Durante el trayecto en el taxi, y muerto de impaciencia, saqué la cámara del bolsillo para ver que tal había quedado lo que acababa de grabar en Escape.
Que interesante, nunca había visto el interior de un bolsillo durante diez minutos. Además, para poder grabar bien en la oscuridad, la cámara dispone de un modo de grabación llamado Night-Shot, basada en infrarrojos. ¿Qué quiere decir esto? Muy sencillo, las imágenes salen siempre de color verde, más bonito...
Cuando voy a comentarle la jugada a Mónica, la pobre ha caído rendida, se ha dormido.
La llegada a casa es celebrada por ambos con algarabía y bostezos. Realmente estamos cansados, así que nos dejamos caer como sacos sobre la cama y, tras poner el despertador, caemos irremisiblemente en brazos de Morfeo.
(Fundido a negro)
(Fundido desde negro)
Vaya, menos mal que la semana que viene solo tiene tres días laborables, porque al despertarme me doy cuenta de que no he dormido ni la mitad del tiempo que me hacía falta. Bueno, hay que aguantar el tirón...
Tenemos comida familiar, puesto que mi abuelo ha venido a Madrid y sube a comer. Tomamos el aperitivo, charlamos y comemos.
El autobús sale de Navacerrada a las cuatro, son las cuatro menos cuarto y acabamos de terminar de comer. El cuerpo pide siesta, pero albergo la esperanza de que, al final, haya plan para el domingo por la tarde, así que llamo a Pop y, ¡sí, han quedado!
Mónica y yo arrastramos nuestros huesos hasta la parada del autobús, subimos y salimos de Navacerrada con destino Madrid.
Son las cinco menos diez, acabamos de llegar a Moncloa y, de nuevo, llamo a Pop. Estamos en la calle XXXXX. Ah, digo yo, pensando en que, posiblemente, sea la primera vez en vida que escucho hablar de esa calle. No pasa nada, quedamos en el punto de información turística de la Plaza Mayor, así que Mónica y yo cogemos el metro con dicho destino, y en veinte minutos estamos allí. Parece que aún no han llegado, pero parece mal, porque, en realidad, hace ya un rato que han llegado y nos esperan en una terraza tomando café (o, mejor dicho, terminando sus cafés). Allí nos esperan Pop, Unco, Krisa, Zahara, Kyra y Zanah. Vaya un comité de bienvenida.
Llegamos, nos sentamos y en seguida comenzamos a hablar (el día que sea capaz de pasar diez minutos callado me darán un premio).
Kyra y Zanah hablan bajito, no es que estén contándose secretos, es parte de su encanto, así que hay que arrimar las orejas para oírlo todo.
Aunque ya se han terminado los cafés, nos conceden unos minutos con el fin de que nosotros (Mónica y yo) también podamos. Un rato de charla, del que recuerdo especialmente la carilla que puso Krisa cuando le conté que, hace unos años en esa misma plaza, había visto en concierto a Texas.
La conversación, como ya se ha convertido en costumbre, salta de unos temas a otros, sin dejar un solo hueco al silencio, hay tantas y tantas cosas de que hablar...
La mesa en la que nos sentamos estaba cubierta con una sombrilla, lo que nos protegía de las gotas que empezaron a caer. Y yo, que soy un enamorado de la lluvia, me enamoré de ese momento. Era una de esas situaciones en las que congelarías el tiempo. Incluso ahora, casi dos semanas después, recuerdo aquella sensación.
Pero hay que moverse, Kyra, Krisa y Zahara han dejado el equipaje en casa de Pop y Unco, así que hay que ir a recogerlo. Eso me alegra, puesto que Mónica aún no ha visto la casa, y se que le va a encantar.
Nuevo paseo con Krisa jugueteando con mi iPaq (sí, David, ese que generalmente no te gusta que toque la gente, y que sin embargo ahora te parece fantástico que ella esté utilizando). Anota en el calendario la fecha de su cumpleaños. Acabo de abrir el calendario del iPaq y estoy mirando dicha anotación: Cumple Kris XX (en realidad pone los años, pero moriré antes que decirlos). Lo veo y se me pone una sonrisa de estúpido, no se, es un recuerdo, pensar que lo escribió ella es como guardar una carta o un escrito de una persona especial. Además el recordatorio tiene puesta una alarma, y sonará el día de su cumpleaños a las doce de la noche. Al principio pensé en quitarlo, pero no, lo voy a dejar así, y seguro que, el momento en que suene, se me pondrá de nuevo la sonrisa de idiota, y me acordaré de ella y de la quedada, y pensaré en las ganas que tengo de que eso se repita. Gracias Krisa, sin saberlo me hiciste un precioso regalo.
Poco después me encuentro hablando con Zanah sobre el GPS que he instalado en el iPAq, y la veo realmente interesada en ello. Estupendo, una de esas pocas personas que se paran a analizar para que sirven las cosas y, posteriormente, les encuentran utilidad. Parece sencillo, pero sorprende la cantidad de gente que es incapaz de ver así las cosas...
Antes de darnos cuenta ya estamos en el autobús de camino a casa de Pop y Unco, y aunque al principio nos sentamos en un solo grupo, la gente enseguida empieza a levantarse para cederle el sitio a personas mayores, personas con niños, etcétera.
Llegamos a casa y, de nuevo, la hospitalidad hecha persona (personas, en realidad), más música, más vídeos, más charla...
Nada más llegar, Pop le ofrece a Mónica un tour guiado por la casa, y no hace ni un minuto que hemos llegado. Cuando hablo de amabilidad y hospitalidad no lo hago simplemente porque sí.
Más música, más vídeos, más Internet, más charla...
La tarde va pasando deprisa, y siempre me ocurre lo mismo, en vez de disfrutar del momento, me dejo amargar por el paso del tiempo, pero bueno, aún así me encuentro genial, de verás.
Más música, más vídeos, más Internet, más charla...
Y el tiempo pasa, y Kyra y Zanah se tienen que ir. Ésta es la primera de las despedidas. Primero me despido de Zanah. Solo la conozco desde el día anterior, lo que podría hacer pensar que tampoco me apena tanto, pero no es así. Ya lo he dicho antes, y lo repito ahora, es una persona especial, realmente especial, y me siento muy afortunado de haberla conocido.
Después Kyra. No me puedo creer que ya se marche, si parece que hace solo unos minutos desde que nos conocimos en Berkana. No me atreví a hacer algo al conocerla, pero no podía renunciar a ello al despedirme. Un abrazo y un par de besos, y ese brillito que se me pone en los ojos cuando, a la vez, hay alegría y tristeza. Cuando tienes delante a alguien a quien quieres, pero sabes que esa persona se va.
En ese momento nos enteramos de que Pop y Unco van a llevar a Kyra y a Zanah, y nos dejan solas en casa, en su casa. He trabajado en empresas en las que, después de meses, aún no confían en sus empleados, dejándolos solos en las oficinas. Pop y Unco no son así.
Y eso ya no es solo hospitalidad y amabilidad, es confianza. Y en ese momento, por fin, soy consciente de que es verdad, ya nos conocíamos todas de antes, desde hace ya tiempo. Aunque nunca hasta este fin de semana nos hubiéramos mirado a los ojos, llevamos ya tiempo compartiendo un universo paralelo, un lugar mejor que cualquier otro, un hogar.
Quedamos en casa Krisa, Zahara, Mónica y yo, y hablamos, hablamos y hablamos. Vemos 200 veces a Sheryl Crow en DVD. Nos sentimos a gusto, en buena compañía y en casa. Fue un rato encantador con personas encantadoras, no se podía esperar otra cosa, ¿no?
Poco después vuelven Pop y Unco, y de nuevo charla a seis. Y de nuevo maravillosa.
Es curioso, nada más hacer un comentario sobre Bjork, Pop inmediatamente va a la estantería, coge una cinta VHS, la pone en el vídeo y... un directo de Bjork, vídeos de Bjork, entrevistas a Bjork, ¿de verdad que el paraíso tiene palmeras? No se, por mucho que miro no las veo.
Y fotos, y discos, y cintas, y películas. Tantas cosas por ver, y tan poco tiempo... que al final éste se pasa y tenemos que irnos.
Pop y Unco nos acercan con el coche hasta el metro y, una vez allí, la segunda despedida. Y los ojos se me vuelven a poner rojos.
Hasta este fin de semana nunca había hablado con Unco, pero no ha importado. Me ha parecido realmente genial, y es fantástico haberla conocido. Solo de acordarme de ella, ya se me dibuja una sonrisa en la cara.
Pop, despedirme de Pop, no voy a saber, se me van a saltar las lágrimas, que me conozco. Recuerdo que hace unas semanas, coincidiendo con alcanzar la cifra de 1100 usuarias, puse un mensaje diciéndole lo grande que era. Aún más, mucho más. Es más que grande, mucho más que grande, es como mágica. Un abrazo indica que, por ahora, y en lo que a distancia física se refiere, nos despedimos, pero se que, a partir de ahora, es una persona a la que siempre tendré a mi lado. Un sol que brillará siempre delante de mis ojos.
Pop, aún recuerdo aquel día de finales de octubre cuando escribí mi primer mensaje en el foro. Mi presentación, con mucho miedo de que cualquier persona pudiera sentirse incómoda con mi presencia. Y recuerdo tu respuesta, no me hace falta abrir el foro para recordar ese mensaje. Parecía una simple bienvenida, pero era mucho más. Me abriste la puerta a Lesbian Lips, la abriste de par en par, confiando en mí desde el primer momento.
Me diste una llave para abrir la puerta y entrar en casa.
Y creo que nunca seré capaz de agradecértelo lo suficiente.
Despacio, pausadamente, Krisa, Zahara, Mónica y yo bajamos las escaleras que nos llevan hasta el punto en el que nos tenemos que separar. Y ese punto llega. En el lugar donde se bifurcan nuestros caminos hay un joven de color vendiendo CDs así que nos acercamos a ver la mercancía. Tras ello empezamos a charlar sobre la quedada, la gente, y, en general, del fin de semana.
No quiero despedirme de ellas, ya llevo dos despedidas en la cuenta de hoy, demasiadas lágrimas rebeldes, así que empiezo a hablar de todo, de cualquier cosa. Un poco absurdo, pero quiero quedarme ahí el tiempo que haga falta, no quiero despedirme de ellas. Quiero quedarme con ellas.
Pero no puede ser.
Dos besos a Zahara, otra persona que me ha impresionado muy gratamente. Se ve a la milla que, al igual que yo, es algo tímida, pero me ha parecido una persona especialmente abierta, con quien da gusto hablar, que no duda en llamar a las cosas por su nombre, y a quien hace ya mucho tiempo le debía una respuesta, que nunca llegó a reclamarme. Eres un sol Zahara, de verdad que sí.
Y Krisa, finalmente Krisa. De todas las personas a las que he conocido en la quedada, ella es de quien menos sabía. Una vez coincidimos en el chat, y me pareció muy agradable, además hicimos un buen equipo con la lista de asistentes a la quedada.
Le debo un especial agradecimiento pues, como ya le dije en una ocasión, ella lió todo esto. Así que ahí va: gracias Krisa, gracias por la quedada, gracias por venir a Madrid, gracias por ser tan especial, gracias por ti.
Ya está, se acabó. Todo a terminado, Mónica y yo emprendemos camino de Moncloa. Me siento especialmente melancólico, triste, apagado, pero a la vez feliz.
Ha sido fantástico, totalmente increíble.
Llegamos a Moncloa, tomamos un café mientras charlamos sobre el fin de semana, y Mónica, que me conoce al dedillo y no quiere verme triste, me sugiere que escriba la crónica de la quedada en el autobús de camino a casa. Sí, es una buena idea, voy a hacer eso, cuando me suba al autobús, y tenga una hora por delante, intentaré explicar con palabras todo lo que ha pasado.
Me despido de Mónica al pie de su autobús (como todos los domingos) y camino despacio hacia el mío.
Sí, estoy deseando subir al autobús y empezar a escribir...
Fin.
Besos,
David.





