para las leyes generales de la Nación, y no configura ni acarrea infamia o deshonra al individuo ni a las instituciones que ese individuo integre, el mismo habla sobre los "actos deshonestos que afrentan al hombre y rebajan su dignidad". Freda, en sus fundamentos, es muy claro al respecto: "Mientras no perjudique a terceros, la homosexualidad, sea en potencia o en ejercicio, cuando se mantiene en el ámbito privado pertenece a las acciones privadas de los hombres, sujetas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados. Para que el mandato constitucional se cumpla debe garantizarse un ámbito de privacidad a cada individuo; lo cual hace imperiosa la derogación del artículo 765, que borra esa distinción". En realidad, más allá de los códigos y las discusiones legales, el gran inconveniente detrás de la aparente antinomia militarismo-homosexualidad (lo cual obviamente no quiere decir que no existan homosexuales dentro de las filas de los distintos cuerpos) radica en los valores, creencias y representaciones que mantienen en pie a esta institución. Mientras no se modifique ese universo simbólico, a los homosexuales que quieran desempeñarse dentro del ámbito militar les quedará mantener en la más absoluta reserva su orientación sexual, lamentablemente. "La decisión política de remover este obstáculo -en relación con el mencionado artículo del código- para el desarrollo de las personalidades de los individuos homosexuales en consonancia con una carrera militar es el máximo requerido de intervención del Estado, ya que permitirá que las interacciones naturales de sociedad y cultura tomen su curso, y permitirá sumar a la defensa de la Patria una minoría de ciudadanos y ciudadanas estigmatizados hasta hoy por su condición sexual, en base a una tradición histórica y un conjunto de prejuicios culturales y sociales que no responden a la realidad", como señala Freda. En Estados Unidos salieron del Closet. Tres oficiales militares retirados -dos generales y un almirante-, quienes estaban entre los oficiales de mayor rango que criticaron la política de "no preguntar, no contar" para los homosexuales en las filas militares, han revelado que son gays. El brigadier general Keith Kerr y el brigadier general Virgil Richard, ambos de la Armada, y el almirante Alan Steinman, de la Guardia Costera, afirmaron a fines de diciembre que esa política había sido inefectiva y que había debilitado los valores esenciales de los militares: verdad, honor, dignidad, respeto e integridad. Los oficiales dijeron que los habían forzado a mentir a sus amigos, familias y colegas para servir a su país, y que al hacerlo estaban negando un aspecto natural de su identidad. Los militares dijeron que esperaban que otros los imitaran y confesaran abiertamente su condición. Son los primeros oficiales de más alto rango que admiten que son gays desde que la coronel Margarethe Cammermeyer fue dada de baja de la Guardia Nacional del Estado de Washington, en 1992, por ser lesbiana. Luego fue reincorporada en su cargo. Diez años después de que la administración Clinton instituyera la política de "no preguntar, no contar", ésta sigue generando controversias y no ha logrado cumplir con el pedido del ex presidente demócrata de permitir a los gays desempeñarse sin ocultar su homosexualidad. Unos 10.000 miembros de las fuerzas han sido dados de baja por ser gays bajo las disposiciones de esa política. "No preguntar, no contar" fue un acuerdo para permitir a hombres homosexuales y lesbianas desempeñar sus tareas sin miedo de ser acosados o expulsados mientras mantuvieran en privado su orientación sexual. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ha dicho que la administración Bush no va a revisar la política.

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