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>UNA PEQUEÑA Y VERDADERA HISTORIA REAL....
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>En una estación de radio canadiense, dan un premio de 5.000 dólares a la persona que contara una historia verdadera, que le hubiese sucedido y la hubiese puesto en una situación embarazosa, de aquellas que te dan ganas de tirarte de un quinto piso para abajo.
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>Ésta fue la historia que ganó los 5.000 dólares de este mes de Septiembre/02:
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>Tenía consulta en el ginecólogo marcada para esa semana, pero quedaron en llamarme para confirmarme el día y la hora de la consulta. De mañana temprano recibo la llamada de la telefonista del consultorio informándome que mi consulta había pasado para ese mismo día a las 9.30 hs. de la mañana. Justo acababa de terminar el desayuno junto a mi marido mis hijos y estaba preparada para comenzar con la tarea del día, eran precisamente las 8.45 hrs.
>¡Entre en pánico!, no tenía ni un minuto para perder. Estoy segura que soy igual a todas las mujeres, que tenemos mucho cuidado y una
>particular atención en nuestra higiene íntima, principalmente cuando vamos al ginecólogo, pero esta vez ni siquiera me daba el tiempo para darme una ducha. Subí las escaleras corriendo, me saqué el pijama, agarre una toallita lavada y doblada que estaba encima del borde de la bañera, la desdoblé rápidamente, la mojé pasándola después con todo cuidado por las partes "más íntimas" para tener
>la seguridad de que quedaría lo más limpia posible. Tiré la toallita en el canasto de la ropa sucia, me vestí y volé para el consultorio.
>Acababa de entrar en la sala de espera cuando me llamaron para hacerme el examen.
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>Como ya sé el procedimiento, me senté sin ayuda en el borde de la camilla e intenté, como siempre hago, imaginarme muy lejos de allí, en un lugar así como el Caribe, o en cualquier otro lugar, por lo menos a 10.000 kms de aquella camilla y sin mirar. Me quedé muy sorprendida cuando el médico me dijo: "¡Oh la la, hoy de mañana hizo un esfuerzo extra para quedar más bonita!" No recibí muy bien el cumplido, pero no respondí.
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>Me fui a casa tranquila y el resto del día se desenvolvió normalmente: limpié la casa, cociné, tuve tiempo de leer una revista, etc. Después de la escuela, ya terminados los deberes, mi hija de 6 años estaba preparada para ir a jugar cuando gritó desde el baño:
>¡Mamá!, ¿dónde está mi toallita? Yo la grité que sacase una del armario. Cuando me respondió, juro que lo que me pasó por la cabeza fue... ¡desaparecer de la faz de la Tierra!. El comentario del médico martilleaba en mi cabeza sin descanso y entonces mi hija me dice esto: ¡No mamá, yo no quiero una toallita del armario, quiero aquella que estaba doblada en el borde de la bañera, fue en esa que
>dejé todas mis brillantinas y las estrellitas doradas y plateadas para maquillar a las Nancis!

