La lesfobia del PP: Carta al ministro Acebes.

Por Carmen Hernández Ojeda - Comisión Permanente del Col.lectiu Lambda de lesbianes, gais i transexuals Ante todo, permítame felicitarle, señor Acebes. Hasta que su subconsciente tomó las riendas de su discurso, poca gente veía con claridad la relación que tenía la lesbofobia en el proceso a Dolores Vázquez. Debemos agradecer esa frase histórica suya, señor ministro, porque es una auténtica perla antidemocrática de incalculable valor. Porque usted solo lo ha explicado todo. Ha actuado como un líquido revelador, como la última página de un libro de suspense: nos ha desvelado el misterio, ese que explica cómo una ciudadana de un estado democrático se levanta una mañana de septiembre y sin saber por qué, como en una novela kafkiana, su vida se convierte en un infierno. Se le acusa de asesinar por venganza a la hija de una amiga (realmente, su ex compañera sentimental, aunque la lesbofobia de los medios lo silenciara). ¿Pruebas? Ninguna. Pero es ella, eso lo saben todos: investigadores, jueces, fiscales, periodistas, panaderos, É Se busca su confesión, pero ella es tan mala que no suelta prenda. Entonces, todos se aferran a una serie de indicios y contradicciones, muchos de ellos basados en testimonios surreales. ¿Qué importaba que las huellas y restos de ADN encontrados en el escenario del crimen no fueran suyos? Nada, porque su culpabilidad era una certeza colectiva. ¿Qué importa, entonces, la presunción de inocencia en una acusación sin pruebas cuando todos lo tienen tan claro? En España, si la acusada es una mujer, fuerte y lesbiana, nada. Pocas personas creían que estas características fueran claves para explicar el desarrollo de este caso irreal. Hasta que el señor Acebes habló y dijo, para justificar la actuación policial que hizo pasar diecisiete meses de prisión a una mujer inocente mientras un presunto psicópata asesino seguía su camino, que «Dolores Vázquez tenía el perfil delincuencial más verosímil». ¿Quizás por un largo historial delictivo de la acusada? La verdad es que no, porque Dolores era una profesional respetada, sin antecedentes penales. ¿Qué tenía, entonces, para poseer semejante perfil delictivo y, por tanto, ser un elemento peligroso para la sociedad? Hay todo un imaginario, señor Acebes, presente en sus palabras, que separa a las mujeres buenas de las malas. Las malas no cumplen las normas sociales que les han impuesto: toman sus propias decisiones, salen solasÉ Y según dicta ese discurso colectivo, merecen cualquier cosa que les pase. El miedo a ese castigo nos ha tenido atenazadas durante siglos. Pero cada día somos más las que transgredimos esa línea. Quizás por ello murieron Rocío, Sonia, Edit y tantas y tantas mujeres en este país. Somos malas y nos castigan por ir solas por la calle o por no someternos a nuestras parejas. O por no ser heterosexuales. Dolores Vázquez tenía ese perfil delictivo tan evidente porque no cumplía con las expectativas dominantes: porque es una mujer fuerte, independiente y, sobre todo, porque es lesbiana. Y eso, en una sociedad homófoba que prejuzga, teme, discrimina y agrede a todos aquellos que tienen una identidad o prácticas sexuales no normativas, te convierte en la mala, en un peligro social. O te ignora e invisibiliza. Y eso tiene un nombre: discriminación, vulneración de los derechos fundamentales de las personas. Vázquez no fue condenada por ser culpable de un crimen: fue considerada culpable por ser una mala mujer. Este vergonzoso episodio es la punta visible de un gran iceberg de injusticia social. Porque éste no es el primero ni el último caso. Hace un mes fue acusado erróneamente José de Zor, activista gai, de asesinar a un hombre, también sin pruebas. Se le trató como a un criminal en los medios y todavía estamos esperando una rectificación. Aún sin pretenderlo, el señor Acebes ha puesto el dedo en la llaga. Ahora le toca a él y a toda la sociedad reflexionar sobre esas palabras y darse cuenta por fin de su internalizada homofobia. Pues ya va siendo hora, señor ministro. Qué estamos hartos de ser culpables de cualquier cosa, simplemente por ser gais o lesbianas. Qué no toleramos esta ciudadanía de tercera clase a la que su gobierno nos sigue relegando.

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