en primer lugar decirte que, tratando de empatizar, puedo entender perfectamente por lo que estáis pasando. Debe ser horrible verse en una situación de precariedad laboral, y por otra en el ojo del huracán, con un montón de gente (policía, judicatura, usuarios, periodistas, etcétera) con los ojos clavados en cada uno de vosotros. Espero, de verás, que todo se resuelva lo antes posible y, claro está, con la mejor solución para todas aquellas personas cuyo trabajo está ahora en juego.
No apruebo lo que hicisteis, y pienso que esa acción debilito más que fortaleció vuestra posición. Dice la sabiduría popular que el uso de la fuerza te hace perder la razón, y en este caso creo que vuestro uso de la fuerza ha sido contraproducente, puesto que os habéis echado en contra a gran parte de la opinión pública, algo que puede llegar a pesar durante las negociaciones.
Pero, y creo que esto es muy importante, estoy seguro de que muchas personas de las que criticamos (en mayor o menor medida, eso sí) vuestra actuación, posiblemente habríamos hecho lo mismo de vernos en vuestro caso. Es fácil analizar las situaciones desde la atalaya, pero en muchos casos es necesario descender desde la misma para que nuestro punto de vista coincida, al menos en altura, con el de aquellas personas a las que juzgamos por sus actos.
Por lo tanto, y en resumidas cuentas, no puedo aprobar vuestras acciones, pero tampoco entiendo la patética oferta presentada por Iberia y que provocó que perdiera la concesión, no veo sentido a la actuación de AENA y de los sindicatos, y sobre todo me repugna que se os haya convertido en un problema político, no laboral y social.
Vamos, que aquí hay muchos culpaples, y que no se puede pretender que la responsabilidad de lo ocurrido recaiga exclusivamente en quienes más tienen que perder en todo esto. Y es menos aceptable aún que una acción (absolutamente inadecuada, desde luego, pero cuyo juicio corresponde a la justicia) conceda patente de corso para reducir plantilla y, así, aumentar beneficios, a quienes se embolsan cada mes una pequeña fortuna personal a modo de salario, complementos, opciones sobre acciones y planes de beneficios. Esa posibilidad debe repugnar a cualquier persona que dependa de una nómina a final de mes para poder subsistir.
Por eso, y aunque con el matiz de que critico lo que hicisteis en El Prat, contáis con todo mi apoyo.
D.