Tampoco me fijo mucho en las páginas de critica literaria, una porque el discurso crítico me parece pomposo y petulante (cuando logro entenderlo), otra porque es evidente que no son neutrales sino que se basan en operaciones de marketing (destacar a tal o cual autor/a según la editorial, su capacidad "mediática", capacidad "vendedora", etc etc) y finalmente porque rara vez se habla de literatura de temática lésbica, que es la que mayormente me interesa. Nuestras autoras no existen, no las registran, son invisibles aunque sean buenísimas.
Estoy con riggie y wee-ko en que lo que más me atrae de una novela es que me incumba, me atrape, me entretenga o me pille de tal manera que no pueda dejar de leerla. Soy una lectora "de tirón", si no la leo de un trago es que algo falla. En mí, claro, no necesariamente en la novela, jaja. Y en cuanto a la calidad le pido a un libro que tenga dos componentes esenciales: qué cuenta y cómo lo cuenta. Incluso me puede interesar el qué cuenta, pero si considero que está mal escrito, quita, quita. Y para mí "mal escrito" es una narración de lenguaje común y corriente, con personajes faltos de personalidad, diálogos que están porque los personajes algo tienen que decir, por echar la lengua a pacer, repeticiones, el dar vueltas a un tema y no soltarlo como si la autora o autor no supiera para donde viene ni para donde va, en fin, el escribir por escribir, algo así como si yo garabateara con lápices de colores y pretendiera exponer en el Gughenheim.
Esta es la crítica que en otro post hacía a la mayoría de nuestras escritoras de "temática": me parecen novatas, de taller literario, no trascienden la mera escritura ni vuelan a otros mundos, esos que te hacen parar la lectura y decir: hostia, esto no lo había pensado jamás de esta manera, mira que descubrimiento...De alguna manera lo que leo debe proponerme algo nuevo, inesperado, cosas que en la vida se me pasaron por la cabeza y que sin embargo de de pronto las leo y me dejan patitiesa.
O sea: me gusta lo que me pilla, me entretiene y a la vez me muestra aspectos de la vida que desconocía y me aportan conocimiento ¿Esto es escribir bien? Para mí, si.
Tampoco me gusta lo contrario, es decir, esos tochos que los críticos alaban porque se supone que están escritos divino de la muerte pero a mí no me enganchan por ningún lado, es más, me parecen plastas. De La insoportable levedad del ser, por ejemplo, dicen que es un hito en la literatura. Vale, pero a mí me aburrió más que las ovejas y no pude con él. O sea que para que me guste un libro tiene que meterme en su piel, que yo me sienta parte y arte de lo que cuenta y cómo lo cuenta, que me implique, como decía más arriba. Si me aburre, o es previsible (algo que me sucede con casi todas nuestras escritoras) mira, ancha es Castilla, con tanto para leer para que obligarme a algo que no me da gustito alguno. Odio a Sabina, por ejemplo: ¿me voy a masacrar oyéndolo porque se le considera un divo? Ni loca, escucho lo que me va y punto.
Claro que todo esto es muy personal, cada cual sabe qué le va y qué no le va de determinadas lecturas, eso de cajón. Yo quiero disfrutar con lo que leo, sonreír, llorar si es preciso, pero que me cuenten una historia estupenda y que me la cuenten bien, sin balbuceos o a trompicones. Por eso admiro a Guzner y Bellver: me atrapan las historias que proponen y me parecen muy bien contadas, con imágenes hermosas, o duras, o divertidas, pero me llevan a otra parte y aprendo montón, además de pasar un rato genial.
¡Vaya tocho, calimocho! jajaja