weno xicas, despues d esto, no se si poneros lo q escribi en una de mis noxes d soledad..., xq stoy viendo q el nivel es demasiado alto. bueno, ai va..., perdonadme si soy demasiado pesada.
Me encontraba tumbada en mi cama, sin sentir, sin pensar. De mis ojos brotaban fuentes de dolor, pero no sabia cual era el motivo. Quizá, seria la tristeza, el vacío, la desesperación, cualquiera de esos sentimientos serian capaces de causar mi llanto, pero yo no era así. Me dispuse a investigar cual era la causa de este estado, pero algo dentro de mí me lo impedía, era la misma sensación punzante en el pecho que me quería ahogar, quería acaba con esta tortura diaria, pero una parte de mí se resistía a acabar con todo sin encontrar el porqué.
Sin saber cómo, me adentré en mí, creía que era un sueño, pero aquel sueño sólo era un retroceso en mi vida, de aquellos momentos que consideraba importantes, de aquellos momentos en los que me encontraba bien. Pero eso, ¿desde hace cuanto tiempo? Creo que había perdido la cuenta.
Intenté recordar mi infancia, pero sólo tenia una vago recuerdo de mi abuelo, y poco más, quizá esa época tampoco fuera muy importante en mi vida, pero por lo menos no era consciente de lo que era el sufrimiento. Seguí mi recorrido, pero no conseguía encontrar ningún momento en el cual me sintiera feliz, plena. A los 10 años encontré un grupo de amigas, a las que quise y sigo queriendo como he querido pocas veces, con ellas tuve buenos y malos momentos, pero lo más importante es que siempre estábamos juntas. Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar, por lo menos en mí. Un día me levanté, y sin saber por qué, algo de mí había desaparecido, aun no he descubierto lo que era, pero necesito saberlo, antes de que el pensamiento que se mantiene patente en mí, se haga realidad. El tiempo se agotaba, mi vida era como una bomba de relojería, que de un momento a otro estallaría.
Recuerdo a mis primeras amigas, eran dos, Julia y Paula. Al principio estábamos muy bien, había mucha confianza, pero un día, dos personas aparecieron en mi vida, como un destello de luz, que me dejó deslumbrada, y fue con ellas con las que realmente descubrí el sentido de la palabra amistad, ellas eran Raquel y Patricia. Eran hermanas, que habían llegado nuevas al colegio donde estudiaba. Nuestra relación pronto fructificó, y desde ese momento empezaron a llegar los problemas, celos, envidias, pero a mí me daba igual, ya que esa sensación de seguridad y comodidad nunca la había experimentado y valía la pena luchar por ella. La relación con Raquel se convirtió en una amistad muy especial, superior a cualquier otra, me apoyaba, me ayudaba, llorábamos y reíamos juntas, no necesitábamos nada más que nuestra compañía para olvidar al mundo y sentirnos felices. Sin embargo, todo empezó a cambiar, bueno, mejor dicho, empecé a cambiar.
Llegué a la adolescencia, y no sé si ese fue el motivo, pero me sentía rara, distinta, perdida, no sabia quién era, qué quería, no me reconocía, me miraba al espejo, y la figura que me mostraba me producía asco, miedo, repulsión
Soy tan sumamente cobarde, que a la primera tiro la toalla, dejo de luchar, porque según a mi entender y mi forma de pensar un desgraciado me ha robado mi dignidad, mi persona, mi todo. Quizá esté exagerando, porque ni siquiera llego a consumar lo que intentó, pero para mí es más que suficiente.
Aunque intentaba no pensar en ello, evadirme en la música, con mis amigos, en mi entorno, no conseguía hacerlo. Ya ni siquiera ese preciado mundo, como es el mundo de los sueños, me conseguía separar de mi particular pesadilla constante.
Me esta denegado el acceso, bueno, mejor dicho, yo me he denegado el acceso, porque no soy capaz de concentrarme en otra cosa, sólo con cerrar los ojos, revivo cada instante de terror, cada sudor frío que recorría mi cuerpo. Y ahora, esta suciedad constante, ese malestar que ni el agua más pura consigue quitarme. Quizá este sea el problemilla que me ha hecho llegar a estos extremos, a este punto en el que la libertad para mí es una simple utopía, ya que estoy encerrada con cadena perpetua en esta cárcel como es mi persona, y tampoco se me concede la pena de muerte para terminar de una vez con esto.
Estoy luchando, o por lo menos eso quiero creerme, pero cada día que pasa veo más claro que todo esto es inútil, porque aunque exteriormente ya parezco la de siempre, y las personas de mi alrededor se creen que ya he conseguido salir de ese pequeño bachecillo en el que caí, yo sé perfectamente que eso no es así, simplemente intento encerrarlo en lo más profundo de mi ser, para que no consiga salir a la superficie otra vez, y vuelva a machacar a todas esas personas que hay a mi alrededor.
Finjo tener ilusiones, que vuelvo a tener ganas de vivir, e incluso hay veces que llego a creerme que la que está actuando para el resto soy yo, que vuelvo a ser la de siempre, pero no, al momento me doy cuenta de que cuando intento, cuando quiero seguir y disfrutar con lo que tenia, no me dejan, hay algo que me lo impide y que no logro saber con exactitud lo que es.
Mis fuerzas han entrado en mínimos, y las estoy utilizando quizá, en lo que no debería, pero creo que es lo mejor, porque aunque yo no consiga salir de esto, por lo menos conseguiré que hasta que ya no pueda más, el resto esté contento y sigan con su vida como si nada pasase. Ya no tengo fuerzas ni para llorar, para expresar la soledad que llevo dentro, esa furia y esa rabia por saber que hay algo que me esta ganando, esa impotencia, pero a la vez esa tristeza tan profunda como las aguas del océano y esa intranquilidad que no me deja conciliar el sueño.
Hay algo dentro de mí, que me pincha, me golpea, que intenta salir, y al final lo va a conseguir reventando mi pecho, y de esta forma, acabando con lo que hace unos años pensé que era una vida estupenda.
Estoy cansada, muy cansada, y hay días en los que no sé como llego a funcionar, y a tirar de mí misma. Sé que así no puedo continuar, porque no voy a ser capaz de soportarlo mucho tiempo. Ya lo estoy notando en mis estudios, que aunque ha sido levemente, y espero que no pase de ahí, he bajado, porque estoy perdiendo la concentración.
Los problemas que supuestamente expreso a la gente son quizá, una desesperada excusa de que entiendan el porqué estoy así, pero claro esta, que les parece insuficiente. Los entiendo, pero es algo que no consigo descifrar.
Después de que consiguiera disimular mi tristeza y apatía, me di cuenta de que aquel año había transcurrido para el resto del mundo, dejándome fuera de él. Cuando intenté integrarme de nuevo, las cosas habían cambiado mucho, quizá demasiado. Y fue entonces cuando realmente me planteé cual era el sentido de mi vida. Me paré a pensar que es lo que tenia en esos momentos, y me di cuenta que nada, solamente mi soledad y yo. Hay personas que pensaban y piensan que mis caras y actuaciones son para llamar la atención, se equivocan, y ¿sabes por qué? Porque hoy ha llegado el momento de decir adiós.
Una parte de mi esta convencida de que quiere hacerlo, pero otra, sigue ceñida a sus creencias y a la gente que quiero. Pero sabes perfectamente que tienes que seguir adelante. Estás haciendo sufrir a la gente que más quieres, estás complicando relaciones, y hundiendo a las personas. Dime tú que es lo que me queda aquí, porque aunque lo tenga todo no tengo nada.
Estoy cansada de todo, estoy volviendo a fingir, pero no sé cuanto tiempo me durará la máscara. No puedo seguir mas tiempo así, y ya que no encuentro una salida y soy una cobarde que se ha cansado de luchar, pues saldré por la puerta de los arrepentidos, la más fácil. Tienes que dar el paso, sé valiente y échale valor, es lo mejor. Verdaderamente estoy llegando a asustarme, estoy hablando conmigo misma, intentando convencerme de que tengo que dar el paso más importante de mi vida, quitármela.
¿Por qué tendrá que existir tanta confusión? Con lo fácil que seria o blanco o negro, pero no, tiene que existir más variantes y por lo tanto, las dudas. Yo no estoy preparada para aguantar esto, me estoy desbordando y ya soy incapaz de ayudar a las personas que me lo están pidiendo a gritos. No doy pena, doy asco, repugnancia. Pero estoy tranquila porque sé que tendré el castigo que me merezco, y ese si será eterno.
Después de todas estas reflexiones he decidido que escribiré mi ultima carta, para aquellas personas que quieran hacer un último intento de entenderme, y no juzgarme simplemente por los hechos, aunque sé que va a ser difícil
CARTA DE DESPEDIDA
26 de mayo de 2004
Querida soledad:
Esta noche llegará al fin mi liberación, el fin de un infierno vivido durante 16 años que no tenía salida. Hoy, 26 de mayo me siento delante de este papel para escribir con mi sangre y mis lágrimas el sufrimiento que ha acabado conmigo. Estoy segura de que mucha gente cree que esto es insuficiente para hacer lo que voy a hacer, pero para mí lo es.
¿Por qué hemos de ser tan crueles? Incluso con nosotros mismos, el daño que podemos causar es incalculable. No quiero culpar a la sociedad de mi estado, porque quizá la única culpable haya sido yo, con mi actitud, pero las fuerzas, se han escapado lentamente, sin que me llegara a dar cuenta, hasta que un día me desperté, me sentía rara, como si algo dentro de mí tuviera vida. No le di mayor importancia porque sería algo normal teniendo en cuenta que era época de exámenes, de esto hace ya tres meses. Pero eso no era la razón, empecé, sin darme cuenta a encerrarme en mí misma, dejé de hablar con mis compañeros, los profesores me preguntaban, pero yo ni siquiera contestaba, no era consciente de lo que me pasaba, pero me percaté de que algo no iba bien. Resulta que ése fue el día en el que mi ser dijo basta, ya no tenía ganas de seguir luchando por nada, incluso dejó de ilusionarme la idea de conseguir independizarme La relación con mis padres nunca había sido buena, pero ellos no tenían la culpa, simplemente fue el tiempo, que actuó como una bomba de relojería contra mí.
Yo, siempre he sido una chica muy reservada, nunca contaba lo que me pasaba, si estaba bien o mal, siempre estaba igual, así nadie sospecharía de mi nerviosismo interior, y ahora todo eso ha explotado y me encuentro planeando cómo y cuando me quitaré la vida para conseguir que mi alma camine libre, sin estar encarcelada en este sucio cuerpo que la retiene.
Diariamente se escuchan en las noticias nuevas muertes, violaciones, secuestros y yo, sentado en mi sofá, me sumerjo en un mundo lleno de injusticias del que me gustaría desaparecer. Cada atardecer es lo mismo: mi soledad, la televisión y yo, mientras veo pero no observo, oigo pero no escucho, y me quedo petrificada como el ser más inerte que habita en la tierra. Luego, tras horas de pasividad, algo de mí reacciona y me devuelve, de un batacazo, a la terrible realidad, y, para intentar acallar esa voz sedienta de sangre, deambulo por las calles, como un perro sin amo, hasta encontrar el primer bar donde ahogar esos sentimientos que no me permiten, ni siquiera, dormir. Supongo que os chocará el que una cría de mi edad haga eso, pero el alcohol y las drogas son los únicos sedantes que consiguen suavizar el dolor que tengo en el pecho
De pequeña me engañaron, me dijeron que la vida era un bello camino a recorrer, pero no me dijeron lo que de verdad me podía encontrar en este arduo sendero, ni tampoco me advirtieron que me podría perder en él si bajaba la guardia.
Estoy en un mundo sin reglas, el único gobernante es el dinero, y para llegar hasta el vale todo, humillarnos, pisotearnos, matarnos, cualquier cosa es válida, siempre y cuando no se lo quitemos a otros con más poder que tú, porque entonces, amigo, ya estás hundido para el resto de tus días, si es que consigues sobrevivir en esta selva.
Los alientos de ánimo no llegan hasta mi corazón, sencillamente, porque ya no tengo, se evaporó cuando lo di todo por alguien, que para mí, fue y creo que, por desgracia, seguirá siendo la persona a la que más quise en mi vida. La quise con todas mis fuerzas, lo di todo por ella, intenté hacerla feliz pero nada de eso le fue suficiente, ella quería más y más, hasta que después de chuparme toda mi vitalidad, me dejó sin decir nada, sólo un simple adiós.
Por eso, odio el poder, odio el dinero, odio el amor, odio la amistad y sobretodo, me odio a mí. Odio mi cobardía por rendirme y no saber lo que hacer, odio mi forma de ser, odio mi cuerpo, pero, por fin, he encontrado la mejor solución, desaparecer. Nadie me echará en falta, incluso le haré un favor a esta sociedad egoísta, sólo mi soledad pensará en mí, pero creo que incluso mas allá de la barrera entre la vida y la muerte, me seguirá acompañando como una sentencia por mi humillante postura.
No sigáis mis pasos, no dejéis que el miedo pueda con vosotros, no dejéis que os coma la oscuridad y no perdáis las fuerzas desperdiciándolas en cosas sin importancia. Nada ni nadie merece la pena, así que vivid vuestra propia vida sin contar con nadie, la sociedad de ahora es así, porque sino acabaréis como yo, sumida en la total desesperación e impotencia, ahogada en esta noche de luna nueva que nunca terminará para mí, ya que nunca más volveré a ver el sol.
HASTA NUNCA CRUEL SOCIEDAD, UNA DE TUS ESCLAVAS DE MARCHA
Anónimo