Desde hace varias décadas, en diversos lugares del mundo, la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros (LGBT) ha emprendido acciones por la defensa de los derechos ciudadanos y en contra de la homofobia y la discriminación. Una fecha clave que parte en dos el activismo lésbico-gay es el 28 de junio de 1.969, cuando cansados del hostigamiento policial, un grupo se levanta en Nueva York contra los agentes del orden que propician el famoso incendio de la discoteca StoneWall de esa ciudad.
Dio esa primera batalla la largada, a los pronunciamientos públicos, a las marchas del orgullo, a la salida del closet de políticos y a la organización de vecindarios gay en ciudades como San Francisco, Londres, Sidney, París y Madrid. Fue ese momento en que la sociedad se ve alertada por un nuevo mensaje que invita, por el sólo hecho de compartir el mismo planeta, debemos aceptar la diversidad.
En este momento países como Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia, los Países Bajos, Finlandia, Francia, Alemania, Hungría, Portugal, las provincias de Cataluña y Aragón en España, y algunos Estados de Estados Unidos, permiten que parejas del mismo sexo gocen, con distintos matices, de reconocimiento legal.
Nuestro contexto latinoamericano ha estado marcado por el puritanismo católico que en público condena lo que no comprende o desea no comprender, y que farisaicamente calla lo que sus jerarcas practican sin pudor en privado. Esa misma iglesia es la que ha estado al servicio del poder y los privilegios de unos cuantos, la que ha influenciado de manera nefasta a la sociedad y que, exhibiendo la moral cristiana como estandarte, ha arremetido contra los LGBT, tachándolos de pecadores, de enfermos psiquiátricos, de perversores de la naturaleza y promiscuos.
En Colombia, lustros atrás, varias mentes lúcidas han hecho lo suyo. Escandalizando a esta sociedad mojigata, se han atrevido a llevar la bandera y limpiar el camino de respeto que transitamos. León Zuleta (asesinado) y Manuel Velandia, importante académico, quienes lideraron la lucha desde los setentas, logrando la despenalización de la homosexualidad en 1.980.
Tomando como base la constitución multicultural y pluriétnica de 1.991, grupos de la comunidad LGBT y abogados sagaces, abrieron espacios para que en la actualidad, el país acepte como válidos conceptos jurídicos que permiten a gays y lesbianas dictar clases en las escuelas, permanecer en el ejército, tener derecho a la visita conyugal carcelaria y no ser abusados en cada una de las actividades que desarrollan por el sólo hecho del comportamiento en la cama.
El aporte a esta causa liberadora de la presente generación, es dar la cara para romper las ataduras en sí mismas anticristianas, antisociales y antinaturales. Por iniciativa de un grupo de ciudadanos, la Senadora Piedad Córdoba presentó en 2002 el proyecto de ley 043, por el cual se reconocen las uniones de parejas del mismo sexo, sus efectos patrimoniales y otros derechos. En este se plantearon profundas transformaciones culturales para Colombia y sirvió a su vez como ejemplo latinoamericano, en donde México, Argentina y Venezuela, países en los que se discute la legalización de las parejas del mismo sexo.
En Colombia, a pesar del apoyo de los medios y la opinión pública en general, el proyecto de ley que legalizaba las uniones de pareja que de hecho existen fracasó en el Congreso. El 20 de julio de 2004 la Senadora Piedad Córdoba volverá a presentarlo con nuestro apoyo y el de los colectivos internacionales. Quiera Dios que aquellos manipuladores de su palabra y voluntad lo dejen aprobar.
Por Ricardo Montenegro-Vázquez
Abogado, Miembro del Comité de Impulso
Fundador Grupo "Rostros de Fortaleza"
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