Brokeback Mountain, la última película de Ang Lee, venía precedida de unas grandísimas expectativas tras su estreno en Estados Unidos. Desde el subtítulo de la misma, “En terreno vedado”, se nos anunciaba una historia de amor prohibida, en los márgenes de lo permitido entre, dos vaqueros en el oeste americano de los años sesenta. Premisa enormemente prometedora y sugestiva.
En efecto, no son pocos los atractivos de la película del taiwanés, empezando por la recuperación de un género como el western, que parecía haber dado sus últimos coletazos en los pasados años noventa. Más importante y sugerente es la visión suvbersiva de un género que se ha considerado estandarte y preservador de los valores de la masculinidad más normativa y opresiva. Si el western siempre ha dejado ver en su hipermasculinadad una homofobia que podía reflejar una homosexualidad latente en aquellas viejas historias de camaradería entre vaqueros, y si, no en vano, el cawboy ha sido y es un icono gay contemporáneo, Ang Lee llega en esta historia a dinamitar las costuras de la tensión sexual del western clásico para ofrecernos una explícita relación entre dos hombres vaqueros, amigos primero, amantes después. En este sentido, podemos destacar el acertado tratamiento de la relación física entre los protagonistas. Una relación que se manifiesta con violencia y con ternura. Así el continuo cuerpo a cuerpo, el choque y la potencia de la masculinidad dejan ver la rabia de una sexualidad prohibida y reprimida, ansiosa por expresarse.
Apoyado en una fotografía admirable y una música acertada, Ang Lee construye una historia reposada, de tempo lento y contemplativo, al abrigo de los fantásticos paisajes de Brokeback Mountain, ese territorio que recuerda al Monument Valley de John Ford y que pasa a ser más que un escenario, un símbolo de la libertad para amar y también de la imposibilidad de vivir al margen de las normas sociales. Así, las montañas de Brokeback reflejan al tiempo la pureza y la inocencia propias de los sueños de juventud, en un estadio anterior a la norma, salvaje. Sueño éste que será perseguido en vano por los protagonistas durante el resto de sus vidas y que llega a quedar petrificado como una nostálgica postal.
Brokeback Mountain nos ofrece además el retrato de unos personajes, Ennis del Mar y Jack Twist, estupendas interpretaciones de Heath Ledger y especialmente, Jake Gyllenhaal, incapaces de superar las exigencias de la heterosexualidad obligatoria, que cae sobre ellos como un destino inexorable.
Sin grandes escenas de homofobia, de una manera muy contenida, simplemente, la vida va pasando mientras los personajes son incapaces de salir del cerco de Brokeback Mountain. También nos ofrece la película la visión de los efectos de esta historia de amor imposible sobre el resto de personajes- entre los que destaca la convincente actuación de Michelle Williams-, todos ellos incapaces de comprender el drama de los protagonistas.
Sin embargo, y a pesar de sus aciertos, Brokeback Mountain acaba diluyéndose desde un arranque fuerte e intenso, a través de un metraje quizá excesivo, durante el cual va perdiendo fuerza. Así la película va convirtiéndose en una serie de encuentros a través de los años, en los que siempre queda aplazada la esperanza de una vida mejor. Con una labor de maquillaje que no ayuda a dar verosimilitud al paso de los años, la película acaba reiterando sus planteamientos sin ofrecer más giros argumentales que un desgranarse del tiempo que se escapa llevándose la juventud y los sueños de los protagonistas. Ang Lee acaba firmando una película demasiado fría para las tensiones que acumula, y por eso una se queda contagiada de una frustración similar a la que embarga al personaje de Jack ante la pasividad de Ennis.
Así, ni la pasión, ni la presión homofóbica, ni el dolor, ni la violencia acaban de estallar en una película que no se puede acusar de sensiblera (se agradece al director que no caiga en lo melodramático al final del film cuando había oportunidad para ello), pero que acaba pecando de demasiado contenida. En definitiva, Brokeback Mountain tiene el lirismo y la belleza de una tormenta de verano que, sin embargo, y a pesar de oler a hierba mojada, no llega nunca a descargar. Una pena.
Comments
Todavía no hay comentarios. ¡Deja el primero!