En la televisión de la democracia orgánica, cuando Manuel Fraga era ministro de Información y administraba a su antojo nuestra libertad -mucho antes de administrar la calle, que también era suya, como sabéis-, la vida en directo no existía.
La televisión se había inventado un sistema de retardo de la señal, conocido como bucle, para que no llegaran a conocimiento de los españoles acontecimientos que no hubiesen sido visados previamente por la censura. Una censura que, como se nos recuerda estos días, llegó a prohibir los dibujos animados de un anuncio de una conocida marca de pastillas de sopicaldo en el que una gallina iba desprendiéndose de las plumas al ritmo de una sugerente música de striptease hasta quedarse en pelotas. Santo cielo, una polla desnuda. En la cloaca intelectual de aquellos censores anidaba el convencimiento de que el dibujo de una gallina desnuda era la puerta de entrada a la revolución sexual que con los años desembocaría en la violencia de género o el matrimonio de gays y lesbianas. El sueño de toda dictadura es poder manejar un bucle sobre nuestras vidas, como en la tele, aunque sólo fuesen cinco minutos de retardo ('la vida es eterna en cinco minutos') para poder corregir la realidad a su antojo. En la retransmisión de la ceremonia de los Oscar de este año se utilizó un bucle de unos minutos para impedir que por las pantallas se colara, si no una gallina en forma de teta de la Jackson, sí un manifiesto como el de Michael Moore, el año pasado, contra la guerra de Irak y el trío de las Azores. Aquí, a los herederos de Fraga les gustaría colocar un bucle en la noche electoral por si, contra todo pronóstico, las noticias viniesen mal dadas. Absolutamente innecesario. TVE ya tiene su bucle particular desde hace muchos años. Nada de retardar las noticias, hay que aplicar el sistema Urdaci: la actualidad ni se crea ni se retrasa, sólo se transforma.
Se pone al frente de la información de la campaña electoral en la cadena estatal a un periodista como él, condenado judicialmente por mentir, y así, las mentiras de un mentiroso acaban siendo la pura verdad. Fantástico. En el futuro este hallazgo se conocerá como el silogismo de Urdaci.
Comentarios
Todavía no hay comentarios. ¡Deja el primero!