Nahia Wrote:Klaro deivid, su musika es muchas veces, la kausa de mis levitaciones nahiales hacia la buskeda del nirvan in situ. 
Pues recuerdo la primera vez que escuche la remezcla del Adagio. Una noche, a eso de las dos de la mañana en la redacción. Solo quedábamos tres personas cuando mi redactor jefe la puso. De repente me di cuenta de que tenía la piel de gallina. Puede que, esa noche, escucháramos la canción más de 20 veces. Siempre que el sueño empezaba a consumirnos recurríamos a Ørbit, y pese a que ya hacía más de 18 horas que habíamos entrado a trabajar, se nos olvidaban todos los males.Trabajamos durante toda la noche, con una hora límite para terminar todo lo que había que hacer y, como suele ocurrir en todos estos casos, con demasiado poco tiempo (al caer la tarde creíamos que no podríamos llegar).
Cuando se hizo de día y los compañeros del trabajo empezaron a llegar decidimos dejar la música sin bajar el volumen ni un ápice.
El trabajo tenía que estar terminado a las doce de la mañana, un minuto de retraso y todo se iría a la mierda. Eran las diez y media de la mañana y estaba lloviendo. La primera llamada de teléfono preguntando por el estado del trabajo.
Once menos cuarto: los directores de dos departamentos en redacción, con los ojos clavados en nuestras nucas y nuestros monitores.
Once de la mañana: solo nos queda una hora de plazo, varias llamadas de teléfono para intentar conseguir más plazo. Es imposible, tiene que ser a las doce.
De nuevo suena el Adagio, alguien mira hacia el ordenador que tiene puesta la música y vemos cierto gesto de desaprovación en su cara. Nos da igual, si la música deja de sonar los tres caeremos agotados.
Las once y media: dirección general aparece en la redacción. Reuniones a dos, tres, cuatro y más bandas.
Doce menos veinte: ahora ya es solo cosa mía. Aún queda tanto por hacer, y solo tengo 20 minutos. Normalmente tardaría dos horas en hacer todo lo que queda. Me pongo mis auriculares y, a partir de ese momento el mundo exterior deja de existir para mi. Solo está el ordenador, y la mús¡ca de Ørbit, la versión del Adagio.
Doce menos diez: todos los directores de departamento se reunen en el despacho de mi director, me duelen las manos de teclear tan deprisa y creo que el ordenador y mi cabeza van a explotar, pero tengo que terminar a tiempo, debo terminar a tiempo, de nuevo empieza la canción.
Doce menos cinco: Me levanto de mi silla y, de nuevo en contacto con el mundo exterior, donde no ha dejado de sonar el Adagio, corro en búsqueda de mi jefe con el trabajo terminado, casi me choco con él que, vista la hora, venía también en mi búsqueda.
Doce menos dos: el trabajo está terminado, pero solo nos quedan dos minutos para hacerlo llegar, y los ascensores parecen estar demasiado ocupados para atender nuestras súplicas, así que nuestra última opción son las escaleras, doce pisos de escaleras.
Doce en punto: franqueamos la puerta del despacho en el que están esperándonos, ya han recibido una llamada en la que les avisan de que estamos en camino. El trabajo ha terminado, se ha recibido a tiempo y se ha podido enviar al siguiente paso en el proceso de producción.
Doce y cinco: llegamos a la redacción y la gente pregunta, ¿que ha pasado? ¿os ha dado tiempo? Y la respuesta a todos es que sí, que lo hemos conseguido. Aún no podemos creerlo, lo hemos conseguido, ¡lo hemos conseguido!
Me acerco a mi ordenador y me doy cuenta de que la música no ha parado de sonar. Me siento, me pongo los cascos y escucho, por última vez ese día, el Adagio y creo firmemente que, de no ser por esa canción, no lo habríamos conseguido.
Sita Nahia, no se imagina hasta que punto estoy de acuerdo con Ud con respecto al nivel inspirador de Ørbit.
Besos,
David.
P.D. ¿Haciendo el puente, boca abajo, y cantando el Tractor Amarillo con un total de cuatro polvorones? Me parece que voy a tener que hablar de nuevo con Hermione, me parece muy feo que se dedique a sacar a la luz el tema de mis fantasías...