Ser homosexual en un pueblo pequeño es estar dentro del armario llamando a la puerta de salida, pero dando golpecitos pequeños, sin usar toda tu fuerza, casi silenciosos, sólo para que no se abra.
Si eres gay eres guay, ser gay es guay, si eres lesbiana lo tienes un poco más difícil, pero no imposible. No es tu problema ser gay o lesbiana en un pueblo pequeño, el problema es del resto de tus vecinos.
Aunque hoy en día la homosexualidad ya no es un pecado capital, en algunos lugares de España, y del mundo, sigue siendo bastante difícil vivir la vida como tal. Sigue habiendo países en los que matan a la gente por ser homosexual, así que en España podemos darnos con un canto en los dientes. Aun así lejos se está de tener el reconocimiento que el resto de los mortales. Ser homosexual es un debate nacional al estilo de la educación o la sanidad, todo el mundo opina, todo el mundo sabe, hasta el más heterosexual de los heterosexuales.
Una vez conseguido el matrimonio entre parejas del mismo sexo, se lucha por la adopción. Ésta va a ser una lucha larga y cruenta puesto que en ella hay otra persona implicada, el niño o la niña, y entran en la batalla psicólogos, Gobierno, padres y madres, asociaciones y el más heterosexual de los heterosexuales.
Mientras en las grandes ciudades ya se está luchando por la adopción, en los pueblos a ninguna pareja del mismo sexo se le ocurriría jamás casarse. Primero tendrías que encontrar a un “rarito” como tú y en el improbable pero afortunado caso de que fuera así: “¿Qué pensarán mis padres? ¿Qué dirá la gente? ¿Qué dirá la gente de mis padres?”. En los pueblos se sigue luchando por el reconocimiento como persona de los gays y lesbianas que todavía no se atreven a salir de sus armarios. Todavía falta mucho para que la sociedad entienda que estas personas son normales, no padecen ningún tipo de enfermedad o trastorno y quizá no quieran salir de sus armarios hasta que estén seguros de que el resto lo hemos entendido. Es curioso porque todos hemos oído miles de veces eso de “yo tengo un amigo gay” pero el distanciamiento físico no sea que me haga algo, esas miradas de reojo y esos cuchicheos siguen estando ahí, aunque tengas amigos gays. Al igual que todo el pueblo sabe dónde vive el médico, todo el mundo sabe dónde vive el gay. Yo, que sí tengo varios amigos gay, he visto como poco a poco se han ido yendo a ciudades más grandes donde tienen un cierto nivel de anonimato, hartos de la “popularidad” de su pueblo. En los pueblos no hay ningún Chueca o Castro, hay que huir para ser feliz. Mis amigos se fueron a ser felices hace mucho tiempo y sus vecinos les siguen buscando en las carrozas del Orgullo gay cuando sale en las noticias.