Hace unos meses tuvimos la oportunidad de visitar la Ciudad de La Habana en Cuba como parte del XVI Congreso Mundial de Sexología. Para esta ocasión compartimos con estudiosos de la sexualidad de todas partes del mundo la manera en que nuestra salud sexual se ha visto afectada a partir de las leyes que a través de los tiempos se han establecido en Puerto Rico. Muchos de las personas con las cuales tuvimos la oportunidad de dialogar se mostraron sorprendidos por la cantidad de leyes en nuestro Códigos Penal y Civil que tienen un impacto negativo en la expresión saludable de nuestra sexualidad. Los comentarios más interesantes los recibimos de los hermanos cubanos. Para ellos fue una sorpresa conocer que en Puerto Rico, una isla de la que tanto comentan, se tuvieran leyes que limitaran nuestra sexualidad de manera explícita. En Cuba leyes similares fueron derogadas hace más de dos décadas y otras nunca fueron practicadas.
Resulta interesante ver como dos naciones con tantas similitudes y diferencias pueden ejemplificar de manera tan exacta la evolución del trato social a los homosexuales. Culturalmente, tenemos muchas cosas en común, pero la evolución que han tenido las leyes y los derechos de las personas no heterosexuales no es tan similares. La homosexualidad en Cuba no es necesariamente fresas y chocolate como nos han hecho pensar.
Fresas y Chocolate es una película cubana que en 1993 llevó al resto del mundo la paradoja de un homosexual y un heterosexual militante del partido socialista. Esta película autorizada por el gobierno cubano facilitó un precedente nacional en la discusión de la homosexualidad. Durante mi visita tuve la oportunidad incluso de visitar Coppelia, el lugar donde grabaron escenas de la película y es ahora un lugar turístico en La Habana. Más recientemente, películas como Before Night Falls han mantenido abierta esta discusión.
Raíces de la opresión.
Cuba ha sido conocida por muchos por una historia homo fóbica infame. En la década de los '60, jóvenes cuya imagen no correspondiera al típico macho, así como homosexuales reconocidos o sospechosos eran apresados y enviados a la milicia. Para esta misma época, se estableció una resolución del gobierno que dictaminaba que todos los homosexuales que trabajaran en las artes fueran despedidos y asignados en áreas de trabajo arduo. La puesta en cuarentena de pacientes con SIDA en las décadas de los '80 y '90 le dio más notoriedad al trato que recibían en Cuba los homosexuales.
Por otra parte, la homosexualidad fue discriminalizada en Cuba en 1979, algo que en muchos países llamados vanguardistas se continúa trabajando. El Código Penal cubano revisado en 1987 prohíbe la ostentación pública de la condición homosexual y penaliza que actos homosexuales privados sean vistos por terceras personas. Esta situación no es muy diferente a la que vivimos actualmente en Puerto Rico. En nuestro país la homosexualidad no es un delito, pero las prácticas sexuales homosexuales clasificadas como contra natura en nuestro Código Penal si lo son, lo que hace a la homosexualidad en un delito "de facto".
Muchos de los estudiosos indican que la situación de los gays en Cuba es mucho más opresiva de lo que el gobierno cubano es capaz de aceptar. Sin embargo, es necesario señalar que la situación de los homosexuales en Cuba ha mejorado considerablemente en las pasadas décadas y varía de sector en sector. Ciertamente es mucho menos restringida que en las décadas pasadas. La situación civil tal vez no ha cambiado mucho, pero actualmente se tiene mucho más espacio que antes. En Puerto Rico la situación es similar aunque contamos con las libertades que nuestro estado de democracia nos permite. Es importante señalar que la revisión que se realiza a nuestro Código Penal ha eliminado la sodomía y los actos contra natura, sin embargo el código que aún nos rige los contiene hace décadas.
La opresión de los homosexuales en Cuba y Puerto Rico no se puede entender sin ser relacionada a la manera en que la sexualidad masculina y la identidad de género han sido construidas. El machismo es común a todos los países Latinoamericanos y a los Latinos residentes en los Estados Unidos. Un ejemplo de esto es que en nuestra isla, a diferencia de Cuba, hasta el momento no se ha criminalizado el "lucir" homosexuales en público, sin embargo la presión social, política y religiosa ha sido tal que son pocas las personas no heterosexuales que se sienten en la libertad de tomarse de la mano de su pareja o hacer cualquier manifestación de afecto en público. Por otra parte, la iglesia Católica no tiene el mismo poder que tiene en nuestra isla. Muy pocas veces tiene el espacio para involucrarse en asuntos políticos y civiles. Una verdadera separación de poderes de la cual deberíamos aprender.
Cuba del presente.
En Cuba ser homosexual es estar en una línea fina que demarca una libertad relativa y un riesgo relativo. El área del conocido Malecón fue por mucho tiempo un espacio público para los homosexuales compartir y relacionarse. Estas actividades fueron desplazadas, tanto por la policía como por la falta de discreción de muchos, al área frente al Teatro Yara. Lo que allí sucede es del conocimiento general de los homosexuales, y algunos turistas experimentados tienen la oportunidad de participar del siguiente proceso: De la esquina del Teatro Yara (algo parecida al ubicación de nuestro Teatro Tapia), salen taxis que llevan a los interesados a casas privadas donde se celebran fiestas donde los gays tienen la posibilidad de participar sin necesidad de cohibirse. En estas fiestas se cobra por entrar y pueden incluir presentaciones travestís los cuales han sido cada día más aceptados y respetados en diversos círculos sociales.
Muchos cubanos coinciden en que ser homosexual en la isla no es un problema, es asunto de ser discreto. En Cuba no hay prensa que informe sobre actividades dirigidas a los homosexuales o de los lugares donde se celebren fiestas o reuniones. Estos lugares tampoco son estables. Por esto la comunicación interpersonal resulta ser muy importante, el detalle esta en hacerlo con cuidado. Por otra parte, sabemos de varios estudios que se realizan en Cuba en relación con la homosexualidad y la violencia entre parejas. Los servicios de salud que homosexuales y pacientes de SIDA reciben son de igual calidad que los recibidos por el resto de la población. Cabe señalar que Cuba tiene uno de los más mencionados y eficientes sistemas de salud y que la baja taza de crímenes y la buena salud pública permiten y facilitan el contacto entre los gays en la calle.
Su parecido a Puerto Rico.
Ser homosexual en Cuba parecería ser peligroso. En una ciudad como La Habana que con sus necesidades y belleza parece haberse quedado en los años '60, encontramos un sinnúmero de similitudes con nuestro Puerto Rico. Aquí en Puerto Rico aún los homosexuales luchan por ser ciudadanos de primera clase y tener derecho a la intimidad entre otras cosas. Tal vez aquí en Puerto Rico no tenemos miedo de demostrar nuestra sexualidad en las calles, pero igual nos cohibimos. Los espacios siguen siendo limitados. Lo que es peor es que en nuestro estado democrático somos nosotros mismos los que estamos estableciendo los límites. Somos todos - heterosexuales, gays, lesbianas, transgéneros, bisexuales, asexuales - una comunidad; una comunidad puertorriqueña donde cada quien goza de su sexualidad de la forma que mejor le parezca, siempre y cuando las diferencias sean respetadas y se protejan derechos de los menores, incapacitados mentales y de aquellos que por cualquier condición fisica o mental les impida consentir libremente al acto sexual.
La homofobia es un acto deplorable, no importa de quien venga. Nuestros hermanos cubanos la experimentaron de una manera desgarradora y es ahora cuando se respeta un poco más el derecho sexualidad saludable de acuerdo a los límites establecidos por el estado. ¿Qué vamos a hacer nosotros en nuestro Puerto Rico para dentro de un estado democrático disfrutar del mismo derecho? Tal vez ya es tiempo de no quejarse tanto y tomar acción, no como gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros en contra del resto de la población, sino como una comunidad que quiere los mismos derechos para todos. Por más idealista que parezca es la manera de conseguir la igualdad según la enseñanza que nos dan nuestros hermanos caribeños.
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