Si hay algo que me encabrona dentro de la militancia LGTBQ es la exclusión de cualquiera de las cinco siglas que forman nuestra realidad heterogénea, que por muy heterogénea que sea, sin duda comparte algo: el rechazo de la normatividad de la falocracia heterosexual, este mínimo común denominador me parece lo suficientemente sólido para construir sobre él una solidaridad que abrace las cinco siglas de LGTBQ en su totalidad, sin dejarse ninguna en el camino.
Nada más devastador que una barbie lesbiana ejecutiva señalando a una butch mientras de su boca sale un "No todas las lesbianas somos iguales, YO me visto normal", nada más vergonzoso que una marica de derechas a la que no le importe que su pasaporte a la integración sea su dinero y desde ese lugar privilegiado pisotee a las trans porque "Lo suyo es patológico, nosotras ya nos dábamos por culo en el siglo V a.C.". Estoy harta de que intenten limpiarnos la cara y la boca con jabón, me fastidia que haya homosexuales que mendiguen la aceptación de la mayoría, que imiten los patrones de comportamiento heterosexuales, condenen la promiscuidad, se casen y tengan hijos y luego se declaren vencedores, porque han entrado y ya no los ven diferentes del resto. Que acaben pensando que quien no se adapta es porque no quiere. Este quien no se adapta es porque no quiere, es jodidamente parecido al "¿Discriminación? ¡Nah! No hay discriminación homosexual, un maricón tiene el mismo derecho a casarse con una mujer que yo" que una vez me soltó mi hermano, medio en broma, medio en serio, cuando todavía no habían aceptado la ley del matrimonio homosexual.
Que no se me malinterprete, que me parece la rehostia que nos podamos casar, es sólo que no se trata de naturalizar las prácticas homosexuales. Quien crea que el concepto "natural" es capaz de validar una conducta humana o que las conductas humanas se rigen por unos patrones eminentemente naturales, que se resetee rápido, porque se equivoca, en primer lugar estaría cayendo en una falacia naturalista, en segundo lugar estaría renegando de la "natural" artificialidad del hombre. El hombre es el ápeiron de Anaximandro, lo ilimitado, lo indeterminado, eterna potencia creadora. El hombre es el camaleón de Pico Della Mirandola en su Discurso sobre la dignidad del hombre, capaz de devenir piedra o divinidad, animal o vegetal según quiera. Nosotros somos la existencia que precede a la esencia en Sartre, somos nada hasta que actuamos y devenimos algo. En pocas palabras, somos libertad y libertad de crear. Y mejor olvidarse de las determinaciones históricas, sociales, culturales… si bien uno no puede negar la herencia de su tiempo, está claro que los cambios no son solamente posibles, sino ineludibles, para bien o para mal. En cuanto al determinismo biológico, que se pudra, porque constituye la muerte del diálogo ético, en tanto que es utilizado como herramienta legitimadora de cualquier conducta y porque esa herramienta caería, como la mayoría de tecnologías, en manos del poder falocrático.
No somos naturales. No somos naturales ni los homos, ni los heteros, ni los bi, ni las trans, ni los curas, no se trata de que reconozcan nuestra naturalidad, qué va, si reconocen la legitimidad de la relación de una mujer casada con otra mujer, la de un hombre con otro hombre, siempre, siempre, quedará algo por naturalizar, quiere decir que siempre existirá esa barrera discriminatoria que separa el modelo heterosexual tradicional a partir del cual se organiza la sociedad de otras formas alternativas de vida que siempre han existido y que seguirán existiendo. Siempre habrá alguien al otro lado de la barrera. Lo que hay que hacer es desnaturalizar la realidad heterosexual, deconstruir cualquier tipo de construcción sexual, desde Kant el mundo es un subproducto cultural, las leyes, el nomos de la polis, ya no son sagradas. Ya no se trata solamente de qué par de cromosomas sexuales tiene la persona con la que follas, sino que la cuestión sexual trasciende el edredón en dirección a una actitud política. Y no hablo de partidos, de izquierdas, derechas, pal centro y pa'dentro, política tiene que ver con lo público, y todos participamos de lo público, somos animales políticos que diría Aristóteles yo digo que hay que reconquistar el sentido de ciertas palabras, ésta es una.
Hablo de deconstrucción de la sexualidad y de las formas en las que se organiza la sociedad, es decir, también de deconstrucción social y cultural, inserto mi discurso dentro del discurso queer. Teoría queer para todos, queer que antes de significar gay, significaba raro, inusual. Somos raros, somos freaks, somos como los freaks de Tod Browning en la película Freaks (La parada de los monstruos), somos monstruos como los hombres lobos, como Drácula y Frankestein, sobretodo como Frankestein que es el monstruo creado por el hombre, somos construcciones. El juego no consiste en no dejar que te llamen tortillera de mierda, el juego es, de repente, como en la película de Browning, en pleno banquete, en una mesa llena de enanos, deformes, tullidos, siamesas (cada una de ellas casada con un hombre distinto) en la que está sentada la perfectamente sana y bella, además de malvada, trapecista Cleopatra, dejar que el más feo de los enanos coja la copa y caminando por la mesa grite a bote pronto que la van a hacer una de los suyos, que todos los monstruos con verdadera alegría comiencen a gritar “We accept you one of us!” mientras golpean con los cubiertos en la mesa y se pasan la copa unos a otros hasta llegar a Cleopatra que, cabreadísima por la osadía de sus colegas de circo, les llama monstruos y lanza la copa a la mierda.
La teoría queer tiene que abrir el ano para absorber las prácticas heterosexuales como si de un agujero negro se tratase o abrir el ano para cagarse en ella, cualquiera de las dos opciones es válida, cualquiera de las dos me sirve. Hay que dar donde duele, hay que cargarse el privilegio ontológico del hombre blanco, heterosexual, casado y adinerado que tendrá hijos varones, blancos, heterosexuales, que heredarán y se casarán para tener hijos que nazcan con una flor en el culo como sus padres. Nada de hacerles la faena a estos hombres tan hombres, no te cagues en las trans por ellos o por ser aceptados por ellos, no tapes el SIDA para que no les duelan los ojos porque es algo que nos fastidia a todos y a todos nos tiene que doler la mirada, igualmente no condenes el uso de substancias estupefacientes porque también tenemos derecho a la autodestrucción y porque renegando a ellas te estás cargando a Rimbaud y Baudelaire, a Quincey, a Woolf, y a los putos Rolling Stones. Por favor, no le llames “moro de mierda” a nadie, aunque ellos te llamen “tortillera mierda” a ti y se señale el paquete haciéndote algún ofrecimiento de carácter altruista porque os está reventando el culo la misma polla. A los dos. A él el doble si encima es gay y pobre, el triple si encima es mujer, el cuádruple si encima es puta, el quíntuple si además es trans. Hay que hacer una ética de minorías, una ética como la Ética Marica del maricón de Vidarte, porque nosotros estamos todos jodidos porque como el puto Newton hemos descompuesto la luz blanca en un puto arcoíris, mal que les jodiera a los idealistas alemanes y por mucho que berreara Goethe.
Incluso para el amor nos dan un molde, incluso el amor es prefabricado, si encaja, encaja y si no le das un par de martillazos a ver si cuadra, sino te jodes. Amor prefabricado y pensamiento prefabricado, victorias de antiguas batallas heredadas. Me cago en el privilegio del amor sexual, eterno y monogámico, por encima de un amor heraclíteo o poligámico o no sexual. Quiero educar a mí hijo con mi amigo marica que tiene el VIH y es escritor, junto con mi amigo bisexual que estará siempre enamorado de la misma chica, junto con otra amiga escultora que además de mi amiga es mi amante y que además de mi amante es la amante de 10 personas más, y con otro par de colegas más que son unas balas perdidas y con las que podría acostarme o no, pero que las y los quiero, joder si los quiero. A ver quién es el hijoputa que viene y me dice que esto no sería una familia, o que no sería una familia salubre en la que poder tener a un hijo, o dos, míos o de otro. A ver quién es el chulo que cuestiona la validez ética de una piara epicúrea como ésta.
Olé por las madres solteras, por el movimiento okupa, por los trios de hecho, por las heteros promiscuas que son machofóbicas y denuncian los acosos laborales, por los hermafroditas que no se operarán para ser como el resto, por las trans que se operan para no serlo, por el colega heterosexual que se traviste porque se ve más guapo, por las lesbianas que llevan tacones y por las que llevan cresta, por la militancia gai, por Butler, Wittig, Preciado, Derrida, Focault, Deleuze y las transexuales que hacen performances y las pasan putas o son putas, por los verdaderos locos y los verdaderos yonquis. Por Vidarte que intentaba saltar la línea entre academicismo y vida, vida queer, vida jodida. Por aquellos que se han dado cuenta de las diferencias entre la bohemia dorada y la bohemia negra, por la diferencia entre la locura mordiendo la carne hasta desgarrarla y la locura del poeta ligeramente o incluso histriónicamente exaltado. Olé por todo lo que a pesar de ser apaleado constantemente por todas partes se tiene en pie y aguanta con algo de dignidad.