"A lo largo de los cruces de tu camino te encuentras con otras vidas: conocerlas o no conocerlas, vivirlas a fondo o dejarlas correr es un asunto que sólo depende de la elección que efectuas en un instante. Aunque no lo sepas, en pasar de largo o desviarte a menudo está en juego tu existencia, y la de quien está a tu lado"
(Susanna Tamaro, "Donde el corazón te lleve" )
Últimamente he pensado mucho en algo: como nos complicamos la vida. Es un pensamiento que se me viene a la mente una, y otra vez, y otra vez. Intento escapar de ese patrón, de esa tendencia loca que tenemos todas a hacer lo simple complejo y oscuro. Pero no puedo. Pensándolo me digo que la complicación es una trampa en la que caemos todas con los años, o eso parece.
Desde luego, somos increibles. No puedo evitar enfadarme mientras escribo esto. Enfadarme incluso conmigo misma, porque sé que yo también soy parte de esta locura colectiva. Yo también soy una caprichosa.
Llega un momento en el que una se cansa de buscar los porqués a ciertas situaciones que no entiende, en el que esas razones, sencillamente, empiezan a darte exactamente igual. Llega un momento en el que una prefiere pasar dejando un millón de cabos sueltos que intentar atarlos y arriesgarse a ahogarse con ellos. Llega un momento en el que todo empieza darte lo mismo y lo único que quieres, lo único que pides, es no comerte la cabeza. Y por eso, terminas apartando de tu lado a eso que enturbia tus días tranquilos. Y a otra cosa.
Mientras escribo escucho una canción. Una canción que he descubierto hace poco (Just Hold Me - María Mena). Oyéndola me ha venido a la cabeza la pregunta que planea en mí desde hace unos días, ¿podemos querer a alguien que no nos da nada a cambio?, ¿cuál es el precio de nuestro cariño? ¿Qué les pedimos a los demás?
Dicen que pedimos a los demás lo que practicamos con nosotras mismos. Y creo que el precio de mi "amor", que lo tiene, por mucho que pretenda lo contrario, es sólo un abrazo. Sólo una pista, un "pssst, sigo aquí". Por muy independientes que seamos, por mucho que pretendamos hacernos las fuertes, siempre hay un momento de nuestra vida en el que nos tambaleamos. Y en ese momento nos gustaría saber que si caemos, las manos invisibles de los que nos quieren nos van a coger en brazos. Y eso, eso, es lo único de lo que yo necesito tener constancia porque la paciencia ya la tengo ganada. Cada uno encara la vida como puede, y mi mejor seguro son las personas que quiero, pocas pero suficientes. Supongo que es mi forma de caminar sin miedo.
Por eso me rabia cuando alguien me acusa de pedir más, de exigir más. Y me da pena. Porque a veces, tiramos al vertedero nuestras mejores relaciones por malentendidos absurdos. ¿Pero por qué tiene que ser tan complicado? Que yo sólo pido......