Entrar en un local de chicas con pareja parece una dicotomía.
Con mi chica no somos de ir mucho por el ambiente, pero a veces sí nos apetece entrar en algún local de chicas. De esos pequeños. Te pides una bebida, te sientas y mientras entre sorbo y sorbo te hablas al oído, miras. Sí. Miras mucho. A mi me gusta mirar. Nos inventamos historias de personajes con mi chica a partir de la comunicación no verbal de los que nos rodean. Es un juego.
En el último local, pocas parejas, quizás la nuestra la más consolidada, algunas de las que empiezan a conocerse, algún tanteo, una primera cita frustrada (le gusta más la chica de al lado. A la otra, tampoco parece desagradarle. Se miran mucho), varias bailarinas hetero-curiosas que se sienten deseadas por tooodas las lesbianas habidas y por haber (cuantas de ellas se van del local con las bragas húmedas?), algunos chicos, algún grupo de singles, y varias singles a solas. O sea que hay para buscar y repartir... un poco de todo.
Estábamos a gusto. Las dos en nuestro espacio. Nos asalta una de las singles a solas (digo asalta porque literalmente saltó por encima de un sofá para llegar a donde estábamos), de las extrovertidas, divertidas, de las que empatizan fácilmente, (primera impresión: mira que maja!, pensé yo) de las que no se cortan, de las que van pa-lante, que buscan conversación (segunda impresión: que inocente soy!) de las que echan el ojo y alargan la mano, de las que van a ligar, sin escrúpulos y sin vergüenza, pero... serà posible? (viene a por mi chica).
Reconozco que mi chica tiene muy buena planta y ese día estaba... estaba preciosa, llamativa, interesante, deseable.
Entiendo que esa chica, la llamaré Maya, (por lo de la abeja, por lo de ir de flor en flor y... esas asociaciones de ideas que se hacen, vamos!) se percatara de el magnetismo que desprendía mi chica ese día, pero... de todas las opciones que habían en el local, chicas tambien majas, con ganas de ligar, de bailar, abiertas a nuevas relaciones, tal y cual... escogió la emparejá. Con dos ovarios!!
La cosa duró lo que duró el bucle de una conversación sin sentido y unas preguntas sin respuesta. Nada. Se fue por donde llegó, esta vez dirigiendo su atención hacia donde debía haberlo hecho desde un inicio: Mujer blanca, soltera busca... a otra mujer soltera.
Con mi chica nos sonreímos, nos besamos y entre sorbo y sorbo hicímos lo que nos gusta tanto: inventar una nueva historia de un personaje al que o no supo interpretar nuestro lenguaje no verbal (muy evidente, por cierto), o le ponía más desetabilizar o crear mal rollo en una pareja (en nuestro caso, sin nada que rascar, por cierto).
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No puede generalizarse pero... hay mujeres que se complican mucho la vida. No las entiendo.
Yo no entiendo casi nada a las mujeres. Lo que dice Toscana es convincente. Sin embargo, hablando concretamente del título del tema, a mí ese comportamiento se me hace tanto de "Mayas" como de "Willies". Vamos, que ser desvergonzado e irrespetuoso no depende del sexo en sí, sino de la persona.