Orgullo de católico gay

La lectura de un documento en defensa de la homosexualidad en una misa presidida por el obispo de Bilbao reabre en la Iglesia vasca el debate sobre los derechos de este colectivo Fue el pasado 25 de abril, con motivo del noveno encuentro diocesano Bake Topaketa, que todos los años organiza en Urkiola la diócesis de Bilbao para reivindicar la paz. En el santuario, cientos de jóvenes católicos participaban en la eucaristía presidida por el obispo Ricardo Blázquez sin intuir el 'escándalo' que se avecinaba. Después de la homilía, una de las personas que debían dar su testimonio sobre el Tercer Mundo falló y en su lugar tomó la palabra un miembro del movimiento de base Somos Iglesia-Eliza Gara. Pero no habló del tema que estaba previsto. El joven reconoció su condición de gay y leyó un documento elaborado en el 'VI encuentro estatal de cristianismo y homosexualidad'. «No existe contradicción entre la vivencia plena de la fe y la homosexualidad. El conflicto surge de la homofobia de ciertos sectores oficiales. (...). Reclamamos la plena igualdad de nuestros derechos civiles, como el matrimonio y la adopción como pareja», argumentó. Los aplausos inundaron el santuario, aunque las críticas por parte del estamento eclesial no tardaron en llegar. El Obispado de Bilbao ha descartado valorar lo ocurrido en Urkiola. Tampoco han querido profundizar los portavoces de Somos Iglesia-Eliza Gara, una de las corrientes más progresistas dentro de la Iglesia y con implantación en numerosas ciudades españolas. Sin embargo, han distribuido un comunicado por las parroquias vascas con el fin de explicar los motivos que les llevaron a actuar así -«ocultar o reprimir las discrepancias es una forma equivocada de celebrar la comunión»- y alertar de las posibles medidas que podrían adoptar las «autoridades diocesanas», como revancha, en un futuro: «Es probable que tomen cartas en el asunto y asuman decisiones duras para evitar que estas cosas se repitan. Esto incluirá, probablemente, la no renovación de contrato a personas vinculadas laboralmente con la diócesis que se han implicado en este asunto» -en alusión al responsable de Juventud, un laico con el que este periódico ha intentado contactar sin éxito-. David Montero, portavoz de la Asociación de Gays y Lesbianas del País Vasco, Gehitu, ha reconocido a este diario que el documento leído en Urkiola fue redactado por un «coordinador católico de la organización». Según su versión, «cuando el chico se bajó del púlpito, después de hablar del papel de la mujer en la Iglesia y la homosexualidad y la fe, se le acercó un vicario y le dijo que lo que había hecho era 'una canallada'. Varias personas que estuvieron presentes también me comentaron que al obispo se le cayó el báculo de las manos durante la lectura del testimonio». Lo sucedido en Urkiola se ha convertido en la 'comidilla' de todas las parroquias y aunque amplios sectores de la diócesis comparten el mensaje defendido por Eliza Gara, la controversia surge al valorar la forma de escenificar la reivindicación, según las fuentes consultadas por este periódico. Hay quien entiende que «sin luchar no se consigue nada», pero también quien matiza que «hacerlo así, aprovechándose de la situación, es una traición a los organizadores». De cualquier forma, esta polémica ha reabierto el debate sobre los derechos de los gays en el seno de la Iglesia católica vasca. En el documento difundido por Eliza Gara, el grupo se pregunta «en qué momento público, organizado por la diócesis, se va a poder hablar con libertad de algunas cosas: plena igualdad de la mujer en la Iglesia, plena aceptación y equiparación de derechos para personas heterosexuales, homosexuales o de otras orientaciones, y el celibato como fruto de la libre elección personal», entre otros preceptos. La polémica ha alcanzado tanta repercusión, que Eliza Gara ha organizado un encuentro, que se celebrará el 5 de junio en el centro cívico de La Bolsa (Casco Viejo de Bilbao), con el objetivo de «charlar sin interferencias». «Falta de confianza» El grupo también lamenta que «uno pueda ser crítico con las multinacionales, el Gobierno y la violencia, pero no con la propia Iglesia». Los integrantes de Eliza Gara, a los que el Obispado acusa de haber utilizado la reunión de Urkiola para leer un mensaje de Gehitu, un colectivo ajeno a la Iglesia, advierten de que «ante un reparto tan poco simétrico de la autoridad y la confianza, sólo parece haber dos alternativas, o desilusionarse con la Iglesia y alejarse de ella, como hace tanta gente, o cerrar los ojos a la discriminación que en ella se hace de algunos colectivos». Todos los expertos señalan que las confesiones públicas de homosexualidad por parte de personas vinculadas a la Iglesia «ya no sorprenden a nadie». Enrique Miret Magdalena, teólogo seglar y ex presidente de la asociación Juan XXIII, afirma que «el fenómeno siempre ha estado presente en la Institución católica, pero se mantenía oculto». Hace años, el Vaticano emitió un escrito titulado 'Dicasterio sobre la educación católica', en el que reflexionaba sobre las relaciones entre las personas del mismo sexo. De una forma precisa, describe que la homosexualidad puede deberse a dos causas: innatas o adquiridas. «En este último caso, la Iglesia cree que las personas pueden reeducarse y cambiar. Pero el problema reside en el primero de los supuestos, ya que la Santa Sede no se atreve a dar una opinión clara y se limita a hablar del 'respeto' hacia esas personas», aclara Miret Magdalena.

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