Annette Bening, Kristin Chenoweth y Gabrielle Union interpretan a mujeres que aman a mujeres en la versión cinematográfica del betseller Recortes de mi vida de Augusten Burroughs que se estrena este viernes 26 de Enero en España.
Al mismo tiempo una vertiginosa comedia y un drama humano profundamente conmovedor, RECORTES DE MI VIDA es el cautivador cuento de cómo un joven sobrevive a una infancia de pesadilla —manteniendo el sentido del humor y el del perdón intactos. La película es la interpretación del escritor y director Ryan Murphy de las memorias personales de Augusten Burroughs. En la película, Murphy no sólo cuenta la historia de los años 70, retorcidos y fuera de control, sino que también ha construido una historia sorprendentemente universal sobre el extraño poder de las familias, el asombro de la juventud, la locura de la edad adulta y la revelación de encontrar tu camino a pesar de todo.
La película comienza en 1971, cuando el niño de 6 años obsesionado con la limpieza y agudo observador, Augusten (JOSEPH CROSS), se siente atrapado entre sus padres con problemas: su madre Deirdre (ANNETTE BENING) es una poeta confesional, por no mencionar inestable, que no ha llegado a publicar nada y que está desilusionada por no haber sido famosa. Su padre Norman (ALEC BALDWIN), es un profesor de matemáticas alcohólico que hace tiempo que dejó de intentar solucionar los enigmas de los problemas de su mujer o del comportamiento precoz de su hijo.
Cuando el matrimonio de los Burroughs se rompe en pedazos, Deirdre acude a terapia con el excéntrico Dr. Finch (BRIAN COX), un psiquiatra muy poco convencional que toma a la familia bajo su cobijo. Desde el principio, Augusten sospecha de las peculiaridades del Dr. Finch —en su oficina hay, entre otras rarezas, un Masturbatorio donde el buen doctor se relaja en medio de las tediosas sesiones. Pero cuando el Dr. Finch fracasa en el intento de salvar el matrimonio de los Burroughs, la vida de Augusten da un giro todavía más brusco. Mientras que a Deirdre la mandan a un motel a continuar su terapia con la ayuda del Valium, a Augusten lo envían al hogar de la familia Finch —una especie de mundo en plan Tribu de los Brady a lo loco donde algunas galletas de perro son aperitivos, los sedantes se toman como caramelos y las grandes profecías surgen en el baño.
Mientras Augusten se convierte sin darse cuenta en parte de la familia —que también la forman la atontada Sra. Finch (JILL CLAYBURGH), la hija beata, Hope (GWYNETH PALTROW), la hija disco-rebelde, Natalie (EVAN RACHEL WOOD) y Neil Bookman (JOSEPH FIENNES), el hijo adoptado y perturbado de 35 años de los Finch, que vive en una cabaña en la parte de atrás de la casa— descenderá a los infiernos de una especie de niñez surrealista. Aún así, también encontrará optimismo entre el horror, risas en la locura e incluso amor entre las ruinas sin nunca perder el espíritu ni la resistencia. Al final, Augusten sobrevivirá a las circunstancias más extraordinarias.
DEIRDRE BURROUGHS: ANNETTE BENING EN EL PAPEL DE UNA MADRE DESILUSIONADA POR NO ENCONTRAR LA FAMA Y LA LIBERTAD
Para Ryan Murphy, uno de los
personajes más importantes de la película siempre fue
Deirdre Burroughs, que no sólo provoca los acontecimientos de
la historia sino que se muestra como una mujer de su época
profundamente complicada y fascinante bajo sus, a menudo,
dolorosamente divertidas palabras y acciones. Empieza la película
como co-conspiradora y confidente de Augusten pero, sacudida por
salvajes cambios de humor bipolares y un anhelo insaciable de éxito
artístico, lo abandonará más adelante en una
traición que él tardará muchos años en
poder perdonar.
De algún modo, Murphy vio a Deirdre como una mamá típica de los 70, confusas y divididas entre sus papeles de matriarcas autosuficientes y los sueños feministas de “auto actualización de la sociedad”. También la veía como el tipo más trágico de artista —el tipo de artista cuyo trabajo nunca llega a las altas cotas de sus ambiciones. Aún así Deirdre también era víctima de su propia química desordenada, era una mujer que trataba desesperadamente de sobrevivir a un paisaje interno de desilusiones fuera de control.
Murphy comprendió que necesitaría una actriz extraordinariamente versátil para conseguir esa particular mezcla de humor, enfermedades, psicosis y corazón roto de Deirdre —y es por eso que la nominada a múltiples Oscars, Annette Bening fue una de las primeras actrices contratada para la película.
“Tienes que ser capaz de sentir empatía por Deirdre, un personaje que no siempre cae muy simpático”, explica Murphy. "Annette, que ha querido hacer una película sobre enfermedades mentales desde hace muchos años, era capaz de eso. Ese es su don. El suyo es uno de los retratos más desgarradores que he visto sobre la enfermedad mental. Era muy específica y estaba muy preparada. Investigó mucho y habló con muchas autoridades. Sabía cómo hablaría alguien de una droga, cómo debía arrastrar las palabras, dónde su enfoque debía desaparecer ligeramente. Se aseguró de que siempre contara la verdad".
Murphy admiraba especialmente la buena disposición de Bening para asumir muchos riesgos interpretando a una madre que finalmente abandona a su hijo y lo coloca en una posición peligrosa. “Era muy importante para Annette que, aunque no estuvieses de acuerdo con lo que hizo Deirdre, comprendieras porqué lo hizo”, dice el director. “Trabajamos muy duro para presentar ambas caras del personaje porque si no estaba cuidadosamente modulado, podría convertirse en una Medea de hoy en día. Annette hizo una actuación realmente atrevida y se lanzó a tope. No muchas actrices estarían dispuestas a ser expuestas, desnudadas o colocadas en la palestra así".
Bening se hizo fan del guión inmediatamente. “Lo que me encantó es que es la historia de alguien que no sólo vivió una experiencia terrible, sino que vivió para contar la historia con ingenio, inteligencia y comprensión", dice. "Lo que realmente me conmovió es que Augusten fuera capaz de enfrentarse a su pasado y seguir adelante”.
Bening enseguida vio a Deirdre, a pesar de su desastroso paso por la maternidad, a través de un kaleidoscopio. “Creo que es una mujer con mucha pasión que quiere a su hijo pero que también tiene que luchar contra el estar muy enferma", observa. "Es una mujer perdida en la búsqueda de algo en su interior. También es una gran diva, llena de humor, energía e inteligencia —una mujer muy compleja”.
Pero aunque Bening encontró intrigante la vida interior de Deirdre, no excusa sus acciones, que trajeron muchos problemas a la vida de su hijo. “Siento empatía por ella, pero eso no significa que la historia le tenga cariño”, anota. “Toma muchas elecciones que, como mínimo, son muy destructivas. Creo que quería mucho a su hijo —pero también empezó a verlo como alguien que le impedía expresarse, sexual y creativamente”.
En su incesante deseo de libertad y expresión, Bening también vio a Deirdre como un producto de la América de los 70. "La historia tiene lugar en medio del Movimiento Feminista cuando se estaba produciendo un gran cambio y creo que tiene mucho que ver con la propia búsqueda de Deirdre por descubrirse a si misma”, comenta la actriz. “Deseaba ser liberada de su vida doméstica, romper con todo y ser libre para escribir. Creo que para mucha gente que siente la llamada creativa, que siente que hay algo dentro de ellos que necesita salir, escribir, pintar o cantar, es como el oxígeno. Deirdre sentía que necesitaba eso para sobrevivir".
Para profundizar aún más en la psique rota de Deirdre, Bening no sólo consultó a expertos en psiquiatría sino que tuvo muchas conversaciones intensas con Augusten Burroughs sobre la vida a la sombra de los movimientos del péndulo de su madre. “Me resultó de mucha ayuda y además fue muy conciso”, dice. “Tiene una gran memoria para los detalles”.
Burroughs estaba igualmente impresionado con Bening. “Las preguntas que hacía no eran del tipo ‘¿cómo se reía tu madre?' Nunca hacía preguntas como esa. Hacía preguntas de historia, sobre las relaciones y la cotidianeidad de la familia, sobre esperanzas y sueños e incluso sobre lo que significa una familia. Eso preguntaba”.
Finalmente, Bening llegó a ver a su personaje como una persona problemática que, sin embargo, transmitió algo más que los genes de la excentricidad a Augusten. “Deirdre cometió muchos errores criando a su hijo, pero también creo que tenía el truco para sobrevivir dentro de ella misma”, dice Bening, “Y esa debe de ser la gran cualidad que transmitió a su hijo porque Augusten se convirtió en un superviviente increíble”.
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