El ser homosexual no es un pecado o un delito, el serlo y negarlo y además no luchar por nuestros derechos es una condena, pues preferimos delinquir mil veces y pecar otras mil, antes que nuestra conciencia nos encarcele. Este será el lema que llevará la corporación EL Otro, en la Marcha por la Diversidad Sexual, que se realizará en Medellín el 29 de junio.
Muchos debates han surgido frente al Proyecto de Ley 42 que se discute en el Congreso de la República referente al reconocimiento de los derechos patrimoniales de la pareja homosexual. En esta perspectiva el tema de la libertad de sexo vuelve a tocarse en Colombia.
La corporación El Otro lidera en Medellín las actividades a favor de los derechos del movimiento Lesbianas , gays, bisexuales y transgéneros (LGBT) el cual tiene un carácter mundial. Una de éstas es la Marcha de la Diversidad Sexual que se realizará por el centro de la ciudad el domingo 29 de junio.
El secretario de esta entidad es el abogado egresado de la Universidad de Antioquia, Fernando Ramírez Villamizar, quien en entrevista con De La Urbe se refiere a la implicaciones que pueda tener la Ley 42 en la población homosexual del país. Además habla acerca de la condición de los homosexuales en al ciudad.
¿Los legisladores colombianos han trabajado lo suficiente por el reconocimiento de la homosexualidad? Nosotros sostenemos como corporación que la pelea en Colombia no es jurídica sino cultural. La Corte Constitucional y la legislación colombiana a nivel de América Latina son las que más han dado avances para reconocer nuestros derechos fundamentales. Pero nosotros personalmente miramos esto como una pelea cultural porque si a nosotros nos aceptan los derechos desde el punto de vista legal, y la gente culturalmente no los acepta, de nada nos sirve.
¿Cuáles son las campañas que lidera la Corporación El Otro? Nosotros presentamos un proyecto educativo a la Alcaldía de Medellín para dictar unas charlas en diferentes instituciones, para que los jóvenes y los adolescentes se vaya sensibilizando y aceptando, tanto él como su familia, que la homosexualidad es algo normal, algo natural y que no es cosa del otro mundo o que atente contra las reglas de la genética como dicen algunos. La parte que nos interesa a nosotros es que se respete la diversidad sexual, pero también buscamos respeto por las diferencias políticas, por la misma diversidad social. Es sobre ese andamiaje que nosotros construimos la tolerancia.
¿Qué tanto acepta la gente de Medellín la homosexualidad? Si nosotros nos ubicamos en lo que es Antioquia, que es una cultura muy conservadora, no por la diferenciación del Partido Conservador sino porque es una sociedad de patrones costumbristas muy arraigados y muy fuertes, entonces hay una doble moral y nosotros lo sabemos. En los bares gays por ejemplo, y en los sitios donde el gay comparte, uno ve que muchos heterosexuales, entre comillas, comparten relaciones de pareja con homosexuales, o tienen relaciones sexuales con homosexuales, sin embargo no lo aceptan públicamente. Entonces yo digo, culturalmente es lo mismo que pasa en todo el país; es la pelea desde el punto de vista de reconocer al otro o al que es diferente. Debemos trabajar para que la gente entienda que el mundo no es blanco y negro sino que es muliticolor. Culturalmente eso es lo que le falta al país, una lucha en ese sentido.
¿Podría estar diciendo que ustedes todavía no han salido del closet? Hay mucha gente que es del closet. Aquí una de las peleas más duras es con el mismo homosexual. En una experiencia que tuve el primero de mayo, que estuvimos con la bandera gay, presentamos una posición de la Corporación El Otro frente a la celebración del Día del Trabajo. Me encontré con compañeros gays, pero que estaban marchando con otra entidad, por ejemplo con Adida. Cuando nos veían a nosotros, nos huían, o salían corriendo. Cosa contraria hicieron algunos heterosexuales. Es más fácil que se acepte al heterosexual a que el mismo gay se acepte. El gay le tiene miedo a que lo señalen, a que le digan: ve, vos sos gay, por el mismo temor a que lo rechacen en el trabajo. La pelea es convencer al gay de que se acepte y de que públicamente diga yo soy gay. De una manera tranquila.
¿Considera que la aprobación de la Ley 42 los va a ayudar a salir del closet? No creo, porque su trascendencia es desde el punto de vista jurídico para reconocer ciertos derechos patrimoniales. Pero que trascienda desde el punto de vista cultural o que esto vaya a permitir que salgan más del closet, es un trabajo que no queda en el mero plano jurídico. Entre mejores sentencias haga la Corte Constitucional favorables para nosotros, mucho mejor. Pera para que los homosexuales salgan del closet son necesarias las campañas educativas. La Marcha por la Diversidad Sexual, que comenzó a realizarse en Medellín en 1998, ha aumentado en su número de participantes y uno podría decir que esto es síntoma de que los gays se han venido aceptando.
¿Y usted que piensa de la postura de la Iglesia Católica frente a los homosexuales? La Iglesia es de los sectores religiosos más avanzados para aceptar la homosexualidad. Reconoce y acepta ciertas conductas distintas. Pero uno ve otros sectores religiosos que no son tan avanzados. Para mi la Iglesia Católica es de las más avanzadas, no solamente porque ha tenido papas homosexuales, sino porque hay sacerdotes que efectivamente tienen esa condición y la han aceptado. Por ejemplo, aquí hay un grupo que se llama El Discípulo Amado, donde van gays a compartir en la oración y en la vida en Dios, y se reúnen especialmente para eso. Es orientada por un sacerdote. Los que van allá son gays y el sacerdote es el que los lidera. Obviamente, la Iglesia no está de acuerdo con la Ley 54 del 90 que regula la pareja entre compañeros permanentes. Si no reconoce eso, que son las uniones maritales o las uniones de compañeros permanentes de diferente sexo, osea heterosexuales; que es una realidad y que además de ser una realidad está reglamentada, mucho menos va a aceptar la vida de pareja homosexual.
¿Qué opina de los sitios de encuentro y reunión de homosexuales, como la calle Barbacoas? Nosotros pedimos que se respeten. Es el caso de los travestis de Barbacoas, que son trabajadores sexuales. Nosotros reivindicamos tanto el trabajo sexual del travesti como el de la prostituta, y por eso pedimos que se respeten esos espacios. Así como también hemos pedido que se nos respeten los espacios para rumbear, para la oración, para el debate político, para la academia, y otros. Cualquier espacio donde se exprese la conducta homo-erótica, la conducta homosexual, es absolutamente básico, eso sí, luchamos por sacar de allí a los menores de edad, porque nosotros sabemos que hay una cantidad de ellos ofreciendo su cuerpo.
¿Considera que hay más homosexuales hombres que mujeres? Lo que pasa es que culturalmente se acepta más una relación de lesbianas. Es normal que encuentres dos mujeres en un bus abrazadas, o que las encuentres en la calle cogidas de la mano, o que se den un beso en la mejilla. Eso es culturalmente normal. Uno ve el comportamiento de la gente. Por ejemplo, uno va por el pasaje Junín, si ve dos mujeres abrazadas, son amigas, en cambio ve un par de hombres y exclama ¡qué par de maricas!. Les dice maricas y le agrega otros calificativos soeces. O sea que no respetan, que son unos degenerados. Yo he vivido esa experiencia, me cogí de gancho con mi pareja y la gente miraba raro. En los sitios de streptease por ejemplo eso alumbra, un hombre desea tener relaciones con dos mujeres, o sea que se arepeen. Y le gusta y las contrata y las busca exclusivamente para eso. Es más aceptado. La relación de dos hombres es más perseguida, más rechazada, entonces somos degenerados, somos depravados. Es por eso que te diría que uno ve más hombres expresando un sentimiento y vea más locas que lesbianas, pero eso no quiere decir que hayan más locas que lesbianas.
¿Qué resalta del trabajo de la Corporación El Otro? Lo