También deglutían en el lugar apuestos hombres de avanzada edad, caracterizados por una barriga que desafiaba a la propia gravedad, así como por un uso, cuando menos extraño, de la combinación entre gallego y castellano.
Departían, convencidos de su razón, sobre una noticia que había salido en la tele, concretamente la de la manifestación del próximo sábado "a favor de la familia". Y explicaban, así, para deleite de todos los presentes en el bar, que por 20 euros podías ir y volver en el autobús a la dichosa manifestación.
Entonces pedí a Dios. Por el amor de Cristo!, que se callen que me estoy alimentando y tengo propensión a los ardores!! Pero Dios no me escuchó, porque seguían dando detalles de cuan grandes eran las ganas de realizar tal viaje, a la par que ponían cara de hez cuando aparecían en la pantalla los defensores de ese colectivo de gente tarada que son los homosexuales.
Pensé en enfadarme con Dios, pero hace demasiado calor para tal cosa, así que lo que llevo haciendo desde ayer es pedirle un gran favor. Y es que, puesto que no resulta demasiado difícil adivinar a qué partido votarán todos los acólitos de la moral católica --no importa que vayan a putas, al menos son putas y no putos--, quiero que ocurra algo en la noche de vuelta.
Pido un tornado o una lluvia torrencial que impida retornar a los buenos señores a la hora de votar. Que vueltan todos, eh, pero que vuelvan el lunes o el mismo domingo después de las 20.00 horas. Me iba a reír tanto, que hasta le perdonaría a Dios que no me hubiese respetado ayer la hora de comer.