Que merece la pena vivir eso ni lo cuestiono. Pero en ocasiones tengo la necesidad de mandar al diablo, romper, gritar y descubrir que no soy más que yo.
Sé que todos los días me levanto un poco más cansada. Que mi paciencia ya se rompió en pedazos. Que me la paso cada noche en mi cama, dando vueltas. ¿Por qué? Si ahora puedo disfrutar mientras que hace un año, mal vivía en todos los sentidos. Mientras mi Ex saboteaba a través de los niños mis pequeños logros. Conseguir un trabajo que me diera disponibilidad de horario casi un imposible. Y él lo sabía. Aprovechaba cualquier momento para autosatisfacer su frustración y su bien madurado rencor, contra mí.
Sin embargo y con todas mis penurias, llegué a conseguir levantar el vuelo. Acomodé mis esperanzas en una cajita de zapatos y volé. Hasta ayer....
Ayer casi desconecto. Cansancio. Agotador y pegajoso. Y todo se desencadenó por un simple comentario. Un obstáculo más uno más y siendo minúsculo, me ha dejado arrodillada. Pues son los insignificantes los que terminan llenando el vaso. Al final una se siente arena ante la inmensidad del Océano.
Que la Súper Woman, existe. Que al final puedo creer en algo. No es una ficción de cómic. No es la prima bastarda del Superman. Son todas y cada una de las mujeres que salen a la calle.
Y yo desearía tener poderes, para desdoblarme y dar a cada uno de mis hijos mi atención, mi amor por ellos, mis besos. Llevarlos bien, sin prisas, sin nervios, sin tensiones, a sus respectivos lugares del Saber. Y ser mujer y amante....de esa mujer que me pueda...