Deberíamos aprender de los japoneses -argumenta vehemente el director-. Ellos lo dan todo por la empresa. No piensan en horarios, ambiciones personales o en tiempo libre. ¡Por eso son exitosos!.
Desde mi punto de vista, no es beneficioso para la sociedad el exceso de trabajo, rendir tributo a los directivos de las empresas, dejándonos dominar y hasta controlar nuestras vidas, ¿como se puede llegar a ser creativo bajo tanta presión?, nada más basta ver algunos resultados.
En efecto, usar el ejemplo japonés del sacrificio laboral es un lugar común a la hora de inspirar a los empleados. Sin embargo, sólo porque sea común no significa que sea un sagrado absoluto. A finales de los 80, época en la que Japón parecía erigirse como la gran potencia económica a vencer (un lugar que, irónicamente, hoy es ocupado por China), la Organización Mundial del Trabajo comenzó a registrar un alarmante fenómeno en la tierra del sol naciente: un notable incremento de mortalidad en el segmento de hombres cuya edad comprendía entre los 35 y 50 años. ¿El veredicto de la comunidad médica japonesa? Sus organismos, simple y llanamente, se habían colapsado a causa del exceso de trabajo. Así, el "Karoshi" (muerte por trabajo) se convirtió en uno de los problemas sociales más preocupantes de Japón. La situación ha empeorado con los años.
Es realmente preocupante esta situación, es bien sabido por todos que los empleados japoneses trabajan muchas más horas que los empleados de los países industrializados occidentales. El caso es tan preocupante, que los pocos días de vacaciones que poseen los empleados japoneses, se utilizan para cubrir los días que no pudieron asistir a sus trabajos por motivos de enfermedad. Una posible teoría del por qué los japoneses trabajan tanto se puede remontar a la época posterior a la Segunda Guerra Mundial, en donde la remuneración era muy baja, por lo cual los empleados necesitaban trabajar más horas extras para poder cubrir sus necesidades básicas, puede que esto se haya convertido en una costumbre, también es posible que la lealtad de cierto trabajador se mida de acuerdo al número de horas que trabaja diariamente para su empresa; pero ante este ritmo de vida, ¿donde queda la familia?, ¿las relaciones sociales?, ¿nuestra salud?. Deberían existir organismos que regulen esta situación, las funciones de los sindicatos deberían apoyar el bienestar del trabajador, ¿dónde queda todo esto?, ¿acaso a nadie le importa?.
Se estima que las consecuencias del Karoshi llegan a causar unas 2.000 muertes anualmente. Así que esto es un tema bastante grave que afecta la salud pública del Japón, debe ser digno de reflexión.