Mi mujer era una gran amante de la naturaleza y, ya conocéis el refrán que dice que dos que duermen en un colchón se vuelven de la misma opinión y a mí me contagió de este afán de comprobar la veracidad de cada historia que leíamos o nos contaban relacionada con la naturaleza.
Sabíamos que en este fenómeno atmosférico de difícil pero no imposible comprobación, basaba su novela homónima, El Rayo Verde, Julio Verne así que lo primero fue leer la novela en la que los protagonistas pierden la ocasión de verlo porque en el momento en que se produce el rayo ellos han cedido a la tentación de besarse mutuamente.
Se trata de un efecto óptico que se produce muy pocas veces con la puesta de sol en el mar o en superficies terrestres como grandes llanuras.
Parece ser que está documentado, que desde muy antiguo (inscripciones del antiguo Egipto) es conocido este fenómeno atmosférico porque se habla de un Sol, naciente o poniente de color verde observado en el desierto que se extiende al lado de la franja fértil del Nilo.
Existe una explicación física, realmente sencilla, del porqué ocurre este fenómeno en algunas ocasiones. Se debe, principalmente, a tres fenómenos atmosféricos sobradamente conocidos: refracción, difusión y absorción a los que habría que añadir otras circunstancias atmosféricas concretas más o menos de las mismas características que las que establecen que unos días o en ciertos lugares las puestas de sol sean más rojizas o menos (polvo, partículas en suspensión, etc.). El proceso de la refracción viene a ser el mismo que se produce en el arco iris con la división de la luz blanca en los conocidos colores del espectro (rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta). En el arco superior del disco solar que es el último en ocultarse, quedan los colores violeta, azul y verde, exactamente en ese orden. La atmósfera diluye los dos primeros (color del cielo y del mar) y es el rayo verde el que llega a nuestros ojos.
Para intentar ver el rayo verde tenemos que situarnos ante una extensión llana con un horizonte muy alejado frente al observador, por ello uno de los lugares más idóneos es el mar y la época del año que nos ofrece más posibilidades es el otoño-invierno para que el sol no esté tan rojo cuando se acerca al ocaso. También es importante, lógicamente, que sea un día despejado y de cielos limpios. Si tenemos suerte veremos un destello verde durante apenas unos instantes, el tiempo que el Sol tarda en desaparecer por completo.
El tiempo que puede durar la observación del rayo verde depende de donde nos encontremos. Todas las que hayáis viajado cerca del ecuador terrestre o de los trópicos os habrá sorprendido la rapidez con que llega la noche. Da la sensación de que cae un telón y en un momento todo se queda oscuro. Esto es debido a la relación existente entre la inclinación del ecuador celeste y la del horizonte. Cuanto más cerca del Ecuador nos encontremos más rápidamente se pondrá el sol y por lo tanto menos durará el fenómeno del rayo verde, sin embargo, cuanto más nos acerquemos a los Polos terráqueos, donde una puesta de Sol puede tardar una hora u hora y media, el rayo verde, lógicamente, puede estar visible varios minutos.
Nosotras no teníamos ninguna duda de que ya habíamos encontrado el verdadero amor pero no estaba de más el conseguir ver el rayo. Creo que lo buscábamos en cada uno de nuestros viajes en los que se daban las condiciones propicias para verlo, sobre todo cuando nos encontrábamos en alta mar o en algún lugar costero y orientándonos generalmente a poniente más que a oriente quizás porque lo contrario implicaba madrugar. Posiblemente alguna vez nos pasó lo mismo que a la pareja de la novela.
Sólo conseguimos verlo en dos ocasiones y en lugares muy dispares: sentadas sobre la lava caliente en Islandia, en el mes de septiembre, y en Sudáfrica en unas vacaciones de Semana Santa. Una amiga lo ha visto el año pasado en Bayona (Pontevedra).
Suena demasiado romántico ¿verdad? Pues existe. Buscad su contemplación que si conseguís verlo jamás lo olvidaréis. Es un momento mágico, maravilloso y si cuando consigues verlo tienes tu mano enlazada a la de la persona que llena tu corazón entonces... no se han inventado aún las palabras para describir ese momento.

porque el deseo de que la leyenda se cumpla para las dos al mismo tiempo, tiene muchas implicaciones maravillosas aunque también tienes el peligro de no verlo porque te hayas entretenido en otros menesteres.
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