ABC, 29 de septiembre
WASHINGTON. PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL
En una polémica que recuerda bastante a la generada por la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak, los medios de comunicación en Irak -empezando por el heroico diario Times-Picayune de Nueva Orleáns- han empezado un llamativo examen de conciencia sobre la cobertura del huracán «Katrina» y todos los rumores convertidos en información que apuntaban la existencia de decenas de miles de muertos, violaciones de niños en refugios temporales, ataques indiscriminados de bandas armadas y demás noticias apocalípticas fomentadas en algunos casos por las autoridades locales y estatales.
Cuatro semanas después del caos inicial, la Policía de Nueva Orleáns empezó a examinar estos informes encontrando muy poca o ninguna verdad en ellos. A pesar de todas las narraciones de violencia y abusos con escenario en el «Superdome» y el Centro de Convenciones, hasta el momento no se ha presentado ninguna denuncia sobre asaltos sexuales, ni tampoco testigos que corroboren esos rumores transmitidos como noticias. Frente a las descripciones de montañas de cadáveres abandonados, el Departamento de Salud de Luisiana sólo ha contabilizado una decena de fallecidos en esos refugios temporales.
El capitán Marlon Defillo, de la desbordada Policía de Nueva Orleáns, confirmó que «ahora que hemos tenido una oportunidad de reflexionar sobre la situación, somos capaces de decir que las cosas no fueron como parecieron». Empezando por los rumores de que en el Centro de Convenciones, dentro de una cámara frigorífica subterránea se habían encontrado entre 30 y 40 cadáveres, incluidos el de una niña de siete años degollada.
Observadores creíbles, como Bill Waldron -policía de Florida que se encontraba en Nueva Orleáns para testificar en un juicio de asesinato y que buscó refugio en el Centro de Convenciones- recuerda que la difícil situación en los días posteriores a «Katrina» no pasó de algunas peleas aisladas al retrasarse la ayuda humanitaria y los esfuerzos de evacuación. Testimonio corroborado por los limitados efectivos militares desplegados en esos lugares y por las pesquisas policiales que sólo confirmaron cuatro asesinatos en Nueva Orleáns durante los días posteriores al huracán. Cifra típica en una ciudad violenta que para este año ya anticipaba más de 200 asesinatos.
El coronel Thomas Beron, miembro de la Guardia Nacional de Luisiana destinado en el «Superdome», explicaba que cinco días después del «Katrina» llegaron representantes de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) con un camión refrigerado y tres médicos para hacerse cargo de «doscientos cadáveres», como si aquello hubiera sido un campo de batalla. Pero la realidad es que el contingente militar encabezado por el coronel Beron solamente había contabilizado seis muertos (cuatro por causas naturales, uno por sobredosis y otro más que se suicidó arrojándose desde las gradas del estadio).
Esta realidad, triste pero limitada, contrasta por las declaraciones realizadas por altos cargos como el ahora dimisionario jefe de Policía de Nueva Orleáns, Eddie Compass, que no dudó en hablar de palizas, violaciones y tiroteos en los refugios temporales. Cinco días después del «Katrina», en un conocido programa de televisión, Compass afirmó que algunos bebés habían sido violados durante la anarquía posterior al ciclón. Tono terrorífico compartido también por el alcalde, Ray Nagin, que habló de bandas «con cientos de miembros armados» imponiendo la ley de la selva en las calles de la ciudad.
Falta de profesionalidad
Para el fiscal jefe del distrito de Nueva Orleáns, Eddie Jordan, «es muy desafortunado que esas historias de supuestos crímenes se hayan multiplicado sin respaldo de la realidad. Y que los grandes medios de comunicación no hayan hecho nada para comprobar esas historias, limitándose a aceptar como verdadero lo que la gente en la calle les decía. Esto no es para nada consistente con los estándares del periodismo profesional». El general encargado de la ayuda humanitaria en Luisiana, Russel Honoré, también exigió a los periodistas que no confundan preguntas con respuestas.
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Dos conclusiones: 1) La mayoría de periodistas son ratas de cloaca 2) El antiamericanismo de muchos medios de comunicación (de aquí y allí) es enfermizo. Han manipulado para hacer parecer a los EEUU como un país tercermundista y deseaban 10 o 20 mil muertos en lugar de los 800 que ha habido, sólo para poder llamar de todo a Bush ya que no pudieron con él el 2-N. Es una vergüenza. Alguien rectificará? En la SER un corresponsal llegó a decir que habían muerto 50.000 personas