Sus canciones hacen furor, pero también las condenan
T.A.T.U. sin medias tintas...
Segunda y última parte
Helena Ramos
Las canciones y vídeos de T.A.T.U. son agresivos, en el sentido que no andan con medias tintas y describen sentimientos y acciones que la gente suele invisibilizar o declarar «ilícitas, ilegales e inexistentes».
Muchas veces las personas indignadas han llegado a las oficinas del grupo exigiendo «acabar con la depravación». En los periódicos no cesa la lluvia de críticas, no sobre la parte artística -donde sería pertinente señalar aciertos y deficiencias-, sino contra el comportamiento de las muchachas. La periodista María Kuvshínova hasta llegó a afirmar que «los besos y los abrazos son contrarios a la naturaleza humana» (de seguro se refería a los besos eróticos entre mujeres, pero se le olvidó precisar).
Incluso la mamá de Yulia no está nada contenta con la posibilidad de que su hija sea lesbiana, aunque ya tomó la decisión de «no ponerse histérica» si así fuera...
Cuando Lena y Yulia estaban en Nueva York, tuvo lugar la siguiente escena: cuando una niña al verlas dijo a su madre: «Mamá, mira, es T.A.T.U.», la respuesta de la progenitora fue terminante: «¿Y para qué te hacen falta estas lesbianas jodidas?» A ninguna edad es fácil escuchar algo así, y cuando se es joven, menos que nunca. Las chicas sólo sacaron la lengua a la ofensora pero ¿no será traumático para ellas exponerse todo el tiempo a la discriminación?
En cuanto a eso, su mentor Shapoválov es muy claro. «Toda la vida es un trauma», glosa. Las consecuencias no le preocupan. ¿Y qué dicen Lena y Yulia? Muchas cosas. Al inicio preferían no responder directamente a la pregunta si son lesbianas de verdad o sólo actúan, aduciendo que era «algo muy personal». Como los periodistas no cejaban en su empeño de arrancarles una confesión, empezaron a dar declaraciones cada vez más desafiantes. Ahora hablan de viajar a Holanda para contraer matrimonio, luego de «crecer un poco y ahorrar dinero». ¿Confidencia o bravata? Vaya una a saber...
Tal vez, lo más trascendente es su reconocimiento que el amor entre mujeres es «algo normal, que siempre existió y existirá». En cuanto a lo último, no hay quien lo ponga en duda. Basta con recordar a Safo o Virginia Woolf.
Irma la Dulce escribió sobre T.A.T.U. en la página web de Star Media: «Si se trata de un montaje comercial aún no se sabe, y la verdad es que es lo de menos, lo importante es que también podamos sentirnos reflejadas en las historias que nos cuentan». ¿Y qué historias son éstas?
Dos contra todos
Si apartamos el componente lésbico, resultan bastante romanticonas chapadas a la antigua. En varias canciones la posición es «nosotras dos contra el mundo», contra esos «ellos» que observan el amor no autorizado con ojos indiferentes o desdeñosos, como ocurre en el videoclip de «All the Things She Said».
Tal vez, esta postura de víctimas rebeldes hace que las personas se identifiquen fácilmente con T.A.T.U., porque todos hemos vivido una u otra clase de discriminación y rechazo. Y ser discriminada por su preferencia sexual es más que común. Ocurre todo el tiempo, en cualquier ambiente, de una manera directa o de refilón...
Entonces, ver a alguien que reivindica el derecho de ser lo que es con la vehemencia de T.A.T.U. resulta inspirador. Por supuesto, no todo el público de Lena y Yulia está conformado por lesbianas, gays y feministas. Por el contrario, las feministas rusas hasta ahora no han prestado atención al grupo, tal vez pensando -a mi juicio, equivocadamente- que el pop es algo demasiado trivial y no merece la pena.
Pero la magnetizada audiencia al menos demuestra la capacidad de solidarizarse hasta cierto punto con el amor lésbico, sea a conciencia o por imitación. De todos modos, el éxito de T.A.T.U. indica que el reconocimiento del derecho de amar a personas de su mismo sexo ha alcanzado la masa crítica (aunque abundan antagonistas que quisieran meter a las y los homosexuales en el closet y no saber nunca de su existencia). Un amor contaminado Sería un error pensar que las canciones de T.A.T.U. tienen que ver con sus experiencias personales; más bien exploran diferentes facetas del amor, desde una pasión romántica hasta un ligue sin importancia: «Para ti no soy la primera,/para mí eres casual».
No todas las tramas tienen el final feliz de «All the Things She Said», en la cual las enamoradas caminan tomadas de la mano hacia un claro horizonte. La letra de varias canciones es sombría, amarga, desesperanzada: «Es mejor nada/que regresar»; «Dieron la orden de incinerarnos»; «Nadie nada jamás entenderá»...
El amor que cantan las tatushkas es de corte tradicional. Una se disuelve en la otra hasta perder su propia personalidad: «No existo sin ti». Además, está muy contaminado de celos y violencia. Un conflicto en la pareja amerita anunciar «Ahora soy tu enemiga» (así se titula una de las composiciones). O sea, la libertad es a medias: es lícito que una mujer ame a otra, pero el patrón de amar es añejo: posesivo y voraz. También hay temas más atrevidos que trascendentes, como el famoso «Chico gay», en el cual la protagonista trata de conquistar a un muchacho homosexual.
En cambio, «Robot» -tal vez inspirada en la historia del gigoló Joe de la película «Inteligencia artificial»- no se limita a describir el amor de una humana hacia un robot, sino que dice que este romance forma parte de un mundo de risa, hielo, miel y paraíso artificiales... No, no son tontas estas canciones, pese a sus orígenes descaradamente faranduleros. T.A.T.U. es un signo de nuestro tiempo, tanto para bien como para mal.