(Albert Jacquard, Genetista, Elogio de la diferencia, Barcelona, 1987, pags. 197-198)
Me he tomado la libertad de citar a este señor ya que de me he dado cuenta de que en muchas ocasiones en este mismo foro usamos tod@s la palabra tolerancia como algo benévolo, de manera positiva, propia de las personas que no pretenden hacer daño a los demás... Pero, como dice Jacquard, es una palabra feisima. Representa, en el fondo, que los otros, aún siendo un poco (o muy) extraños, también tienen derecho a la existencia: no siguen mis costumbres, pero paso; comen diferente, buen provecho; hablan otra lengua, fíjate; se aman aún siendo del mismo sexo, paciencia; tienen la piel de otro color, mira por donde; son mujeres, hagamos por entenderlas... Tolerancia.
Con la tolerancia se establece una relación jerárquica entre quien tolera y quien es tolerado: puede que quienes toleran no sean los poderosos como dice Jacquard, pero si los normales y, por tanto, los otros no lo son. Cuando decimos ser tolerante, estamos diciendo que hay que saber soportar a los otros, a los diferentes a nosotros, así que nosotros, los normales nos limitamos a pasar de ellos, de quienes no son normales, de manera se adopta una actitud pasiva de Qué le vamos a hacer? Son como son y no los podemos cambiar en lugar de hablar con ellos y tratar de comprenderlos.
Puede que ya sea hora de ir enterrando la palabra tolerancia, el primer paso de Jacquard, y dar más pasos en el camino del amor a las diferencias por que tod@s somos diferentes, el sueño inhumano de la raza pura tan solo nos podria llevar a la pesadilla de la extinción de la especie. Puede que ya sea hora de ir cambiando el amor mutuo o el respeto mutuo. La normalidad que nos trae la maldita tolerancia es una imaginación de la que conviene que nos deshagamos porque todos los patrones son relativos y cambiantes (y eso ya lo descubrieron los griegos hace ahora dos milenios y medio). Por ello os animo a que, aunque sea desde este rinconcito del mundo, empecemos a hacer buen uso de dicha palabra.