musikaris, has acertao las 2 cosas:
Carla iba a divorciarse del párroco, pa irse con Ana.
Y, cuando la detecive Martins vió a Carla, se dió cuenta que no hacía falta arma para el crimen: Carla era un armario ropero de 3 cuerpos y, luego, en el salón de la casa del párroco vió los trofeos de kárate que había ganado una década y media atrás.
Ya está todo resuelto.
Bea mató a Ana porque Carla, en una de las reuniones parroquiales, dijo en secreto a Bea y a otra parroquiana, que eran sus mejores amigas, que pensaba divorciarse del párroco para irse con Ana. Bea había estado amando en seceto a Carla durante años. Y nunca se atrevió a decirle nada porque creía que era hetero completamente (nunca había notado nada con su bolloradar). Y, al saberlo, la rabia le inundó. Los celos se la comían. Averiguó que Ana iba a menudo a ese pub y, un día la esperó en el el lavabo. Rompió la botella de cerveza que bebía y le cortó el cuello a la susodicha. Pero ese día era viernes, víspera de sábado, día en que se reunían las 3 o 4 feligresas más comprometidas con la paroquia en casa del párroco (y de Carla) para preparár la hoja parroquial que se repartiría al día siguente. Y Bea llevaba una en el bolsillo del pantalón. Cuando la garganta de Ana explotó en borbotones de sangre, algunas gotas le salpicaron las manos. Se lavó y, como no había papel (cosa muy acostumbrada en los lavabos públicos) se secó las manos en la hoja parroquial que encontró al palpar sus pantalones en busca de un clínex (que tampoco llevaba).
Al día siguiente por la tarde, sábado, fué a la parroquia después de comer, como muchos otros sábados. Ella iba sólo por ver a Carla, naturalmente. Llevaba años yendo sólo por verla. Pero este sábado fué diferente: con una escusa cualquiera, Carla le pidió que fuera con ella a un salón parroquial poco utilizado. Pensando acertadamente que Carla quería su compañía para llorar la pérdida de Ana y que éso le daría la oportunidad de tenerla cerca, para ella sola, Bea fué detrás de Carla. Una vez solas, Carla se desahogó agusto y Bea no fué capaz de retener por mas tiempo su amor en secreto y, entre sollozo y consuelo, se le declaró, diciéndole que llevaba años amándola sin atreverse a decírselo. Entonces una luz se hizo en la mente de Carla: aquella era la esasina de su amada Ana!!!
La furia se apoderó de ella y, en venganza y sin mediar palabra, le retorció el cuello con una llave de cárate. Se dió cuenta tarde de que sus trofeos pasados la delatarían. Pero ya no podía hacer sino esperar.
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No saco nada porque no me atrevo. Sigo escondida.