¡¡FELICIDADES!! Querida i-chan, te vamos a tener que llamar "i-chan-holmes" :OOOO Has resuelto el caso, aunque con un par de matizaciones. Lo que sucedió realmente fue lo siguiente:
Sí, Emi estaba enamorada del director, amor que profesaba en secreto desde hacía meses. No tenía constancia de que el director fuera gay ni nada por el estilo, y de hecho era un hombre felizmente casado. Ese día Emi se hallaba dispuesta a dejarle una carta de renuncia en la mesa, para lo cual, debía actuar antes de que llegasen los demás compañeros y, evidentemente, antes de la hora de llegada del director. La tarde antes, había sustraído el llavero de su compañera de trabajo, donde había llaves de todas las estancias de la oficina. Emi no disponía de llaves del despacho del Director, sólo éste y tres empleados más de su entera confianza y de antigüedad, tenían posesión de una copia.
Le escribiría una breve carta y se la dejaría encima de su gran escritorio, donde él pudiera verla nada más entrar. Cuando llegó a la oficina, abrió el despacho del director, pero sobre los austeros muebles no había papel en el que escribir, ni sobres para guardar la nota, así que volvió a cerrar y se dirigió, azorada, al cuarto de fotocopiadoras, donde había folios de sobra. Guardó la llave en su sitio, ante el temor de que alguien entrara y la sorprendiera, pensando en cogerla de nuevo para soltar la nota y escapar.
Cuando hubo escrito su breve despedida y declaración de sentimientos, escuchó pasos: alguien se acercaba, y desde la rendija de la puerta entreabierta, vislumbró la silueta, precisamente, del objeto de su deseo: el Director. El corazón le golpeó la garganta, no tenía tiempo de esconderse y trataba de inventar rápidamente una excusa creíble y natural, para explicar su temprana llegada, así que retrocedió con el papel que acababa de escribir en una mano, y el sobre en la otra, dándole rápidas vueltas a la cabeza. Vio la destructora de papeles, con su piloto verde encendido, y tuvo una iluminación. Rápidamente, se precipitó sobre el aparato, apoyándose en el mismo, tratando de insertar el papel, ya algo arrugado, en la ranura. Y desgraciadamente, fue el bonito collar que llevaba lo primero que pasó por la máquina, cosa de la que no se percató ella hasta que sintió el tirón. Emi exclamó en un grito de dolor. La vieja máquina tiraba del collar y no se detenía. Emi gritó de dolor. Se estaba asfixiando. La camisa quedó también atrapada por el cuello, pero la máquina a pesar del atasco, no dejaba de tirar. El Director, que venía por el fondo del pasillo, irrumpió en la sala de copias. Encontró a Emi tirada sobre la máquina destructora, con la camisa desgarrada por el cuello, que estaba atrapado por la destructora, junto con el collar, que se enroscaba alrededor del frágil cuello de la chica. Con los nervios, no conseguía desconectar el enchufe del aparato, así que trató de evitar que la máquina siguiera tirando de la chica, de su collar y de su ropa. Emi casi no articulaba sonido. El director le rompió la blusa y trató de cortar el collar con unas tijeras, pero era un collar largo, de hilo de pescar resistente, tenía dos vueltas dadas al cuello, con las piedras ensartadas muy juntas por la tensión y solo logró abrirle una herida más en el cuello a la pobre Emi. La sangre comenzó a brotar a raudales. Cuando se quiso dar cuenta, Emi yacía sin vida y con una herida abierta en el cuello. Consiguió desconectar el aparato de la corriente, retirar a Emi y depositarla en el suelo, y entonces, vio la nota tirada en el suelo, la leyó y la arrugó entre sus dedos, embargado por la rabia y la culpabilidad. Por eso, cuando fue a llamar a la policía por el móvil, en su despacho, una lágrima brotaba de sus ojos.
Y ya está. No?
Bueno, mucho ruido y pocas nueces. Si vuelvo a poner alguno, prometo que será más corto y más difícil.. 
Gracias a todas por participar, me he animado mucho.
Signature
Un sólo momento puede cambiarlo todo.